La reciente aprobación en el pleno municipal de un incremento del 10% en las tarifas de Emacsa, que entrará en vigor a partir de mayo, ha generado debate, como era de esperar en cualquier ajuste tarifario de un servicio público esencial. Sin embargo, lejos de ser una medida arbitraria, esta decisión responde a la necesidad de garantizar la sostenibilidad y calidad de un suministro sujeto idefectiblemente a las exigencias normativas y las inversiones imprescindibles en infraestructuras.
El presidente de Emacsa, Daniel García-Ibarrola, ha defendido esta subida como una medida necesaria para mantener la excelencia en la gestión del agua en Córdoba. Las infraestructuras hídricas requieren una constante modernización, y el cumplimiento de las nuevas regulaciones medioambientales impone costes adicionales que no pueden ser ignorados. No en vano, el plan de inversiones de la empresa para la década 2023-2033 asciende a 543 millones de euros, destinados a mejorar la eficiencia del ciclo integral del agua y a proyectos estratégicos como el tanque de tormentas del Balcón del Guadalquivir, con un coste de 22 millones de euros.
Es cierto que la oposición ha rechazado en bloque la subida, como suele ocurrir con cualquier ajuste tarifario que afecte al bolsillo de los ciudadanos. Pero también es cierto que el precio del agua en Córdoba sigue por debajo de la media nacional (1,8 euros el metro cúbico frente a los 2,3 euros en España y los 3,1 euros en Europa), lo que demuestra que Emacsa mantiene un equilibrio entre calidad y lo asequible del servicio. Además, el aumento responde a una planificación responsable que busca evitar déficits financieros y asegurar el mantenimiento y modernización de la red de abastecimiento y saneamiento.
La comunicación sobre este tipo de medidas siempre es clave. La administración debe seguir explicando de manera clara en qué se invertirá cada euro recaudado y cómo beneficiará a los cordobeses a medio y largo plazo. Más allá del debate político, lo cierto es que garantizar un suministro de agua eficiente, sostenible y adaptado a las exigencias futuras es una responsabilidad que no puede eludirse. En este sentido, Emacsa ha demostrado ser una empresa pública bien gestionada, comprometida con la calidad del servicio y con una visión de futuro que, aunque pueda resultar impopular a corto plazo, es imprescindible para la ciudad.