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20 de julio de 2024

Altana del Hotel Londra Palace 2

Las impresionantes vistas de Venecia desde el Hotel Londra Palace 2

Viajes

La sorprendente historia de las azoteas más cotizadas de una de las ciudades más bellas del mundo

Las nuevas joyas de Venecia se encuentran sobre sus tejados. Son sus centenarias altanas, antiguas «peluquerías renacentistas» reconvertidas en exclusivos paraísos de aire «chill out» en tiempos de la masificación turística

No se suele mirar a las alturas en Venecia, más allá de fijarse en los campaniles, en las cúpulas de sus más de cien iglesias, en los pisos altos de las fachadas de sus soberbios palacios. La vista se dirige, inevitablemente, al suelo, al agua, a los canales, a las góndolas, a los escalones de los puentes que cruzan sus pequeños canales o al teléfono móvil propio.

Google Maps es casi imprescindible para orientarse en esta ciudad encantadoramente laberíntica con un sugerente glosario urbanístico único en el mundo: piazza, campo, fundamenta, ruga, sotoportego… Pero al viajero con cierta curiosidad no se le pasa desapercibida la presencia de unas pequeñas plataformas de madera sostenidas por pilares de piedra que parecen surgir de los tejados de los edificios más antiguos, como buscando el cielo.

Se llaman altanas, otra palabra a sumar a ese peculiar glosario. Su construcción en sencilla. Además de su suelo de madera anclado por esos pequeños pilares, cuadrado o rectangular, tienen pasamanos o barandillas y unas maderas cruzadas en forma de X en sus cuatro lados. Todas son prácticamente iguales. Destacan algunas de ellas que se adornan con flores o tienen mobiliario de jardín. Como puede comprobarse en algunos cuadros de Canaletto o Carpaccio, entre otros, llevan allí siglos.

El nacimiento de este tipo de terrazas, se debió al intrincado trazado urbanístico de la ciudad, con un alto porcentaje de viviendas sin iluminación, poca ventilación, en definitiva, un lugar útil para tender la ropa y usos afines. Pero la verdadera proliferación de las altanas se debe a la moda del Renacimiento, y concretamente, a la «liberación» del cabello en esta época, que se despoja de tocas y velos medievales y hace de la larga cabellera femenina un elemento importante de su nueva coquetería.

Ahora bien, el color de moda es el castaño claro y esos rubios suavemente rojizos que vemos en dos de las principales musas del Renacimiento: Simonetta Cattaneo (modelo inspiradora del Nacimiento de Venus, de Botticelli), y Giovanna Tornabuoni, magistralmente retratada por Ghirlandaio con su cabello como elemento protagonista. Y es en ese contexto de la nueva estética renacentista en el que las siempre coquetas venecianas inventan el tinte de pelo, pues muchas de ellas tenían el cabello oscuro o casi negro.

La decoloración capilar nace en Venecia y toda la forma de un mejunje de especias, hierbas y orina de caballo u otros animales (que llevaba amoniaco, como los tintes actuales) que requería de su exposición al sol para que hiciera efecto más rápida y profundamente. Y es ahí donde entra en juego la altana, como espacio práctico y necesario para que las venecianas pudieran cambiar su pelo de color. Resulta divertido imaginárselas allí con esponjas impregnadas de orín en la cabeza mientras uno disfruta de un Bellini (otro invento veneciano) en una de las cotizadas altanas de la ciudad.

Altana Hotel Splendid Venice

Altana del Hotel SplendidCHIARA CADEDDU

Algunos de los numerosos apartamentos turísticos disponibles en la ciudad de los canales presumen en sus descripciones de ofrecer altanas, especialmente en esta época del año: permiten estar al aire libre, lejos de las masas y con unas vistas inéditas de la ciudad.

También encontramos altanas en algunos hoteles de Venecia, no en demasiados, pues hace falta un permiso especial para construir una altana, casi imposible de conseguir dadas las restricciones de la ciudad, y la mayoría de las existentes llevan cientos de años sobre sus tejados. Es el caso de altana del Hotel Splendid, cuya magnífica ubicación, entre la Plaza de San Marcos y el Puente de Rialto, hace de este rooftop uno de las que ofrece mejores vistas del corazón histórico de la ciudad.

