De comienzo en comienzoElena Murillo

Crónica de una peregrinación (II)

«Una cita ineludible es la contemplación del Monasterio de Santa María la Real, símbolo del valor histórico de la localidad que fue capital del reino de Navarra»

Dedicado a todos aquellos que fueron compañeros del Camino en alguna edición.

Llegó el segundo año, 2022. Y con éste, la continuidad del Camino Francés. Tocaba afrontar el segundo tramo que iba a transcurrir entre Logroño y Hornillos del Camino. La noche previa al inicio daba la posibilidad, aprovechada, de poder disfrutar de las concurridas calles en las que entablar la mejor de las tertulias disfrutando de buenos vinos y catando una amplia muestra de pinchos riojanos. La iglesia de Santiago de Logroño sería el punto de partida en la primera jornada.

Aún en la capital, pero tras casi seis kilómetros recorridos, nos sorprendía un paraje espectacular en el que las ardillas eran las anfitrionas. El parque de la Grajera es un espacio natural cargado de belleza, con embalse incluido. Navarrete requería una parada no sólo para reponer fuerzas sino también para contemplar su botafumeiro que, si bien es una réplica algo más pequeña del archiconocido de Compostela, solemniza de igual modo las celebraciones litúrgicas. Viñas y bodegas salpican el camino hasta Nájera donde tras la misa y bendición de los peregrinos, se nos ofreció la posibilidad de cumplir con la tradición de tocar la campana que se encuentra situada junto al altar y que es un rito que realizan los caminantes. Una cita ineludible es la contemplación del Monasterio de Santa María la Real, símbolo del valor histórico de la localidad que fue capital del reino de Navarra; pero también mereció la pena conocer el convento de Santa Elena.

Santo Domingo de la Calzada es parada obligada para la visita turística y para saber algo más del santo que le da nombre, por cuyo pueblo natal también transcurrirán nuestros pasos un poco más adelante. Grañón o Redecilla del Camino, localidad que custodia en la iglesia de la Virgen de la Calle una maravillosa pila bautismal del siglo XII, preceden a Viloria de Rioja, cuna del eremita Domingo García o Domingo de la Calzada.

Belorado, con su arte urbano, será antesala de los Montes de Oca. Robles, enebros, brezos, un recorrido con imágenes de vértigo en las que se divisan ascensos y descensos que dibujan toboganes abiertos en el centro de la naturaleza, con una belleza descomunal. De ahí a San Juan de Ortega, un reducto de paz encerrado en un conjunto monástico. Más adelante, Atapuerca, y algunos kilómetros más tarde, tras un largo paseo junto al río Arlanzón, la escultura del Cid indica que ya se ha alcanzado la ciudad de Burgos.

Veinte kilómetros restan hasta Hornillos del Camino, final de trayecto para esta segunda ocasión. La vid ha ido cediendo el paso al cereal y al girasol. El último tramo lo componen rectas en las que no se ve el horizonte. Hornillos aguarda tras un sinuoso descenso. Es momento de poner punto y seguido. La peregrinación continúa en la rutina de cada día hasta el siguiente trayecto.

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