Los Planetas y la dulce muerte de los 90
«El atardecer cordobés de un viernes de principios de julio tiene algo de mágico, de irreal»
Concierto de Los Planetas en el 45º Festival de la Guitarra de Córdoba
El maldito teléfono no dejó de sonar en toda la semana. Los muchachos de la «old school» noventera de clase media con los que había quedado para la previa estaban nerviosos ya desde principios de la semana del concierto. Todo eran preguntas. ¿Dónde quedamos para la previa? Ya tengo a quién dejarle a los niños. Salgo del curro justo a tiempo. ¿Crees que esta camiseta de aquel Festival de Benicassim del 98 aún me quedará bien? Tío, que al final no puedo ir al concierto porque tengo que llevar a mi suegra a urgencias. Ya quisiera ir, pero ese día tengo la final del campeonato de pádel en mi bloque. No puedo ir, me ha dejado mi décimo-tercera novia de Tinder y estoy anímicamente hundido. Se me ha roto el coche. La vida.
Primero, que si quedamos en Bodega San Basilio para la previa, luego que si en una coctelería chic algo de moda en los bajos de un hotel de la Judería, que si en Bodegas Guzmán. Alterados, los muchachos parecían no vivir en sí. Jando, el muy cabrón, me había dado las referencias. No se decidían. Íbamos guapos, las cosas como son. Rozábamos la cincuentena: gafas Ray Ban, algunos aún con pantalones pitillos, otros con camisas de lino con motivos mejicanos, los menos con camisetas cucas de marcas raras. Con zapas Adidas Samba, Saucony y algunos náuticos. Así, de esta guisa, nos juntamos unos quince para ir a un concierto de «Los Planetas» en el Festival de la Guitarra de Córdoba. Relativamente, habíamos envejecido bien.
En Bodega San Basilio
El atardecer cordobés de un viernes de principios de julio tiene algo de mágico, de irreal. No es para aficionados. Calles vacías que poco a poco empiezan a despertar, con la vida que despereza de una larga siesta de verano que es el día. Tres tías buenas con faldas cortas que doblan la esquina. Un taxi que rompe la tarde dando una larga bocinada en mitad de la Judería aún perezosa. Y nosotros, los de «Los Planetas»: los que nunca se enteran de nada.
Al final, tras muchos vaivenes, quedamos en Bodega San Basilio antes del concierto. La calle estaba desierta y Charly ya esperaba dentro cuando los demás fuimos llegando poco a poco. No sé de dónde, quizás de algunas de las ventanas de una casa baja que daba a la calle, se oía una de Planetas pero de las primeras, así como de pasada. Edu llegó puntual, como de costumbre. ¿Unas cañas? Preguntó alguien. Y pide algo que empape, bro, que luego pasa lo que pasa. Rularon platos de callos, de queso, vinos. ¿Tienes tabaco?
Y nuestras risas se oían por toda la Judería vacía al atardecer desde la puerta grande de la taberna. Era una noche de verano y éramos felices, muy a nuestro pesar. Mientras, el calor maravilloso cordobés lo llenaba todo. Porque, para los que lo saben, este calor es un lujo.
Concierto de Los Planetas en el 45º Festival de la Guitarra de Córdoba
No eran ni las nueve y media cuando ya nos habíamos juntado más de diez. El resto, los que faltaban, se iría uniendo por el camino a la Axerquía, el lugar del concierto. Soltamos la mosca y tiramos para el concierto, callejeando por el laberinto de calles de la Judería tarareando «Nunca me entero de nada». Al llegar a la puerta había cola pero hice valer mi credencial: chulo como nunca. Iba con pase de prensa de este periódico que me acuna. Por si fuera poco, se hablaba que Erik volvía a la batería. Y hablar de Erik en Los Planetas es hablar de Dios.
Los Planetas y los que nunca se enteran de nada
Con el supuesto cartel de «no hay billetes» -hubo claros en la grada- sobre el escenario, Jota, Floren, y Erik aparecieron sobre la grada sagrada de la Axerquía para ofrecer un concierto que nadie esperaba. Que alguien me lo explique. La noche, milagro, era fresca en Córdoba.
Como Jota es muy cabrón, hiló fino, y tiró grande. Empezó nada más y nada menos que con «Nunca me entero de nada», así como si no pasara nada. Tiró después de «caras b» mientras el público allí presente en la Axerquía, desconcertado, no sabía por dónde le venía.
Después, «Corrientes circulares en el tiempo», pareció elevar la noche hasta momentos imposibles. Y lo hicieron, vaya que si lo hicieron. No se quedaron contentos con hacernos la puñeta porque Los Planetas continuaron con «Señora de las alturas» con el grupo bien hilvanado. Continuaron Los Planetas con esa barbaridad llamada «Ya no me asomo a la reja», en un concierto que fue a más.
Para qué más. Hacía tiempo que no veía algo semejante: temas del disco «Pop» -hasta con un DB se atrevieron- para terminar el que pudo ser el mejor concierto de estos Planetas en mucho tiempo por tierras cordobesas. Terminaron el concierto con el «Un buen día», mientras algunos pensábamos, cómo demonios puede haber pasado tanto tiempo desde aquello. Después, el apocalipsis de esas tres mil personas que estábamos allí reunidos llegó con «De Viaje». Como para contarlo. Inenarrable.
Cuenta Jünger que los héroes europeos ya no existen o, mejor dicho, que los hemos escondido en el rincón más tenebroso del armario posmoderno de nuestra decadente civilización europea, por puro fastidio y para que no incordien y no nos recuerden lo que somos. Y aquí están Los Planetas para corroborarlo, para contárnoslo en cada una de sus canciones, como fieles testigos de un mundo que se desmorona. Y cómo lo hacen, demonios.