Carlos García Merino
Cosas que pasanCarlos García Merino

El Cristo de los Faroles, a punto de cumplir 70 años

En 1957 se rodó en Córdoba una película protagonizada por Antonio Molina donde adquiere especial protagonismo la imagen ubicada en la plaza de Capuchinos

Act. 10 may. 2026 - 10:28

Actuación de Antonio Reyes en el Duque de Rivas

Actuación de Antonio Reyes (Antonio Molina) en el Duque de RivasLa Voz

No, no se trata de un error. Evidentemente, no nos referimos al conjunto escultórico de la Plaza de Capuchinos, pero por ahí van los tiros. Son casi setenta los años transcurridos desde el rodaje en Córdoba de la película El Cristo de los Faroles, interpretada por un ídolo de masas del momento, como era Antonio Molina, bajo la batuta de Gonzalo Delgrás, un tándem que ya había dado buen resultado en su anterior encuentro, La hija de Juan Simón, y que volverían a repetir en Café de Chinitas, alternando el malagueño con otro ídolo de la canción popular como era Rafael Farina. En el reparto figuraban María de los Ángeles Hortelano, como Soledad, (a quien la revista Life, en 1960, destacó como prototipo de la mujer española en virtud de su larga cabellera), Margarita Robles y en un rol secundario un casi debutante Jesús Puente, que aún lucía todo su pelo.

Anuncio de la actuación de Antonio Reyes en el Teatro Duque de Rivas

Anuncio de la actuación de Antonio Reyes en el Teatro Duque de RivasLa Voz

En 1957 la troupe del cine desembarcó en la capital cordobesa para filmar un dramón con tintes de folclore en la ciudad de los califas. Más que el argumento en sí, lo que nos importa es que, desde 1922 con Carceleras, la ciudad no había aportado tantas postales al desarrollo de una película. Las localizaciones de la película sitúan la acción en el desaparecido Teatro Duque de Rivas; que echó el telón definitivamente un 25 de mayo de 1972, y donde Antonio Reyes obtiene clamorosos éxitos; la Calleja de las Flores, la Virgen de los Faroles, el entorno de la Mezquita-Catedral, la Plaza de las Tendillas, el Museo Taurino, la Plaza de la Lagunilla y calles diversas de la Judería, del ahora casco histórico Patrimonio de la Humanidad.

Antonio Reyes ante una de las puertas de la Mezquita esperando a su `ligue´

Antonio Reyes ante una de las puertas de la Mezquita esperando a su `ligue´La Voz

Antonio Reyes paseando a su conquista en la Calleja de las Flores

Antonio Reyes paseando a su conquista en la Calleja de las FloresLa Voz

El protagonista visita el Museo Taurino

El protagonista visita el Museo Taurino de CórdobaLa Voz

Las canciones incluidas en el film también tuvieron amplia repercusión entre el público, que podía seguir las letras en los programas de mano que llevaban impreso al dorso un cancionero que incluía Ante la imagen del Cristo, El hijo mío y El agua del avellano, entre otras, acompañado en la película en este último número por un imposible trío de guitarristas ¡vestidos de toreros!

Era Córdoba una ciudad de la que guardaba Antonio Molina un grato recuerdo. Tras ser contratado por un empresario de variedades para hacer una gira por Andalucía en 1952, su debut en el Gran Teatro supuso su espaldarazo definitivo. Muestra de ello fueron las colas de público que se registraron para ver de cerca y escuchar a este prodigio de cantante que figuraba como telonero y cuyo éxito fulgurante entre el público propició que se cambiase la publicidad para que apareciera como cabeza de cartel.

Cartel de El Cristo de los Faroles

Cartel de El Cristo de los FarolesLa Voz

Otro tanto ocurría con una de las actrices del reparto de la película, la entrañable Rafaela Aparicio, otra malagueña que, abandonando su profesión de maestra, se decantó por las tablas, debutando con 23 años en Córdoba con la obra El conflicto de Mercedes, de los hermanos Álvarez Quintero. Además, desde El pescador de coplas y, sobre todo, Esa voz es una mina, Antonio Molina era un reclamo seguro para las taquillas y sus discos se vencían como rosquillas.

Rafaela Aparicio en El Cristo de los Faroles

Rafaela Aparicio en El Cristo de los FarolesLa Voz

¿De qué va El Cristo de los Faroles? Molina interpreta a Antonio Reyes, un artista de la canción andaluza que conoce a la cordobesa Soledad ante el Cristo de los Faroles. Lo que pasa es que es un piernas a la caza de nuevas conquistas. para demostrar a sus amigos que no hay mujer que se le resista. Pero Soledad, que sabe del paño del artista, no pasa por el aro y prefiere la compañía de un modesto novillero, Rafael El Sanluqueño, que devendrá en reputado matador y con quien interacciona con el Cristo de los faroles como nocturno testigo. Así que Reyes erre que erre, «hasta que consiga abrir un boquetito en la muralla», conquista a Soledad y cambia su modo de vida juerguista por una vida más ordenada y familiar.

Antonio Reyes le canta a su retoño recién nacido

Antonio Reyes le canta a su retoño recién nacidoLa Voz

Viaje por aquí, viaje por allá, más éxitos y más canciones, niño que nace y la vida de calavera que vuelve a ser la tónica habitual. Niño que muere, reencuentro ante el Cristo de los Faroles de Antonio y Soledad y FIN de este folletín en toda regla. Perdón por destripar la película (hacer un spoiler le llaman ahora los cursis y quienes se las dan de críticos de cine).

Antonio comprende que ha sido un crápula y recibe el perdón de Soledad

Antonio comprende que ha sido un crápula y recibe el perdón de SoledadLa Voz

En 2008, la revista Fotogramas le dedicó estas palabras que nadie firmaba, por cierto: «Uno de los vehículos más olvidables con que contó el malogrado Antonio Molina, en el momento de su máxima popularidad, con una mínima línea argumental y numerosas canciones. La nula entidad de su contenido se ve agravada por una formulación cinematográfica simplemente pedestre. Es uno de estos productos que sólo pueden apreciarse con mentalidad malsana». Por eso huyo de esta revista desde que descubrí que cualquiera puede verter esas afirmaciones y luego ensalzar, orinando colonia, al cine taiwanés, danés y de otras latitudes; bodrios repescados de Antonioni o películas de Chantal Ackerman y quedarse tan pancho o pancha, ajustando cuentas sobre el cine comercial que se rodaba en España en los años 50 del siglo pasado, por poner un ejemplo, mientras ponen por las nubes películas que son más lentas y pesadas que matar un cerdo a besos. Vamos, de las que siempre se ha dicho que en ellas «se ve crecer la hierba». Además, a los actores y actrices españoles de entonces se les entendía perfectamente cuando recitaban sus diálogos. No como ahora, norma habitual del cine español de susurros, que obliga a ver nuestro cine con subtítulos en las plataformas si queremos enterarnos de que va la peli de marras.

Fotograma de la película El Cristo de los Faroles

Fotograma de la película El Cristo de los FarolesLa Voz

El Cristo de los Faroles pronto cumplirá 70 años de su rodaje en Córdoba. El film se estrenó el 3 de junio de 1958. El otro, el de verdad, el testigo de piedra de varios rodajes, cuyo nombre completo es el de Cristo de los Desagravios y Misericordia, ya tiene 232. Y Antonio Molina nos dejó hace 34 años. A todos los que quieran recordar la Córdoba del pasado, les recomiendo visionar la película. Es una parte del cine español de su época y de la historia de la ciudad.

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