Ambiente del viernes noches en las Cruces de Mayo
El otro mayo cordobés: los profesionales invisibles que sostienen la fiesta
Camareros, floristas o taxistas, entre otros, son la otra cara de la moneda, los responsables de sostener con su trabajo y horas extras un mes lleno de celebraciones que ellos no disfrutan
Córdoba se viste de fiesta durante más de treinta y un días para dar su mejor versión. La mejor versión que se traduce en doblar turnos, noches en vela y un mes casi sin descanso para un sector de la sociedad que trabaja cuando otros duermes.
Para que la cata, las cruces, los patios y la feria sean un éxito, hay un escuadrón invisible que sostiene la ciudad a la sombra, casi en silencio.
Un mes al completo lleno de tradición, historia y fiestas -al que se unen bodas, comuniones, bautizos y confirmaciones- que se celebra gracias a los que no pueden disfrutarlo.
Detrás de cada brindis, baile, bocado y traje impoluto hay un gran número de personas que trabajan a contrarreloj para que el momento sea perfecto. Memorable. Que siguen trabajando cuando las luces ya se han apagado. Cuando el show ha terminado.
Mientras los cordobeses y visitantes bailan sevillanas y alargan sus noches, camareros, modistas, taxistas o repartidores sostienen una ciudad que no se postea en redes sociales.
«Es el disfrute para unos y el trabajo para otros»
Sin lugar a dudas, puede que los camareros sean la cara más representativa y sufrida del mayo cordobés. Son los que sostienen una conversación inteligible a las 4 de la mañana, los primeros en subir la persiana y los últimos en bajarla y los que siguen sirviendo con una sonrisa tras más de 8 horas dentro y fuera de la barra sin descanso.
Para algunos de ellos trabajar este mes puede suponer un dinero extra; para otros una forma de vivir o, para los habituales del sector, lo de siempre.
Paco González, de la La Segunda Gran Capitán (Av. de la Libertad, 12), lleva casi toda la vida en la hostelería y ya sabe de sobra de que va la historia. Ha aprendido a relativizar el trabajo de más y a sacar el lado positivo: «Es el disfrute de unos y el trabajo para otros; aquí en el Vial ha habido cuatro cruces y se ha notado que ha subido un poquito el nivel de clientes, cosa que se agradece porque cuando vienen los 40 o 45 grados de agosto, Córdoba se queda desierta».
En su jornada libre le queda tiempo para disfrutar, pero pocas ganas de hacerlo. «Nosotros aprovechamos el día de descanso y ese día es cuando intentamos disfrutar de la fiesta de Córdoba, pero claro, está complicado y más en la hostelería, pero se entiende como pasa en verano si te vas a la costa. ¿Quién es el que se baña, quién es el que disfruta el sábado de esos espetos o esas almejas? ».
«Llevo ya un mes trabajando los domingos»
Las manos de Mercedes González son mágicas. Bien lo saben todos -y no son pocos- los clientes que abren la puerta de su L’Atelier de Costura en la Calle Manolete, 21. Ella es una modista de las de siempre, de las que hacen las cosas de forma impecable y artesanal y de las que se comprometen de verdad.
No se le resiste nada: trajes de flamenca, de novia, para bautizos, comuniones, para el Rocío, la Feria de Sevilla, de Jerez o para un coro rociero. Para ella abril y mayo «son una locura».Eso sí, ella intenta avisar siempre y marcar los tiempos para que nadie se quede sin su vestido de flamenca para la Feria de Córdoba: «No me junteis todos los arreglos en mayo porque solo tengo 2-3 semanas».
«Desde enero empieza a venir todo lo que son las muestras de flamenca de Sevilla, me las dan y yo ya empiezo a ofrecer el tejido. A partir de ahí, le dijo a mis clientas que quieran hacerse el traje de gitana que tienen que pedirlo antes de marzo, porque en abril los tejidos se agotan porque vamos a la cola de Sevilla. Prefiero pedirlo pronto para que cada cordobesa escoja la tela que quiera y no la que hayan dejado».
Para llegar a tiempo «empiezo a arreglar trajes en abril porque hay mucha gente que va a la Feria de Sevilla». Y luego, entran las confirmaciones y las graduaciones que previamente eran en junio « y nos daban una tregua», pero ahora «se ha juntado todo», afirma.
Antes de cogerse unas merecidas vacaciones cuando el mayo cordobés toque a su fin, Mercedes tiene la maquina de coser a todo trapo. «Los sábado por la tarde me voy a mi casa y me llevo ropa, aunque sea para poner alfileres y llevo todos los domingos viniendo a trabajar por la mañana. Así un mes».
Las estrellas del mes
Rosas, peonías, hortensias o claveles. Las flores en todas sus tonalidades son las verdaderas protagonistas de este mes. Las encargadas de dibujar la tradición y embellecer las calles, plazas y los patios de toda la provincia.
Desde Semana Santa, el sector experimenta un subidón de pedidos. «Fué terminar las procesiones y empezar a preparar ya las flores de mayo. Empezamos a mediados de abril con los pueblos y las comuniones», explica Manuel, de una de las floristerías más bonitas y especiales de Córdoba, Pinsapo (Calle San Felipe, 11).
Durante este mes su misión es hacer arte con las flores, «renovar muchos patios, tanto de negocios como privados, muchas confirmaciones y empieza la temporada de bodas. Estamos a tope».
Para que todo llegue a tiempo, es imprescindible un equipo profesional y que dé la talla. «Los fines de semana doblamos personal y turnos. Echamos muchas más horas para organizar toda la flor que llega, los encargos. Un poco caos todo. Hasta que no llegue verano no descansas».
«No tenía vida»
Por su parte Paco, un taxista que prefiere no desvelar más sobre su identidad, es la otra cara de la moneda. El resultado del hastío absoluto y de entrega a un mayo cordobés que no compensa: «Me he perdido muchas cosas con mi familia. Me he tirado 30 años en la hostelería y no tenía vida».
Ahora, «este mes puedo disfrutar y salir a cenar con mi mujer». Una decisión -« la mejor de mi vida»- que le llevó a cambiar la barra del bar por el volante. «Trabajo de cuatro de la mañana a 12 del mediodía y hasta el día siguiente. Trabajo con la gente de Córdoba, con los barrios, con la periferia. No me suelo meter con el turismo».