Anboto este martes a su salida de prisión
Así se gestó la salida de Anboto de prisión: del rechazo de los psicólogos a su encuentro con víctimas a la semilibertad
El pasado 3 de julio, el Gobierno vasco celebró una sesión de sus denominados «encuentros restaurativos». Organizado en un caserío en la localidad de Altzo, se reunieron 17 presos de ETA con cinco víctimas de la banda terrorista. Allí, y en presencia de dos altos cargos del Gobierno vasco –el director de Justicia, José María Bastos, y el director de Servicios Penitenciarios, Pablo Martínez Larburu–, los presentes pasaron nueve horas donde hablaron, pasearon y comieron juntos.
El objetivo, promovido desde el Ejecutivo regional, era que los participantes intercambiasen reflexiones sobre sus recorridos personales, la decisión de entrar en ETA en unos y el dolor sufrido en otros. A la larga, los presos de la banda terrorista que accedían a participar en estas jornadas sabían que les acercaba a la concesión de la semilibertad a través del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, un atajo para garantizar beneficios penitenciarios a aquellos presos que todavía no cumplen los requisitos necesarios para obtener el tercer grado.
De los presos etarras presentes aquel caluroso día de verano en el baserri Arretxe –un lugar simbólico, ya que fue incendiado décadas atrás por la kale borroka– se puede identificar a Garikoitz Aspiazu Rubina, alias Txeroki, Olarra Guridi, Ainhoa Mujika, Jon Bienzobas, Gregorio Vicario, Idoia Mendizabal y Óscar Zelarain. Un patrón común les afecta, y es que, desde entonces, han accedido a regímenes de semilibertad.
Quien no estuvo presente aquel día, sin embargo, es María Soledad Iparragirre, alias Anboto. Ella, junto a otros tres presos –Juan Luis Rubenach, Juan Carlos Besance e Iratxe Sorzabal–, fueron descartados ya que los psicólogos de los centros penitenciarios, los trabajadores sociales y los jefes de servicio no apoyaban su participación en dicho encuentro. Según relata El Diario Vasco, las razones fue que les quedaba todavía mucha condena por cumplir –a Anboto, sin ir más lejos, siglos y siglos– y que tampoco habían participado anteriormente en otros encuentros que lleva programando el Gobierno vasco desde 2024.
El propio Ejecutivo vasco, que nunca ha ocultado la existencia de este programa, se refirió ayer a la salida de prisión de Anboto afirmando que «ha recibido el mismo tratamiento que cualquier persona reclusa en el sistema penitenciario vasco». «Nos hemos limitado a aplicar el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, lo que no supone en ningún caso acceder al tercer grado ni tampoco supone el cumplimiento definitivo de la condena», recalcó María Ubarretxena, portavoz del Gobierno vasco.
La portavoz del Gobierno Vasco, Maria Ubarretxena
Sin embargo, y al contrario de lo que dice María, es difícil observar precedentes de una persona que accede a la semilibertad habiendo cumplido tan solo un 2,7 % de su condena –22 años de 793–. También, el no haber estado presente en esas jornadas con las víctimas choca con el motivo de aplicación del artículo 100.2, que presupone arrepentimiento y reinserción social.
Quizás, la que mejor ha explicado la salida de Anboto de prisión ha sido Consuelo Ordóñez, presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo y hermana del asesinado Gregorio Ordóñez –un crimen por el que investigan a Anboto–, cuando dijo: «Está claro que estamos ante una etarra VIP para la izquierda abertzale, y precisamente por eso se está forzando una vía excepcional para facilitar su salida de prisión antes de que haya cumplido las partes de su condena, requisito ineludible para acceder al tercer grado».