Firma invitadaDaniel Salvatierra

La economía plateada: el mercado que solo sobrevivirá si hay equilibrio entre generaciones

Las personas mayores son ya el grupo más numeroso de la sociedad y sostienen buena parte del consumo nacional

España es un país mayor. No por percepción, sino por estadística: más de un 20 % de la población supera los 65 años y ese porcentaje seguirá creciendo durante las próximas décadas. En torno a estas personas se ha configurado un mercado real —el de la llamada economía plateada— que mueve gran parte del consumo nacional. Sin embargo, su sostenibilidad está estrechamente vinculada al estado del bienestar y, en especial, al equilibrio entre generaciones.

España vive un proceso de envejecimiento demográfico acelerado. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2050 uno de cada tres españoles tendrá más de 65 años. Este cambio no es una anomalía: es la consecuencia natural de una sociedad que ha alcanzado niveles de esperanza de vida sin precedentes. Pero también supone una transformación estructural del mercado. Las personas mayores ya no son una minoría que atender, sino la mayoría que sostiene el consumo y la estabilidad económica.

En torno a ellas existe un mercado consolidado y en expansión. Los hogares encabezados por mayores de 55 años concentran el 60 % del gasto total de los hogares españoles (Fundación MAPFRE–Ivie, 2023). Además, son quienes acumulan la mayor parte del ahorro y del patrimonio nacional: la riqueza media de los hogares mayores de 65 años supera los 240 000 euros (Banco de España, Encuesta Financiera de las Familias, 2024), y más del 90 % vive en vivienda en propiedad. Esa estabilidad económica otorga a las personas mayores un papel decisivo en la configuración del mercado. Sin embargo, conviene hacer una distinción crucial: poder adquisitivo no equivale a capacidad de gasto.

El poder adquisitivo del colectivo sénior es alto en términos relativos —disponen de rentas más estables y activos consolidados—, pero su capacidad real de consumo está limitada por factores estructurales. Una parte importante de su presupuesto se destina a vivienda, salud o dependencia, y muchos destinan recursos a sostener a hijos y nietos. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) estima que cuatro de cada diez mayores ayudan económicamente a sus familias, mientras que el IMSERSO calcula que el gasto medio anual en cuidados de larga duración supera los 6 000 euros por persona dependiente. Es decir, las personas mayores no solo consumen para sí mismas, sino que actúan como red de seguridad del sistema familiar.

Este patrón de gasto familiarizado explica por qué la economía plateada no puede analizarse al margen del estado de bienestar. España ha construido su estabilidad social sobre un sistema de reparto que, hasta ahora, ha funcionado gracias al equilibrio entre población activa y pensionistas. Pero ese equilibrio se está rompiendo.

A principios de siglo había en Europa cuatro trabajadores por cada pensionista; hacia 2050 apenas quedarán dos (Eurostat, Comisión Europea). La pregunta que surge es inevitable: ¿cuánto tiempo podrá sostenerse el actual sistema de pensiones? Y, en paralelo, ¿cuánto tiempo podrán los trabajadores jóvenes soportar la carga fiscal y contributiva que requiere mantenerlo?

La respuesta marcará el futuro de la economía plateada. Sin un sistema de bienestar sólido y equilibrado, el mercado vinculado al consumo sénior se debilitará. Si el sistema de reparto pierde capacidad financiera, las pensiones se resentirán; y si las pensiones se reducen, también lo hará el consumo que hoy mantiene buena parte de la economía. La sostenibilidad del estado de bienestar y la del mercado sénior son, en realidad, la misma cuestión.

Por eso es un error ver la economía de la longevidad como un espacio aislado o «autónomo». No puede crecer de espaldas a la realidad del empleo joven, de la fiscalidad o de la productividad. La economía plateada será viable solo si existe un entorno intergeneracional equilibrado: jóvenes con trabajo estable que aporten al sistema, y mayores activos, autónomos y con poder de decisión que lo sostengan desde el consumo.

Esa alianza entre generaciones es el verdadero reto económico de las próximas décadas. No se trata de contraponer edades, sino de conectar intereses. De entender que el bienestar de los mayores depende del dinamismo de los jóvenes, y que la seguridad de los jóvenes dependerá de la experiencia y la estabilidad de los mayores.

La economía plateada es una oportunidad real para España: crea empleo, impulsa innovación y promueve sectores como la vivienda accesible, la salud preventiva o los servicios financieros adaptados. Pero esa oportunidad solo se mantendrá viva si se preserva el equilibrio que la hace posible.

Sin sostenibilidad del estado de bienestar no habrá consumo sénior estable, y sin consumo sénior no habrá crecimiento suficiente para sostener el bienestar.

La longevidad es uno de los mayores logros de nuestra historia; convertirla en un motor económico y social sostenible será la verdadera medida de nuestra madurez y solidaridad intergeneracional como país.

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