De comienzo en comienzoElena Murillo

Crónica de una peregrinación (1)

«El camino no es algo que consiga el más rápido, ni tampoco el más fuerte, sino que en su consecución siempre tiene un éxito mayor el más sensato»

Dedicado a todos aquellos que fueron compañeros del Camino en alguna edición.

Hace dos años dedicaba una serie de artículos a contar mis vivencias personales recorriendo algunas de las sendas que llevan a la tumba del apóstol Santiago en Compostela. En aquella ocasión prometía volver a retomar este tema para hablar del Camino Francés desde mi óptica como peregrina. Si nada lo impide, a lo largo del inmediato mes de agosto, alcanzaré la meta en la catedral compostelana después de recorrer más de ochocientos kilómetros.

La pandemia provocada por el coronavirus nos sacudía de manera cruel en la primavera del año 2020. Ese mismo verano, con algunas restricciones relativas a contactos pero que permitían la salida al exterior, un grupo reducido de cinco amigos proyectamos recorrer el Camino de Santiago Francés a su paso por tierras gallegas, unos ciento cincuenta kilómetros. La experiencia, pese a ser de lo más satisfactoria, nos dejaría marcados por las circunstancias vividas: infinidad de negocios cerrados, un número reducido de peregrinos, uso de mascarilla al paso por las diferentes parroquias, distancia de seguridad, espacios muy amplios y numerus clausus en la misa del peregrino…, todo un tropel de anécdotas y enseñanzas que iban a marcar la frontera a la hora de establecer recuerdos en los años venideros. Estas jornadas fraguaron un nuevo proyecto, planteado a largo plazo, que daría comienzo en el año 2021: recorrer el Camino Francés en cinco tiempos, es decir, dividiéndolo en cinco intervalos que se adaptaran a los periodos de las vacaciones de verano.

Así debutamos con el primero de ellos, un tramo a cubrir que iría desde la localidad francesa de Saint Jean Pied de Port hasta Logroño. Conocedores de que el camino no es algo que consiga el más rápido, ni tampoco el más fuerte, sino que en su consecución siempre tiene un éxito mayor el más sensato, dimos los primeros pasos bajo carteles que anunciaban: Chemin de Saint Jacques de Compostelle. La primera etapa consistía en atravesar los Pirineos, un dato que evidencia la exigencia de la misma. En ella uno es consciente de que está admirando la inmensidad de la creación. Un paisaje espectacular a lo largo de la conocida como ruta de Napoleón que no encuentra más servicios que el que ofrece el refugio Orisson apenas ocho kilómetros después de la salida. Luego vendrían hitos como la Fuente de Roldán, a la que da nombre el protagonista del famoso poema épico La Chanson de Roland, o el Alto de Ibañeta, hasta alcanzar la colegiata gótica de Santa María en Roncesvalles, antiguo hospital de peregrinos. Roncesvalles es una pequeña localidad de apenas veinte habitantes que cautiva con su espectacular conjunto monumental, rodeado de un espacio natural de un color verde intenso y que bien merece una visita.

Situados en la comunidad de Navarra, los caminos nos dirigirán por Burguete y Espinal hasta la localidad de Zubiri. Bosques, robledales, ríos, un paisaje que embelesa al transeúnte y lo envuelve. El puente de la Rabia permite el paso sobre el río Arga, compañero de camino durante la etapa que conduce a Pamplona. Aquí los pasos hacen que recorras sus calles hasta la iglesia de San Lorenzo, que da cobijo a San Fermín, pero también a conocer al patrón, San Saturnino, en la iglesia más emblemática de la ciudad.

Superada la localidad pamplonica, el reto estaba marcado por la subida al Alto del Perdón que, si bien entraña cierta dificultad, se acusa más en una pronunciada bajada llena de piedras que dificultan un tránsito fluido. De nuevo, la metáfora de la vida queda representada en un trecho corto de recorrido. Puente la Reina, con la iglesia templaria del Crucifijo o su icónico puente románico, y Estella, con espectaculares conventos e iglesias como las de San Pedro de la Rúa, Santo Sepulcro o San Miguel, esta última con un retablo dedicado a Santa Elena, son el preámbulo al monasterio de Irache cuya fuente ofrece al peregrino agua y vino: «¡Peregrino! Si quieres llegar a Santiago con fuerza y vitalidad, de este gran vino echa un trago y brinda por la felicidad».

Los Arcos, Torres del Río, Viana… ciento cuarenta y dos kilómetros en territorio navarro llevan hasta Logroño. El paisaje ha ido cambiando desde las montañas cubiertas de verde y los bosques de hayedos a los campos de cereal, concluyendo con grandes extensiones de viñedo ya en La Rioja. La imagen del puente de piedra sobre el río Ebro en Logroño es la señal de haber conseguido la primera meta.

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