La maleta de Sor Margarita
El gran peso de la vida lo lleva nuestro Dios, es su proyecto sobre nosotros.
Empieza a declinar el periodo de vacaciones y un rostro me obliga a levantar la mirada: Sor Margarita.
Sor Margarita es una monja que mora en un monasterio, cerca de mi casa, al que voy casi todas las mañanas a misa de ocho. Me llama «Chulis», o algo parecido, y de vez en cuando me pide arroz y alguna otra cosilla. Desde hace algunos años la veo a menudo a través de las rejas y cuando coincido con ella, en la cola de la comunión, nos saludamos pausadamente alzando las cejas. Basta este sencillo gesto de estima mutua.
Algún día he pasado a tomar café con las hermanas (no había más de cuatro, si no recuerdo mal). En la última tertulia, Sor Margarita me contaba que en los años cincuenta, cuando llegó allí, las calles de Arturo Soria y Ulises eran caminos de tierra por donde pasaban los rebaños y cómo, precisamente en el cruce de caminos de ambas calles, levantaron el monasterio y parroquia. También me informó de que - en breve- la parroquia y el monasterio pasarían a ser de una comunidad de hermanos y ella marcharía a un convento del norte.
Hoy me ha llamado para pedirme algo de arroz - la mayoría de hermanos de la orden son asiáticos- y una maleta pequeña porque «Chulis, yo no tengo casi ninguna cosa». Me pareció oír un pequeño tono de emoción en su voz cuando decía: "Chulis, cuando se acerca el momento de partir cuesta un poco”. Pero un segundo después se repuso y ¡pa palante! El sábado se muda. ¡Va a hacer la segunda mudanza de su vida después de más de sesenta años en un hogar y sólo pide una maleta pequeña!
Hay gente en este mundo que vive de un modo especial. Especial no quiere decir raro o apartado. En la iglesia lo llamamos virginidad que significa vivir recordando al mundo de forma permanente dos o tres verdades esenciales para todos, creyentes o no. Y una de ellas es que estamos de paso en este mundo.
La maleta de Sor Margarita
El peso de la vida, gracias a Dios, no es el que llevamos nosotros, no es lo que hemos hecho o dejado de hacer en el verano, no es el gran o pequeño proyecto que tenemos que abordar, los grandes o pequeños retos que nos vamos a encontrar durante el curso. No. El gran peso de la vida lo lleva nuestro Dios, es su proyecto sobre nosotros. A nosotros nos toca lo más fácil: dejarnos llevar por su mano poderosa y disfrutar del camino con la maleta ligera.
Qué gusto- pensaba- llegar al final del verano y empezar el curso con esa ideica en la cabeza.
Maletita ligera. Gracias Sor Margarita por recordárnoslo de un modo tan sencillo y conmovedor.