La Escuela Taurina de Cabra en su actividad de presentación el pasado abril
Escuela Taurina de Cabra: así es la formación de los nuevos toreros de Córdoba
El matador Javier de la Concha dirige un proyecto basado en el equilibrio entre la teoría, el toreo de salón y la práctica en el tentadero
Inaugurada en 1857, la plaza de toros de Cabra tiene en su larga historia varios hitos. El primero ser el coso taurino más antiguo de la provincia de Córdoba. El segundo, y más importante, convertirse en el escenario que vio torear por primera vez a Manolete, el 16 de abril de 1933, Domingo de Resurrección. Alternó como novillero con Bebé Chico y, curiosamente, con una torera, Juanita Cruz. Ahora esta plaza se convierte en garante de futuros aficionados y matadores como sede de la Escuela Taurina de Cabra, liderada como presidente y director artístico por el torero Javier de la Concha, y con un equipo formado por Fidel Arroyo, Pablo Aguilera y Toñi Azahara, como componentes de la Asociación Cultural Taurina ‘Egatauro’. Esta escuela cuenta ya con sus diez primeros alumnos. «Los valores que la tauromaquia puede imprimir a los alumnos son el respeto, el compañerismo y también el espíritu de sacrificio, son cuestiones que se están perdiendo pero aportadas por la tauromaquia», explica De la Concha.
Al margen de su experiencia como matador, el madrileño Javier de la Concha ya había ejercido como profesor en una escuela taurina durante nueve meses. Al estar casado con una egabrense y afincado en este pueblo desde hace años, se le ocurrió, «porque es verdad que en Cabra hay mucha afición», consultar con algunos grandes aficionados de la zona. Tales conversaciones fueron fructíferas y el pasado 10 de abril, la escuela se presentaba en el salón de plenos de la localidad, tras lo que se realizó una exhibición de toreo de salón en la Plaza de España.
La edad oficial para que un niño pueda estar en una escuela taurina son los diez años. El método de enseñanza de De la Concha se basa en tener a todos los jóvenes, más que por edades, «así ves las condiciones de cada uno y puedes ver su soltura, hay que tener en cuenta que te pueden llegar niños que no han cogido nunca un capote, y luego los ves y se ponen delante de las becerras... cuando apenas habían dado diez clases»,
Una de las características de la Escuela Taurina de Cabra es que se le da una gran importancia al contenido teórico: «porque para mí es vital que conozcan la historia de este bonita profesión». Junto a ello, imparten educación física como otro pilar fundamental, «y la verdad es que les damos bastante caña a los chavales en ese sentido, también como parte de su preparación mental». Luego está el indispensable toreo de salón y como colofón las salidas al campo. En ese sentido, por ejemplo, han toreado en la finca de Ramón Sánchez, en Almodóvar del Río, y también en la de Manolo Vázquez, en Hornachuelos. «Estamos ahora pendientes de ir a varios tentaderos más». ¿Cómo reaccionan personas tan jóvenes al ponerse delante de un animal de esas características? «Como matador de toros, siempre digo que el miedo es tu mejor amigo... salvo que sea él quien te domine y se convierta en tu peor enemigo».
Demostración de toreo de salón en la plaza de España de Cabra
Por ahora, las clases para los diez primeros alumnos se han desarrollado durante el invierno y parte de la primavera durante los sábados y domingos, con el objetivo de que no interfieran con el colegio o el instituto. «Ahora cuando terminen los exámenes y estén de vacaciones ya serán más entre semana». ¿Se basa De la Concha a la hora de enseñar en su propia experiencia o en las facetas aprovechables de figuras del toreo o de otros matadores que puedan aportar conocimientos por su forma de enfrentarse a la faena? «Personalmente intento mezclar de todo un poco», contesta el director artístico de la escuela. «Por una parte intento poner mi experiencia cien por cien al servicio de los alumnos, y eso que sigo aprendiendo, porque uno no acaba de aprender nunca», añade. «Pero aparte soy superestudioso... más bien un enfermo de esto» indica con sentido del humor para manifestar que también se fija en lo que pueden aportar ciertas figuras a estos jóvenes.
Conforme a si hay unas figuras o estilos que aportan más a la enseñanza, y sin querer meterse en dar nombres propios, De la Concha indica que algunos matadores se basan más en su inspiración, y que a pesar de su pericia no son tan óptimos para el aprendizaje de los alumnos como aquellos que define como «técnicos» y de los que «puedes empaparte más». Un maestro o profesor de escuela taurina también debe de lidiar, nunca mejor dicho, con otro elemento más, el hecho de que muchos alumnos quieran parecerse a aquellos que admiran a toda costa. En ese punto, el responsable de la escuela trata de ser ecuánime porque «no me gusta sacar a los alumnos de lo que sienten, aunque les insisto en que traten de ser ellos mismos, a partir de ahí intento corregirlos y limar pequeñas asperezas»
La savia nueva del toreo, la ilusión de los jóvenes, la experiencia del maestro y la historia de la plaza de toros confluyen en esta aventura que lleva hasta Cabra lo más complicado: aprender un oficio de tanto riesgo que, a la vez, puede ser un arte. Quizá un día, a la teoría, el toreo de salón y el tentadero, le sucedan el albero y el aplauso de un público entregado. Hasta entonces hay un camino de años de aprendizaje.