De comienzo en comienzoElena Murillo

Salvadora de las almas

«En esta ocasión la visita tenía una simbología singular puesto que el recorrido condujo hasta la iglesia de San Roque»

En los primeros días de noviembre, de un modo solemne, la Iglesia celebra a Todos los Santos y recuerda a los fieles difuntos. Los santos gozan de la vida eterna junto a Dios pero otros muchos difuntos siguen necesitando de nuestra oración para obtener la purificación de sus almas; por esa razón se ofrecen eucaristías en sufragio por ellos. Iglesia triunfante e Iglesia purgante, junto a todos los que constituimos la Iglesia que aún peregrina en la tierra, conforman los tres estados en los que se divide el Cuerpo Místico de Cristo y lo que en teología se conoce como la Comunión de los Santos.

En estos días la Virgen del Carmen cobra un protagonismo especial al ser considerada salvadora de las benditas ánimas. La tradición católica ha invocado su auxilio como protectora del purgatorio. Las promesas asociadas al santo escapulario lo recogen: en la vida, protejo; en la muerte, ayudo; después de la muerte, salvo; es decir, el amparo maternal sobre los que llevan el escapulario con fe, la asistencia al devoto en su hora final y el privilegio sabatino que señala el primer sábado después del fallecimiento para sacar a los portadores de esta insignia del purgatorio y conducirlos al cielo, siguen estando presentes en cuantos veneran esta advocación.

La Virgen del Carmen de San Cayetano, cada 1 de noviembre, recorre diferentes calles de la ciudad para visitar una iglesia. Son muchos los fieles que la acompañan, rezando el rosario, para pedir su intercesión por las ánimas que aguardan purificarse antes de llegar a la gloria. En esta ocasión la visita tenía una simbología singular puesto que el recorrido condujo hasta la iglesia de San Roque, primera fundación carmelita que hace en Córdoba San Juan de la Cruz. El lugar fue elegido por la celebración del Año Jubilar del Santo que está teniendo lugar el presente 2026. Con especial emotividad se vivía la eucaristía en la que el prior del Convento de San José recordaba el milagro que la tradición carmelita recuerda en este lugar que aconteció a Fray Juan y que habla de la supervivencia al derrumbe de la pared de su celda por intercesión de la Madre del Carmelo. Y, de manera simbólica, invitaba a seguir los pasos de San Juan de la Cruz en el camino de vuelta a San Cayetano, recorriendo el camino hasta la actual ubicación de los carmelitas en Córdoba que se eligiera para estar en un espacio más tranquilo.

Concluyo con la oración final de la novena de ánimas que recoge un devocionario carmelitano: «Esposas muy queridas del Señor, que encerradas en la cárcel del Purgatorio sufrís indecibles penas, careciendo de la presencia de Dios, hasta que os purifiquéis, como el oro en el crisol, de las reliquias que os dejaron las culpas; ¡con cuánta razón desde aquellas voraces llamas clamáis a vuestros amigos pidiendo misericordia! Yo me compadezco de vuestro dolor, y quisiera tener caudal suficiente para satisfacer deuda tan crecida; y aunque más pobre que vosotras mismas, os ofrezco y aplico cuantas indulgencias pudiere ganar en este día. Pero siendo tan pobres mis méritos, para satisfacer por vosotras a la Justicia divina, apelo a la piedad de los justos, a los ruegos de los bienaventurados, al tesoro inagotable de la Iglesia, a la intercesión de María Santísima, y al precio infinito de la Sangre de Jesucristo. Conceded, Señor, a esas pobres ánimas el deseado consuelo y descanso. Pero confío también, almas agradecidas, que tendré en vosotras poderosos medianeros que me alcancen del Señor gracia con que deteste mis culpas, adelante en la virtud, sojuzgue las pasiones y llegue a la eterna bienaventuranza. Amén».

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