Reflexiones en voz altaJuan Rafael Toledano

Haciendo trampas en el Solitario

«Desde el INE, el inefable Tezanos ya nos mostró las posibilidades de manipular los datos y de poner al servicio de un presidente, que no dice la verdad ni por casualidad, una Institución sufragada por todos los españoles»

Actualizada 05:00

Sé que la estadística es una ciencia prospectiva, y aunque quiera ser calificada como científica, depende de elementos aleatorios que hacen que sus aciertos, en ocasiones, se conviertan en una pura acción de videntes.
Además, sus resultados, en algunas ocasiones, aun cuando sean ciertos, no reflejan la verdad de la situación. Ya saben aquel ejemplo sobre la estadística que dice que tras una encuesta se llegó al resultado de que cada dos personas tenían la posibilidad de comer un huevo cada día, lo que se podía interpretar como que cada uno se come medio huevo, o bien que uno come huevo todos los días y el otro ni lo prueba.
Pero no pongo en duda la utilidad de dicha ciencia siempre que la misma respete la reglas y no sea maquillada.
Desde el comienzo de esta legislatura, desde el I.N.E., el inefable Tezanos ya nos mostró las posibilidades de manipular los datos y de poner al servicio de un presidente, que no dice la verdad ni por casualidad, una Institución sufragada por todos los españoles, con la única intención de aparentar ante los ciudadanos una situación más favorable que la que realmente vivimos. Claro, luego, cuando se ha confrontado con otros estudios demoscópicos y con los resultados reales ha quedado, como vulgarmente se dice, con el culo al aire.
Nuevo ejemplo lo tuvimos durante la fase más crítica de la pandemia, cuando los números de afectados y fallecidos por el COVID no tenían ningún parecido con la realidad al computar el incremento de fallecidos de un periodo a otro, pretendiendo imputarlos a accidentes de tráfico, cuando todos estábamos en casa y con restricciones de movimiento y como si se estrellaran 10 autobuses diarios.
Pero cogido el gusto por blanquear situaciones y fracasos de gestión, por qué no llevarlo al campo del, quizás, más preocupante problema de la sociedad española: el paro y la precariedad del mundo del trabajo, y, para luchar frente a esa lacra, en vez de proponer políticas activas de empleo, favoreciendo la contratación y la actividad económica, pasamos a computar como trabajadores en activo a aquellos que sólo trabajan unos pocos días al año o unas pocas horas al día, transformando contratos temporales como fijos discontinuos y considerando a dichos trabajadores, aun cuando solo trabajen quince días al año, como personas que no están en el desempleo.
Los números cambiaron y el Gobierno empezó a sacar pecho de lo bien que lo hacía y luchaba contra la precariedad en el empleo, ya que cada vez había más personas con contratos indefinidos y menos temporales o de obras y servicios. Pero como la realidad es tozuda, los verdaderos números, como es el incremento de personas en solicitud de empleo y de las que perciben prestaciones de desempleo, hacen ver que, de nuevo, todo es maquillaje y que la situación del empleo no sólo no mejora, sino que cada vez va a peor.
Claro, ahora, la culpa será del empresario que es un avaricioso y sólo quiere ganar mucho dinero, cuando, esa estadística que tanto les gusta manipular, les dice que el número de concursos de acreedores y los cierres empresariales, suben como la espuma y, lo que es peor, esos concursos de acreedores se producen en autónomos y pequeños empresarios, que cuando llegan a esa situación ni siquiera les queda nada que liquidar y, por tanto, lo que hay son cada día más y más concursos de acreedores sin masa, en los que nada se puede hacer por salvar la actividad, ni por pagar a acreedores y, por supuesto, para evitar la pérdida de puestos de trabajo.
Por fin, con la seguridad de que no es la última y que seguro me he dejado más trampas en el Solitario de la estadística del Gobierno Social-Comunista, viene la de la inflación y subida del I.P.C., fundamentalmente del I.P.C. subyacente (aquél que excluye determinados productos como la energía o el petróleo, que no pueden ser controlados con políticas económicas, y aquellos que por su estacionalidad son descontrolados en determinados periodos del año) cuando para rebajar los datos de ese I.P.C. metemos y sacamos productos como mejor le venga al Gobierno, a fin de que el resultado les sea más favorable.
Sí, los números serán los que quiera el Gobierno, pero la realidad, la terca realidad, nos demuestra que cada día que acudimos al Supermercado, o vamos a unos grandes almacenes o tiendas de barrio, todo, absolutamente todo, está más caro y el sueldo cada vez alcanza a menos. Pero, la solución es fácil, volvemos a apretar al malvado empresario y se sube el salario mínimo sin contar con ellos. Si luego cierra la empresa por no poder soportar los costes, también será culpa de aquél con quien no se cuenta para tomar estas medidas.
Pero la conclusión que saco de todo este juego de trileros es que se piensan que los que vemos y escuchamos las noticias con estos datos manipulados somos tontos y que nos lo tragamos todo.
Si dejasen de vivir en sus mundos de Yupis y bajaran al ruedo de la realidad y vieran las verdaderas dificultades del ciudadano de a píe, seguro que otro gallo cantaría.
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