José Villero
José Villero, ginecólogo e historiador
«Sospechaba que había gato encerrado, que eso de que la consanguineidad acabó con los Austrias no era así»
Tras ejercer la ginecología 47 años decide tras su jubilación dar un giro a su vida y comenzar a estudiar Historia con 70 años
Uno de los axiomas que ha dividido a la sociedad hasta ahora han sido el de separarla entre los de ciencias y los de letras, en una frontera que se va desdibujando a pasos agigantados y como buena muestra está la irrupción del nuevo grado universitario que combina las Matemáticas con la Filosofía. Sí, es posible.
José Villero se ha adelantado a todo esto y tras el ejercicio de la ginecologia en el Hospital Reina Sofía durante 47 años el día que cuelga la bata coge la carpeta y se va camino de la Facultad de Filosofía y Letras a estudiar Historia. Al terminar el grado decide doctorarse y lo hace con la tésis ‘La Medicina en la Edad Moderna. Los Austrias y el desorden endogámico’.
Ahora, para este granadino de Guadix (1945) que llegó a Córdoba en 1974 la Historia es su pasión, ya que ha descubierto que la mirarla con ojos de médico ve cosas que a otros historiadores se les pasan por alto.
José Villero
-¿Por qué estudiar Historia después de Medicina? ¿Era una inquietud que tenía de antiguo o fue algo sobrevenido?
-Cuando estaba terminando mi época de trabajar decía que quería hacer Historia, quería ser historiador. Y así fue. Me jubilé un 30 de septiembre y el 1 de octubre estaba sentado en la banca en la Facultad de Filosofía y Letras como un estudiante más.
-Estaba rodeado de alumnos que más que sus hijos podían ser casi sus nietos.
-De 18 años. Pensaban cuando llegué que era el profesor y que estaba de broma hasta que llegó el profesor y se dieron cuenta de que yo era uno más.
-Mayor incluso que el profesor.
-Por supuesto. Después hice con los chicos muy buenas amistades. Siempre le dan a uno una cubierta de juventud muy importante. Cuando estás entre jóvenes te rejuveneces y cuando estás entre viejos te envejeces. A mí eso me vino estupendamente en todos los sentidos. Creo que de las buenas experiencias de mi vida son los cuatro años que dediqué a estudiar Historia.
-¿Cómo era el trato de los profesores hacia usted?
-Correcto. Me dieron un par de cates o tres pero, bueno, eso es lo normal. Mis amigos decían que no me iban a suspender, pues sí, alguno me suspendió. En Griego me pusieron un 1 y lo aparobé en septiembre. Pero el trato era cordial, aunque tuve un par de atranques.
Yo no toleraría que estuvieran los alumnos matando romanos en el ordenador y enredando. Los largaría de clase en cinco minutos
-¿Ha sido una cura de humildad?
-No, porque no era soberbio y no me curé de eso. Fue una cura de sabiduría y de conocimiento, porque desde que estudiaba me consideraba bastante pollino y siempre echaba en falta conocer más de nuestra historia y así fue y por eso estoy muy satisfecho. Soy un pollino pero menos.
-¿Encontró lo que esperaba?
-Sí, y mucho más. Fue de las grandes experiencias de mi vida en todos los sentidos. En el sentido de conocimiento, en el sentido de conocer la diferencia que había entre cuando yo estudiaba Medicina y ahora, y como también fui profesor, mi concepto de estar encima de una tarima y dar clase y ahora recibirla, todo han sido cambios enormes, muy bruscos.
-La carrera de Medicina la estudió de forma analógica y ahora ha hecho Historia, en el siglo XXI, con las nuevas tecnologías. ¿Cómo ha sido la diferencia?
-Ahora es muchísimo más cómodo porque entonces no había ordenadores ni había nada de nada y ahora sí. Formamos un grupito que tomaban las clases con ordenador, las pasábamos a limpio y teníamos unos apuntes magníficos. Tengo unos apuntes de Historia que son auténticos libros, magnificos. Creo que en aquella época era más difícil, era más complejo estudiar. Había más disciplina, más rigor, más seriedad y ahora hay un ambiente más relajado. Lo observo así. No sé cómo será el futuro de las generaciones pero en aquella época el profesor era una autoridad indiscutible que si le llevabas la contraria podía sacar una metralleta y liquidar a la mitad del curso. Allí no se movía ni una mosca y ahora hay un tuteo más generalizado, más relajado. Lo veo como que uno se hace viejo en todas las cosas, incluso en el manejo de la enseñanza. En aquella época el respeto al profesor era reverencial y no sé qué es mejor. Creo que es mejor aquello. Cualquier tiempo pasado en eso fue mejor. Digo en general que cualquier tiempo pasado fue peor pero en la enseñanza creo que era mejor, sí.
