Salida procesional de la hermandad del Cristo de Gracia

Salida procesional de la hermandad del Cristo de GraciaJesús D. Caparrós

La honda personalidad del Jueves Santo cordobés

Una jornada para disfrutar del peso de la historia en la Semana Santa cordobesa

El Jueves Santo tiene unas señas de identidad propias que lo singularizan respecto al resto de las semanas. Es una jornada que, pese a su dilatada duración, comienza bien temprano, a lo que ayuda ser un día festivo. Muchos templos abren sus puertas por la mañana para ver los pasos que aún quedan por salir o los que ya lo han hecho en días precedentes, lo que genera un ambiente muy especial en las calles.

El cofrade colma así en estas horas sus ansias y el visitante foráneo encuentra un atractivo turístico de primer orden, así como la oportunidad de ver detenidamente y de cerca lo que entre las bullas de la noche es altamente complicado para alguien sin experiencia para desenvolverse con soltura.

De este modo, muchos prolongan su estancia en el casco histórico hasta comenzar la sesión de tarde, lo que ayer dio animación al negocio de la hostelería, sobre todo en las zonas de mayor concentración, como la Judería o la Corredera.Tras un almuerzo más o menos tranquilo, un café rápido y a ver procesiones en la tarde en que las calles se llenan de mantillas camino de los sagrarios.

El Nazareno

Esta hermandad es de la que hay que prestar atención desde el principio hasta el final, desde la cruz formada con antiguas piezas de plata hasta la dolorida mirada de la Nazarena, diferente a todas las demás imágenes, que va clavada en lo alto de su techo de palio.

Este año ha cambiado la silueta del paso del titular, de Jesús Nazareno. Los cuatro hachones ya son historia y han sido sustituidos por unos faroles que dibujó Andrés Valverde cuando trazó el nuevo paso hace unas tres décadas. Están realizados en madera con aplicaciones de plata y siguen la misma traza del canasto y de los respiraderos.

El peso de la devoción y de los siglos imprime un carácter muy especial al cortejo, incluso en aquellos lugares pocos propicios, como puede ser la calle Capitulares, donde se suele concentrar un público en general no muy exigente para el que una hermandad de silencio viene a ser algo exótico. Con el Nazareno no fue así y desde que comenzó a avanzar desde la calle Diario de Córdoba el silencio se fue apoderando de las aceras y más allá, y, como suele ocurrir, quedó el rumor de los irreductibles.

Esto no fue óbice para que Jesús Nazareno, el Caballero de la Noche, cruzara este tramo con la autoridad que sin discusión le otorga la historia camino de su casa, de ese barrio que el beato Cristóbal de Santa Catalina se pateó a diario en favor de los más necesitados.

La Caridad

Desde hace bastantes años la presencia de los efectivos de la Legión en el cortejo del Señor de la Caridad es una incógnita que a veces se ha resuelto, en un sentido o en otro, muy a última hora. En esta ocasión han sido cuestiones económicas las que han impedido al Tercio recorrer las calles de Córdoba, algo que sí harán esta mañana en el Vía Crucis a la Catedral.

La hermandad de la Caridad tiene una colección de enseres digna de admirarse. Desde la cruz de guía hasta el último elemento merecen una detallada observación y a su conservación dedica sus esfuerzos, porque un patrimonio de esta importancia merece ser mimado con todas las garantías. Dentro de esta línea, este año le ha tocado la restauración a las dos pértigas que escoltan el estandarte de los Reyes Católicos y que ha corrido a cargo de Emilio León.

Estos elementos, junto al resto del cortejo lucieron ayer en los primeros compases del Jueves Santo mientras bajaban la calle de la Espartería, entre un público que combinaba lo local con lo foráneo y que a todos cautivó. Hubo representación de la Legión a cargo de un capitán, como no podía ser de otra manera en esta histórica cofradía, y también hubo la oportunidad de disfrutar de toda ella, en primera fila y sin empujones.

Jesús Caído

Un Jueves Santo en Córdoba no se entendería sin la presencia de Jesús Caído. Esto lo saben bien quienes abarrotan la cuesta de San Cayetano y las calles de Santa Marina, para iniciar así una de las jornadas más intensas de la Semana Santa.

Al subir San Pablo, el cuerpo de nazarenos pasaba del sol a la sombra que dividía la calzada y el raso de sus hábitos, el hondo sabor de sus estandartes, la presidencia taurina, el acompañamiento musical y, cómo no, la potente presencia de sus dos titulares, colmaron con creces a quienes disfrutaron desde las aceras.