Más amplia de lo habitual, puesto que es la resultante de la unión de dos antiguos palacios, tiene una parte ajardinada con toda una pared de jazmín cuyo olor inunda este pequeño reducto casi desconocido. «Cualquier hora del día es deliciosa, pero mi preferida es sin duda la mañana. Me gusta subir aquí y oír las campanas, tenemos siete iglesias pegadas», explica a El Debate su director, Salvatore Pisani.

Desde una de las esquinas del Splendid se puede prácticamente tocar el campanario de la Iglesia de los armenios, una comunidad con importantes vínculos históricos con Venecia, que todavía celebra misa una vez al mes y también se disfruta del campanile de San Marcos y de sus cúpulas bizantinas recubiertas de plomo de la extraordinaria basílica. Ver anochecer con un Bellini en la mano mientras el sol se pone es un momento muy mágico. También se puede cenar o tomar una pizza y tiene la gran ventaja de que está abierta para clientes no alojados en el establecimiento.

Aman Venice, Italy - Exterior, Garden.jpg

Exterior del jardín de Aman Venice

Por lo general, y dado su pequeño tamaño, las altanas de los hoteles están reservadas a los clientes hospedados y sus vistas varían mucho en función de su localización. Otra de las más espectaculares, sin ninguna duda, es la del histórico hotel Londra Palace, uno de los más antiguos de la ciudad, en funcionamiento desde 1853, con sensacional ubicación frente a la laguna, a un paso del Puente de los Suspiros.

Su dilatado pedigrí incluye las estancias de, entre otros, Julio Verne, Gabriele d’Annunzio y Jorge Luis Borges. Tchaikovsky compuso en la habitación 106 del hotel, durante su estancia en 1877, el primero de los tres movimientos de su Sinfonía Nº 4. Si su historia es apasionante, las vistas de su altana son realmente únicas, casi insospechadas, dada su altura y amplitud. 360 grados que abarcan esa parte más acuática de la ciudad por un lado, las cumbres de los vecinos Dolomitas (en invierno, cubiertos de nieve), el Arsenal, los Jardines de la Bienale, el Lido, las islas de Murano, Burano, Giudecca, San Marcos, buena parte del Gran Canal y todo ese mar de tejadillos, cúpulas y campaniles de los barrios de San Marcos y Castello.

«La altana se reserva en exclusiva para un huésped, pueden desayunar aquí, tomar el aperitivo, un picnic y todos los años tenemos unas cuantas peticiones de boda», explica el veterano y afable Daniele Salata, con dos décadas a sus espaldas en el único Relais&Châteaux de la capital del Véneto.

Se desconoce el lugar en el que el actor George Clooney pidió matrimonio a Amal Alamuddi, pero su enlace en el hotel veneciano Aman fue uno de los más mediáticos de los últimos tiempos. El soltero de oro de Hollywood decía adiós a su estado civil en 2014 en el que es sin duda uno de los más bellos hoteles del mundo, perteneciente al grupo de super lujo Aman.

Altana del Hotel Londra Palace

Altana del Hotel Londra Palace

Abierto hace tan solo 11 años en el histórico Palazzo Papadopoli, uno de cuyos edificios perteneció a la familia Tiepolo, lo que explica la presencia de numerosos frescos del célebre pintor. Sus interiores son realmente bellísimos, no solo tiene numerosos frescos de Tiepolo, una chimenea del escultor Sansovino, extraordinarias lámparas. Posee algo bastante inusual en Venecia: un pequeño jardín junto al Gran Canal, que al igual que el resto de sus espacios públicos, puede disfrutarse para tomar un aperitivo, comer o cenar sin necesidad de estar hospedado.

Pero su pequeño secreto exclusivo para quien se aloja en este soberbio palacio, considerado uno de los mejores hoteles urbanos del mundo, se encuentra en su altana. «Además de una copa o un aperitivo o un café, ofrecemos algo que nadie más tiene, clases de yoga al amanecer en nuestra altana, sobre todas estas cupulas y campaniles», explica a El Debate Licinio Garavaglia, su director.

La altana de Aman o cómo disfrutar de la Serenísima en clave de la calma más exclusiva en las antípodas del turismo masivo. La auténtica cara B de la primera ciudad del mundo que cobra por acceder a ella, marcando todo un hito en la historia del turismo.

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