¿Qué nos dieron los romanos?Luis J. Pérez-Bustamante

Lo que no es asumible

«Está claro que él no es el culpable directo, pero sí es el responsable político. Si tuviera algo de vergüenza se habría ido ya»

«Si debemos reforzar aún más la seguridad para volver a construir la confianza en nuestro sistema de alta velocidad se hará, porque lo que no es asumible para un país como España es sufrir dos accidentes ferroviarios de alta velocidad en un mismo año». Esto dijo Pedro Sánchez el miércoles desde la zona cero del accidente ferroviario de Urda (Toledo) que, a la hora de escribir este artículo, se ha cobrado ya 69 víctimas mortales. El jefe del Ejecutivo también dijo que el Gobierno llegará hasta el final y que «si ha habido negligencias se sabrá y si ha habido fallos en el sistema de seguridad se responderá con total contundencia». Todo ello antes de concluir que «el Gobierno llegará hasta el final en sus investigaciones».

No pasará este discurso a la posteridad por su prosa florida, aunque sí por algunas afirmaciones de perogrullo. A saber, que no es asumible tener un accidente así, que habrá que investigar hasta el fondo y que habrá que saber si hubo fallos de seguridad. Solo faltaría.

No es asumible tampoco que Óscar Puente, el ministro tuitero, tardase horas en aparecer ante los medios para dar explicaciones y que en su primera comparecencia ya apuntase al fallo humano como principal causa de la tragedia. Uno no es ingeniero, pero está claro que si la seguridad ferroviaria sólo depende de que una persona pueda equivocarse, mal vamos. Y si no es así, y existen una serie de filtros de seguridad previos, no es muy decente apuntar a una persona como responsable de estos fallos.

No es asumible, por tanto, que Oscar Puente siga, a la hora de escribir estas letras, como ministro de Transportes con dos accidentes que se han cobrado 115 vidas en un año. Está claro que él no es el culpable directo, pero sí es el responsable político. Si tuviera algo de vergüenza se habría ido ya.

No es asumible tampoco que apenas ocho horas después de un accidente de esta magnitud se filtrase a determinados medios el contenido de las conversaciones entre el centro de control de Atocha y los maquinistas de los trenes. No es asumible, entre otras muchas consideraciones, porque uno de esos maquinistas había fallecido y su familia aún no había podido ni velar su cadáver.

No es asumible, además, porque esa filtración es evidente que ha salido de los despachos más altos y demuestra una absoluta falta de respeto hacia los ciudadanos. No vamos a criticar que los medios hayan publicado esa información porque su obligación es contar lo que está ocurriendo. Pero desde luego sí que es deleznable utilizar esa estrategia para intentar salvar la cabeza de unos y condenar a muerte en vida a quien jamás creo que pueda recuperarse.

No es asumible tampoco que ni el presidente del Gobierno ni el ministro de Transportes hayan tenido la vergüenza, o la gallardía, de acudir a los hospitales y a los polideportivos a visitar a los heridos y a las familias de los fallecidos. Tirar del comodín del Rey para salvar el cuello propio es estrategia de mediocres y , sobre todo, de cobardes.

No es asumible para el país tener un sistema de alta velocidad que ha pasado de orgullo patrio a vergüenza mundial. No es asumible que un accidente ponga en riesgo el futuro de muchos por las consecuencias económicas del parón de Renfe. Y no es asumible para la ciudadanía en general el ambiente en el que estamos inmersos.

Nada de esto es asumible. Sin embargo, lo peor de todo, lo más lamentable, es que cuando pasen los días todo esto que no es asumible ya lo habremos asumido. Poco nos pasa.

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