La plaza de Olavide de Madrid
La plaza de Olavide: el rincón que aguarda el bello Chamberí
No es solo una plaza. Es un refugio, un punto de encuentro intergeneracional, un escenario de historias que reflejan en sí el alma de un barrio
Entre los rincones más urbanos de Madrid, repleto de grandes avenidas, monumentos emblemáticos y poco más allá de los bullicios turísticos, existe un Chamberí que cautiva la ciudad. Uno de esos espacios es La plaza de Olavide, ubicada en pleno centro del barrio de Chamberí, repleta a su alrededor de descubrimientos culinarios y monumentales que hacen de Madrid una capital con encanto.
Esta zona de fuerte carácter madrileño carga a su espalda una historia que resiste el paso del tiempo. Pero, la plaza de Olavide no siempre fue como la conocemos hoy. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando un crecimiento urbanístico del Madrid de su momento se abrió paso y comenzó a expandirse más allá del casco histórico, o la hoy conocida como Gran Vía. A medida que se consolidaba el barrio de Chamberí, así como zona residencial de clase media o media-alta, se hizo necesaria la creación de espacios públicos y emblemáticos para la gente de su zona, pero sobre todo estructuralmente bien ubicados y que sirvieran como punto de encuentro para los vecinos.
La plaza, que recibe su nombre en honor a Gaspar Melchor de Jovellanos Olavide —político e ilustrado del siglo XVIII—, rápidamente se convirtió en uno de los lugares más representativos del distrito de Chamberí, sirviendo como punto activo de servicios, pero sobre todo como punto reconocido por su actividad social. Durante buena parte del siglo XX, la plaza albergó un mercado de abastos, así como un lugar físico donde se concentraba una gran venta y distribución de productos alimenticios, especialmente productos frescos.
Vistazo de la Plaza de Olavide en Madrid tras la reforma
Estando cubierto por una estructura circular, que cautelaba los secretos más urbanos y sus comercios más activos, aunque fue demolido en los años 70, como parte de un plan de modernización urbana, no exento de polémica. El fin del mercado supuso un «golpe duro» para los vecinos de Chamberí, la destrucción de un enclave al que tanto querían y guardaban cariño. En su lugar, se construyó la plaza abierta que hoy conocemos, con zonas verdes, bancos, árboles frondosos, un parque infantil, pero sobre todo vida propia.
Actualmente, la plaza de Olavide es uno de esos raros espacios donde se respira una armonía difícil de encontrar en el centro de las grandes ciudades, el pueblo de la gran ciudad diría alguno. Su diseño circular, sus caminos y bancos estratégicamente colocados bajo la sombra de árboles centenarios, la convierte en un lugar ideal para el descanso, lectura o la charla. Además de servir como centro de espera, cercana a algunos de los considerados como mejores restaurantes castizos de la ciudad.
Es habitual ver a niños jugando mientras sus abuelos los vigilan desde los bancos cercanos; jóvenes tomando algo en las terrazas de los bares que rodean la plaza; parejas paseando o vecinos con sus mascotas, también común ver charlas que surgen de miradas entre vecinos de la zona, que quizás jamás antes se habían visto merodeando.
Así luce la reformada Plaza de Olavide
La plaza es también ahora un fiel reflejo de la evolución del barrio, que ha sabido reinventarse sin perder su esencia, que a pesar de haber sido un barrio olvidado ahora retiene a jóvenes y cada día atrae más turistas. Con una grandísima identidad local, Chamberí ha vivido una renovación liderada por la llegada de nuevas generaciones, quienes han conseguido levantar propuestas culturales, de la mano de un arte contemporáneo que por mucho tiempo que pase, aun los más mayores de la zona cuestionan.
Reflejo del alma de un barrio
Pero fuera de esta modernización ha quedado la plaza, que en este contexto, ha sabido mantener su papel como círculo residencial y acogedor del vecindario, en ella no se cuestionan las mejoras, esta plaza ya contiene todo ese encanto que la nueva Chamberí busca. Aquí conviven los vecinos de toda la vida con jóvenes profesionales, estudiantes y familias recién llegadas. Es un lugar donde aún se puede escuchar a los mayores contando historias del antiguo mercado o de cómo era el barrio antes de la renovación.
Plaza de Olavide en Madrid
Entre otros de los grandes atractivos del sitio se encuentra su ubicación, que tan bien está estratégicamente presentada. A pesar de estar relativamente cerca del centro, se encuentra lo suficientemente retirada agobiante turismo con el que Madrid hoy lidia, así es capaz de conservar una atmósfera tranquila. El futuro de la plaza de Olavide parece prometedor. Se han realizado en los últimos años mejoras en el suelo, accesibilidad e iluminación, incluso contentando a los más ecofriendly con la plantación de nuevas especies en sus alrededores.
En un Madrid en constante cambio, donde muchos espacios públicos están siendo transformados, lugares como Olavide nutren el espíritu y sirven de residencia para aquellos quienes buscan un ambiente más alejado del bullicio de la ciudad. La plaza de Olavide no es solo una plaza. Es un refugio, un punto de encuentro intergeneracional, un escenario de historias que reflejan en sí el alma de un barrio. Representa la historia de un barrio castizo que da forma a algo más grande: una comunidad.