Exposición de Julia Hidalgo

Exposición de Julia HidalgoMADERO CUBERO/Fundación Cajasol

Libélulas sobre el agua

Hasta este sábado se puede disfrutar de exposición de Julia Hidalgo en la Fundación Cajasol de Córdoba

No todas las inteligencias se vinculan a la palabra, al concepto. Cabe que sean anteriores o posteriores al logos, o incluso a una enunciación no verbal. La música, la danza, la pintura son susceptibles de nacer de percepciones anímicas a botepronto, o de ubicar su origen y estímulo en otras artes que pueden ser previas a la palabra, consecutivas a la misma o independientes de esta. Sí es cierto que, más tarde o más temprano, el ser humano se siente abocado a la razón, al léxico, al diminuto ladrillo reflexivo del verbo. Quizás por razones económicas y prácticas, como su ingravidez, su portabilidad, la agilidad comunicativa. Se diría que el cazador de vislumbres, para hacerlas suyas, y conservarlas cual tesoro, precisa convertirlas en símbolo, icono espiritual, en artilugio duradero. Aunque no todo son ventajas para el lenguaje pautado y discursivo.

Un poema de Rilke o una página de Platón pueden muy bien dejar indiferente al lector inepto, mientras que una bella obra plástica o sonora aparece envestida de una rotundidad diferente, más directa y penetrante, que invade la fibra cognitiva de quien, para otras lides, acaso persistirá en un estado de frigidez, impermeabilidad y estulticia. Si la matemática no es ciencia, sino lenguaje, ese código mediante el cual Dios nos habla a través de la naturaleza, hay que reconocer a la par que la realidad fenoménica del mundo se nos brinda cual un portentoso lienzo, sinfónicamente concertado, que invita a la admiración, el aprendizaje y la gratitud. ¿Qué es un alto artista sino un sacerdote de la gracia, un trujamán de lo inefable, un obrero de la espiritualidad?

En los humedales de Julia Hidalgo hay una ausencia de profundidad que es solo aparente. Nos engañamos imaginándolos en forma de charcas, estanques, pequeños lagos urbanos, esos remansos de beatitud contemplativa en los que tocaríamos al poco fondo si optásemos por profanarlos con nuestra intromisión física, incurriendo en abusiva rivalidad con las minúsculas vidas que los pueblan. Sin embargo y bien al contrario, su hondura es manifiestamente doble. De una parte, porque bajo su superficie enigmática se cierne lo insondable, una ontología delicada de alcance imprevisible. De otra parte, porque suponen espejos opacos, trasuntos de un más allá aéreo e infinito, inescrutable para nuestros pobres cálculos.

¿Cómo no identificar en ellos metáforas interpuestas entre los polos radicales de nuestro existir, los alfas y omegas de cuanto barruntamos abarcar, la vastedad ilimitada que se abre antes y después de las fronteras más alejadas que fuésemos capaces de intuir? Porque incluso el más torpe y arrogante de los nuestros, ese que opina poseer certezas y criterios propios, se declararía derrotado si consiguiera mirar sin prejuicios cualquiera de estas pinturas que ha ejecutado Julia Hidalgo. Pese a la fanfarronería irredenta del susodicho, el cuadro sabe, dice, piensa mucho más y mejor que él. Si nuestra querida creadora es ante todo una intermediaria con respecto a lo mistérico, provista de una pupila sabia y de una mano demiúrgica, lo que nos corresponde –y con ello no hacemos mal negocio—es esbozarle cierta reciprocidad en el amor, una complicidad en la celebración.

«Humedales, el reino de la libélulas»

Julia Hidalgo.
Obra reciente 2023-2026.
Diputación de Córdoba y Fundación Cajasol.
Abril-mayo, 2026.
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