25 de junio de 2022

Fernando González de Castejón y Jordán de Urríes, marqués Perijá y conde de Atares

Fernando González de Castejón y Jordán de Urríes, marqués Perijá y conde de AtaresTRECE

Suceso en la calle Serrano de Madrid  El curioso armamento sin licencia del Conde de Atarés

La Guardia Civil ha comprobado que no consta que el aristócrata hubiera tenido en ningún momento una licencia para poseer algún tipo de armamento

Este lunes se dio a conocer la noticia sobre un tiroteo, en una vivienda de la céntrica calle madrileña de Serrano. El crimen se saldó con tres víctimas mortales. Tras horas de suposiciones, se confirmó que uno de los fallecidos fue Fernando González de Castejón, conde de Atarés y marqués de Perijá, quien presuntamente disparó a su mujer y a una amiga de esta, para acabar suicidándose en su piso de unos 200 metros cuadrados.
Aunque fuentes de la investigación indicaron inicialmente que tenía el permiso en regla, la Guardia Civil ha comprobado que, en el Registro Nacional de Armas, no consta que el aristócrata hubiera tenido en ningún momento una licencia para poseer algún tipo de armamento.

El arsenal

Tras el primer reconocimiento del lugar de los hechos, la Policía Nacional encontró un arsenal, que González de Castejón exponía en el salón de su vivienda. El conde tenía en su poder una colección de armas cortas con silenciador, prohibido en España, y una cruz militar con una esvástica en el centro.
Junto a los dos cadáveres, en el suelo, estaba la pistola con la que el aristócrata habría cometido supuestamente el doble homicidio, quitándose la vida momentos más tarde.
Además, los agentes encontraron en una habitación del domicilio una caja con munición de arma corta, un uniforme militar y una bandera con el escudo de la época franquista.
En la cocina yacía, con un disparo en la sien, la mujer del conde, con la que tenía una hija de unos 10 años y que, en el momento de los hechos, se encontraba en un viaje al que también había acudido su madre, pero esta volvió a Madrid antes de tiempo.
El conde de Atarés y marqués de Perija, Fernando González de Castejón, presuntamente se suicidó tras cometer el crimen

El conde de Atarés y marqués de Perija, Fernando González de Castejón, presuntamente se suicidó tras cometer el crimen

La mujer había denunciado al aristócrata por malos tratos en 2018 y el hombre llegó a ser detenido. Sin embargo, ambos retomaron la relación y en la actualidad no constaban medidas cautelares en torno a la pareja.

Los hechos ocurrieron alrededor de las dos de la madrugada, cuando varios vecinos escucharon golpes y detonaciones.

Según las averiguaciones del Grupo V de Homicidios, encargado de la investigación del caso, los hechos no ocurrieron cuando el portero de la comunidad dio la voz de alarma al avistar desde el patio interior uno de los cadáveres -sobre las diez de la mañana-, sino alrededor de las dos de la madrugada, cuando varios vecinos escucharon golpes y detonaciones.

Una pareja conflictiva

Años antes de mudarse al 205 de la calle Serrano, la familia residía en una comunidad de vecinos, ubicada en el barrio madrileño de Pinar de Chamartín. Fuentes vecinales aseguran que su estancia, de alquiler en un piso de la calle Golfo de Salónica, no pasó desapercibida para la convivencia vecinal.
En concreto, la mujer del aristócrata español era una de las vecinas habituales que disfrutaba, en verano, de la piscina comunitaria. Sin embargo, eran frecuentes las discusiones con los vecinos, sin ningún motivo aparente. La mujer del conde de Atarés solía bajar a mediodía, momento en el que la piscina mostraba una menor afluencia, y, en más de una ocasión, tuvo algún rifirrafe con algún vecino.

Pese a que la familia aristócrata se hubiese modado, los vecinos de la comunidad de Pinar de Chamartín seguían viendo al matrimonio acudir a su piscina, con relativa asiduidad.

La familia decidió mudarse de aquella comunidad de vecinos antes de la llegada del coronavirus. Pese a este «cambio de aires», los vecinos de la comunidad de Pinar de Chamartín seguían viendo al matrimonio acudir a su piscina, con relativa asiduidad.
Una de las medidas que más repitió con la llegada de la pandemia, en las piscinas comunitarias, fue la de restringir el acceso a los invitados de los propietarios, quedando esta instalación restringida para el uso y disfrute de los vecinos. Única y exclusivamente. El matrimonio volvió a presentarse en la comunidad con el pretexto de haber sido invitados por algún inquilino, llegando a ser expulsados de la comunidad, debido a las ya mencionadas medidas sanitarias impuestas.
En lo referente al comportamiento del matrimonio durante su estancia, en este bloque vecinal, fuentes vecinales a han asegurado a El Debate que, pese a González de Castejón se comportase de forma extraña, «se le oía más a ella que a él».
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