El rodadero de los lobosJesús Cabrera

Adiós al tapón de corcho

«Son países en los que no hay que explicar lo que es un alcornoque porque forma parte de nuestro paisaje más auténtico»

Lo mismo que desaparecieron las yogurteras o esos abrelatas de los que siempre había varios en el cajón de la mesa de toda cocina, el tapón de corcho, según parece, tiene los días contados, como apuntan desde Asaja, que de esto saben un rato.

Esto no quiere decir que se esfume y desaparezca por completo, como pasó con las botellas de gaseosas, que ahora son cotizado deseo de coleccionistas, pero sí que pase a formar parte de una gama de productos a los que no podrán acceder nuestros bolsillos.

Desde la patronal agropecuaria alertaban esta semana del descenso de la demanda de corcho que vienen advirtiendo desde hace años. Señalan que tanto el tapón de corcho natural como el de aglomerado cada vez encuentran peor encaje en el mercado actual. El terreno lo están ocupando otros modelos de cierres de botella que serán más modernos, eso sí, pero nunca tendrán el encanto ni la cultura que atesora un buen tapón de corcho.

Seguro que estas nuevas formas de cerrar una botella serán más ‘cool’ y generarán mogollón de endorfinas en ese modernito que siempre suele aparecer cuando menos se le espera para darte, sin pedirla, la chapa sobre las añadas, los taninos, el retrogusto o el fondo plano. Pesados.

No saben que en la actualidad lo más vanguardista es el tapón de corcho, sobre el que se puede hacer tanto un discurso conservador sobre la tradición que otro progre sobre la sostenibilidad, la economía circular y todo eso.

El vino, se quiera o no, es un producto europeo. España, Francia y Portugal han liderado el mercado desde antiguo. Son países en los que no hay que explicar lo que es un alcornoque porque forma parte de nuestro paisaje más auténtico. El auge alcanzado en los últimos años por las bodegas de Estados Unidos, Chile, Argentina, Sudáfrica o Australia ha sido la condena a muerte del corcho. En estos sitios, que no han visto un alcornoque en su vida, ante los precios elevados por llevar los tapones de Europa a América optaron por buscar alternativas que para ellos fuesen más baratas. El declive del corcho comenzó cuando aquí aprendieron algunos que ésa era la manera de reducir los costes de producción por muy barato que se pudiera comprar el tapón de toda la vida.

La campaña del descorche está en estos días en plena actividad. Las hachas resuenan en la sierra mientras abren los paños que se apilarán antes de cargarlos en las bestias. Si no se le buscan usos alternativos a este producto y toda su salida sigue enfocada a los tapones, mal futuro tiene este sector visto lo visto. Si los más negros vaticinios de Asaja se cumplen, no está lejano el día en el que habrá que explicar porqué a los de Villaviciosa los llaman ‘corchúos’.

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