El rodadero de los lobosJesús Cabrera

Cáritas y León XIV

«Hay que agradecer al Papa que en sus primeras palabras en España nombrara a Córdoba, junto a Toledo, como «lugares de mediación entre lenguas, religiones y saberes»»

Es lógica la inquietud que algunos manifiestan durante este fin de semana y en los días venideros. Cuando a algunos se les vuelve densa la atmósfera y les cuesta respirar buscan escapatorias que en la mayoría de las ocasiones no suelen ser muy afortunadas.

El inicio de la visita del Papa León XIII y la celebración de la cuestación de Cáritas hace que salgan a la luz cuestiones que incomodan a quienes intentan ocultarlas durante el resto del año. El jueves vimos mesas petitorias en distintos puntos de la capital cordobesa y detrás de cada voluntario, de cada hucha, latía el mensaje universal de la Iglesia Católica que siempre es el mismo y que no pierde el foco de los más desfavorecidos de la sociedad, aquéllos a los que siempre tiende la mano y a los que nunca niega una respuesta frente a un postureo político, siempre interesado en buscar una rentabilidad.

Cáritas Córdoba atendió el pasado año en la provincia a cerca de 20.000 personas en sus necesidades más diversas, desde la alimentación a la formación necesaria para una inserción laboral que en muchos casos felizmente llega a buen puerto. Siempre atentos a la realidad de cada momento, en 2025 triplicaron las ayudas en materia de vivienda, uno de los problemas a los que las instituciones ya se han mostrado incapaces de buscar una solución efectiva.

Dentro de una labor de transparencia que tanto trabajo cuesta encontrar en otras instancias, Cáritas ofrece puntualmente cada año el balance del ejercicio, el destino de esos 3,4 millones de euros que han recibido de la sociedad, aunque «las necesidades son mayores que nuestros recursos», como señaló su presidente, Darío Reina.

Esta ayuda a Cáritas se materializaba en cada una de las iglesias de Córdoba durante este fin de semana, en esas colectas que vienen a nutrir el Fondo Diocesano de Solidaridad, mientras el Papa llegaba a España y era recibido en el Palacio Real con la solemnidad que merece y que los españoles, cuando queremos, somos capaces de demostrar.

Esa inquietud de la que hablaba al principio se plasmó de forma diáfana en el discurso que León XIV ofreció en el monumental salón de las columnas. Efectivamente, en el plato izquierdo de la balanza puso conceptos como «derecho internacional», «multilateralismo» o «casa común», que entusiasmaría momentáneamente a muchos de los sentados en las primeras filas. Esos mismos, inquietos, removerían su culo en los asientos al escuchar al Pontífice hablar en varias ocasiones de la «dignidad de la persona» que tanto les horroriza, de las «simplificaciones estériles» con las que adiestran a los suyos, de la «cultura del enfrentamiento» que a diario fomentan, de las «narrativas divisivas y polarizantes» en las que tan bien se encuentran. Sí, hubo goleada.

Además, hay que agradecer al Papa que en sus primeras palabras en España citara a Averroes y a Maimónides, y nombrara a Córdoba, junto a Toledo, como «lugares de mediación entre lenguas, religiones y saberes», como siempre se ha entendido y ahora el revisionismo quiere alterar.

Sí, la coincidencia del fin de semana grande de Cáritas con el inicio de la visita de León XIV deja un mensaje nítido de la potencia de la Iglesia Católica en nuestros días, un motivo de orgullo para los católicos y, sobre todo, un aliento para seguir adelante.

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