Descifré cómo Juana la Loca murió de sífilis o que Felipe Próspero murió de sífilis congénita heredada de su padre
-¿Qué nivel se ha encontrado en los profesores?
-Como alumno me parece, como en todo, que hay unos buenos, otros regulares y otros peores. Los profesores los veo poco rígidos en su actitud. Yo no toleraría que estuvieran los alumnos matando romanos en el ordenador y enredando. Los largaría de clase en cinco minutos y, sin embargo, ahora son mucho más tolerantes.
-La Historia es una materia muy amplia en la que al final uno acaba fijándose en un aspecto concreto. ¿Llegó con la mente abierta o llegó con algún momento predestinado?
-Llegué con la mente abierta, totalmente abierta. No sabía a qué faceta me iba a dedicar. Es tan amplia que los profesores, por ejemplo, de Historia Moderna se dedica al estudio de un siglo, del siglo XVII, lo mismo que nosotros somos ginecólogos y dentro de la Ginecología los hay que se dedican a la esterilidad. Mi director de tesis es un experto mundial en judeoconversos y es una gran autoridad. Cuando llegué no sabía a qué me iba a dedicar.
José Villero
-¿Y cómo se ha decidido finalmente por los Austrias?
-Porque hice el trabajo de final de grado sobre los Austrias y me gustó. Sospechaba además que ahí había gato encerrado, de que eso de que la consanguineidad acabó con los Austrias no era así. Como me tenía tan intrigado, cuando acabé el trabajo de fin de grado le pedí al profesor Enrique Soria, que era el catedrático de la asignatura, que tenía interés en hacer una tesis sobre eso y me dijo que estaba encantado y que le parecía una magnífica idea porque además de historiador era médico por lo que podía entender y descifrar determinados problemas. Y tenía toda la razón porque después, al leer lo que escribían los cronistas iba interpretando algo que al historiador se le pasa porque no tiene porqué saberlo pero al médico no se le pasa. Así, descifré cómo Juana la Loca murió de sífilis o que Felipe Próspero murió de sífilis congénita heredada de su padre o que la consanguineidad no fue un problema para el final de los Austrias.
-Siempre se ha dicho que los ocho bisabuelos de Carlos II tenían el mismo apellido.
-Y que era el rigor de las desdichas y que tenía un coeficiente de consaguineidad altísimo y que es el directamente culpable del final de los Austrias. Eso no es así. Tengo escrito al final de mi tesis que el final de los Austrias fue una casualidad histórica. Las enfermedades que padecieron eran las denominadas enfermedades cortesanas, que no eran las del público en general. El público vivía fuera de los palacios y de los castillo y tenían hambrunas, guerras y piojos, pero intramuros tenían enfermedades diferentes, que se llaman cortesanas. Eso lo describió muy bien Lobera de Ávila, que decía que eran la sífilis, el reuma, los cálculos y la gota. Efectivamente, todos los reyes tenían sífilis, bastante cálculos y de gota fíjese en Carlos V y Felipe II, pero no tenían hambrunas ni padecían de pestes y epidemias porque estaban aislados.
-¿Qué pasó al final con Carlos II?
-Fue mala suerte porque murieron infantes que pudieron haber sido herederos perfectamente, desde el infante Carlos, el hijo de Felipe II; Baltasar Carlos e incluso reinas, como María Victoria, la hija de Felipe II. Fue una serie de casualidades que llegaron a Carlos II, del que nadie ha averiguado de qué murió, porque hay una autopsia que no vale para nada, que no tiene ningún valor, porque está mal hecha y peor descrita. Entonces se dice que Carlos II es el culpable del final de la dinastía. Pues no. Primero porque no se sabe de qué murió y hay hipótesis para todos los gustos. Me he preocupado de saber de qué murió este hombre y no lo sé con mediana certeza. Probablemente fue un síndrome de Klinefelter, un trastorno cromosómico. Es probable. Pero si pudiésemos hacer un análisis del ADN seguro que íbamos a averiguar muchas cosas.
-Pero ese mito ha durado hasta nuestros días.