Esta hermandad en la calle tiene una característica propia que va bajo los cubrerrostros y que no es otra que la presencia de alumnos del colegio del Carmen entre sus filas. Con ellos, las tardes del Jueves Santo son diferentes, porque este empuje se nota aunque no se vea y viene a ser un rasgo propio que sumar a los muchos que revalorizan esta cofradía.

Sagrada Cena

La hermandad de la Sagrada Cena aporta la nota reciente al Jueves Santo cordobés. Frente a las hermandades con siglos de historia, esta cofradía más reciente aporta la escena evangélica de la jornada desde la parroquia del Beato Álvaro con un cortejo que cruza la Córdoba más reciente, por Poniente y Ciudad Jardín, hasta entrar en el casco histórico. Así, cambia los edificios de muchas alturas por las casas más bajas, y las altas farolas por los faroles que están, precisamente a la altura de los pasos.

Horas más tarde, cuando el cortejo finalizaba su paso por la carrera oficial y salía de la Catedral por la Puerta de Santa Catalina adquiría una dimensión distinta a la de la salida. Ya no eran los nazarenos que avanzaban en línea recta por amplias avenidas, sino que se batían con la multitud variopinta de estos enclaves como unos nazarenos ya curtidos para tener su lugar propio en el corazón de la Semana Santa, en el Jueves Santo.

Las Angustias

La potencia del grupo escultórico de Juan de Mesa es de tal calibre que lo llena todo allá por donde pase. Da igual que sea la angosta calle de Juan de Mesa que la amplitud de la Ronda de Isasa, porque la Virgen de las Angustias se convierte al instante en el centro de atención de todos los que se encuentran a su alrededor.

Uno de los puntos más recientemente incorporados a su recorrido es el de la calle Gutiérrez de los Ríos, la calle Almonas para los autóctonos. Allí llegaba desde Fernán Pérez de Oliva, por lo que los ciriales quedaron en la primera calle y la Virgen en la segunda. Las cuatro llamas en alto cerrando las filas de nazarenos y tras ellas nada. Fue un momento simbólico, nada más, porque al reanudarse la marcha el cortejo siguió tal cual y al momento el paso cubrió el hueco que quedaba y avanzó camino de la Almagra, a los sones de ‘Jesús de las Penas’ con el señorío y el dramatismo de este insustituible grupo escultórico.

Cristo de Gracia

Cada una de las hermandades que procesionan en Córdoba el Jueves Santo tienen un sello mantenido en las últimas generaciones. En el caso de la cofradía del Cristo de Gracia se trata de ese carácter popular que está arraigado no sólo en su barrio sino en toda la ciudad y esto impregna el cortejo y a quienes lo contemplan desde la acera.

La plaza de San Pedro bullía ayer con alta animación. Allí confluía la Virgen de la Angustias y el Cristo de Gracia, dos trozos notables de la historia de la Semana Santa de Córdoba y dos estilos distintos de ponerse en la calle. Primero, la cofradía de San Agustín rodeó la basílica de San Pedro y siguió por Don Rodrigo. Tras ella, el cortejo trinitario, que venía por Alfonso XII aportó la siempre interesante estética del Cristo de Gracia, capaz de combinar como pocos la estampa serrana del espárrago y el exotismo de la esterlicia.

La Buena Muerte

La hermandad de la Buena Muerte se anuncia desde lejos. Nada más asomar la cruz de guía desde una esquina, la calle empieza a guardar silencio. Por esto, hay que buscar este cortejo en las calles estrechas para evitar esos rumores de fondo que por bajos que sean siempre son molestos.

Esta madrugada, la hermandad daba sus primeros pasos en la calle y, tras salir de San Hipólito, el bulevar del Gran Capitán no es uno de los enclaves más propios, por mucho silencio que guarde el público. Más adelante, en San Felipe cambia el ambiente, porque poco a poco se va estrechando la calle, como si fuera un embudo, hasta llegar a la esquina del antiguo Gobierno Militar. Allí, el Cristo de la Buena Muerte avanzó firme y la Reina de los Mártires, envuelta en una luz proporcionada, sabiamente aportada por su cera, se adentró en la plaza de Ramón y Cajal, el punto de acceso a un casco histórico donde esta cofradía crece hasta llenar por sí sola toda la madrugada cordobesa.

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