-Por ejemplo, una hermana de Carlos II tenía un coeficiente de consanguineidad de 25,4, que es muy alto, pero su hermana Margarita, que es hija de la segunda mujer de Felipe IV, de Mariana de Austria, lo tenía de 23 y su padre de 21; o sea, que todos tenían un coeficiente altísimo. Margarita se casó con Leopoldo, que tenía un coeficiente de 15 y pico, y tuvo cuatro hijos, aunque es verdad que de los cuatro murieron tres, pero la mortalidad infantil entonces era altisima. Ella murió de un proceso catarral estando embarazada del quinto. Si fuese con coeficiente de consanguineidad ahí tienes a Margarita hecha una calamidad pero se casó y tuvo cuatro hijos normales. Eso que decía Marañón de que Carlos II «era portador de una bárbara consanguineidad», sí, era muy alta pero el fin de los Austrias no fue la consanguineidad.
Carlos II pasó a la historia como un individuo condescendiente, muy educado, muy correcto, poco dotado para el mando pero un buen rey, una buena persona
-Entonces, lo de la consanguineidad puede ser una interpretación política, ¿no?
-Claro, era la sucesión de la Corona y había ahí unos intereses políticos de aquí te espero. Probablemente había interés por desprestigiar la imagen de Carlos II y hacer una autopsia de que estaba hecho una porquería. Había intereses políticos, seguro, y después que él no era un hombre de aspecto saludable. Era un individuo de una constitución endeble, con frecuencia estaba enfermo, tampoco era un individuo con deseo sexual, sino que era inhibido y, después, tuvo dos mujeres de las que nunca sabremos si eran fértiles o no. Por definición atribuimos a Carlos II su esterilidad pero no sabemos si ellas eran fértiles o no porque no lo han demostrado. La fertilidad es un 50 por ciento hombre y un 50 por ciento mujer. Suponemos que dado el aspecto y su constitución que él pudiera ser el responsable de esa falta de excelencia. Pero su primera mujer, María Luisa de Orleans, decía que era un eyaculador precocísimo; o sea, que eliminaba semen y podía existir posibilidad de embarazo. La verdad es que el hombre pasó a la historia como una buena persona, un individuo condescendiente, muy educado, muy correcto, poco dotado para el mando pero un buen rey, una buena persona.
-¿Tiene ya línea de investigación para seguir trabajando?
-Me gustaría seguir trabajando en la Reina Juana la Loca. Ella y Carlos II han sido dos personajes terriblemente maltratados por la historia, porque los dos eran propietarios de reinos inmensos y a su muerte había un imperio a heredar. De Juana la Loca siempre he pensado que no sé si estaba loca o la volvieron loca. La verdad es que su historia clínica describe el trayecto de una sífilis terciaria desde su principio a su final, con trastornos mentales por infección del cerebro y de la médula, parálisis general progresiva, y todos los tipos de lesiones propios de la neurosífilis que no habían sido descritos, lo cual no es sorprendente tampoco teniendo en cuenta que el marido a su condición de guaperas unía una afición a saltar de cama en cama. Independientemente de que ella se casó con un individuo con un fenotipo agradable también se casó con un individuo bastante pendón, como eran todos los reyes, salvo Felipe III.
-Por último, ¿le ha servido la historia para comprender parte de la medicina?
-No, me ha servido mucho la medicina para comprender parte de la historia, para saber de qué enfermaron los reyes, porque eso es muy importante. Leer las crónicas en muchos casos era intepretar una historia clínica. Los historiadores lo escribían a su manera, unas veces más claro y otras menos. Sobre lo que ellos escriben tú ves, analizas y sacas la conclusión de lo que era. Por ejemplo, se suele decir que Felipe el Hermoso murió después de un juego de pelota, que sin enfermó, que si lo envenenaron, que si bebió un vaso de agua fría y tal. Eso está descrito perfectamente por el médico de Fernando el Católico. El doctor Parra hace una descripción magnífica de lo que es una neumonía, pero clarísima. Dice que tenía fiebre, dolor en un costado y escupía sangre. Esa triada es la típica de la neumonía: fiebre, dolor costal y esputo herrumbroso. Eso esta claro y se ve con ojos de médico, el que no es médico no tiene porqué saberlo. Y de Juana la Loca lo mismo, porque se va describiendo lo que es la enfermedad de los locos, que es cuando el treponema invade el cerebro y lo infecta. Es lo que a principios del siglo XX se llamaban los locos, que eran el 10 y el 15 por ciento de enfermos de sífilis terciaria que estaban ingresados en manicomios. Ella no estaba en un manicomio, pero estaba en Tordesillas, que era un manicomio de lujo. Y después la invasión, sobre todo de las raíces posteriores de la médula, es la tabes dorsal, que es la que origina la paralización de las extremidades inferiores, la incontinencia de heces y de orina y una serie de problemas. Yo he aprendido historia a traves de la medicina, una faceta de la historia, que es la faceta médica, naturalmente.