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HorizonteRamón Pérez-Maura

Y ahora Napoleonchu quiere mediar

Por aclarar. ¿Cuándo ha dejado España de reconocer al régimen de Maduro? ¿Rompió relaciones con él cuando robó las elecciones presidenciales?

Hubo un tiempo en que nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores tenía el nombre de Ministerio de Estado. Creo que le daba mucho más peso. La política exterior es, por antonomasia, la política de Estado. Con el tiempo ese criterio se ha ido degradando y hoy se llama Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación. Todo ello cabría bajo la apelación de Ministerio de Estado. Incluso bajo la de Asuntos Exteriores. Pero se trata de ser lo más rimbombantes posible. Cualquier día Napoleonchu le disputa a Margarita Robles las competencias sobre el Espacio que este Gobierno atribuyó, presuntuosamente, al Ministerio de Defensa.

La realidad es que bajo el actual Gobierno y en materia de Exteriores, sería desgraciadamente lógico que el titular de esas competencias no tuviera rango de ministro, sino de mero secretario. Porque en lugar de trazar la que debe ser la política del Gobierno y de la nación en la materia, se limita a hacer de ejecutor de las iniciativas del presidente del Gobierno. Como se hace en los Estados Unidos, donde no hay ministros, sino secretarios que rinden cuentas al presidente.

El ejemplo más bochornoso en esta materia lo hemos visto el pasado domingo, cuando tras la extracción de Nicolás Maduro y su mujer, España suscribió con Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay un comunicado condenatorio de lo sucedido. Comunicado que va mucho más allá del realizado por los países de la Unión Europea a excepción de Hungría. Este alineamiento es claramente un posicionamiento ideológico con la izquierda iberoamericana. Jamás una política de Estado. Y que no haya lugar a equívoco. Recuérdese que por Chile lo ha suscrito el presidente Boric, que está en funciones. El ganador José Antonio Kast ha apoyado explícitamente la iniciativa norteamericana.

En el inverosímil comunicado se dice que «la situación en Venezuela debe resolverse exclusivamente por vías pacíficas, mediante el diálogo, la negociación y el respeto a la voluntad del pueblo venezolano en todas sus expresiones, sin injerencias externas y en apego al derecho internacional». Grande. ¿Qué han hecho esos países para exigir el respeto al resultado de las últimas elecciones presidenciales de 2024? ¿Qué iniciativas han tomado para impedir las injerencias de Rusia, China o Irán?

Esto es extremadamente grave porque lo que está diciendo España es que la intervención de Estados Unidos –de muy pocas horas, por cierto– nos parece muy mal, pero no la de esas dictaduras. Ante el mundo queda claro con quién se quiere alinear España.

En medio de la bamboleante reacción de la Moncloa, Sánchez tuiteó el sábado por la tarde que «España no reconoció al régimen de Maduro. Pero tampoco reconocerá una intervención que viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo». Grande. Por aclarar. ¿Cuándo dejó España de reconocer al régimen de Maduro? ¿Rompió relaciones con él cuando robó las elecciones presidenciales? Y cuando dicen que tampoco reconocerán la intervención, tiene que salir a las pocas horas Napoleonchu a decir que reconoce a Delcy Rodríguez como presidente. ¿Sería ella presidente si no fuera por la intervención de Estados Unidos? ¿Se puede hacer más el ridículo?

Pues sí. Se puede. En un comunicado difundido por Exteriores, Napoleonchu se mostró «dispuesto a prestar sus buenos oficios para lograr una solución pacífica y negociada a la actual crisis». ¿Ante quién se va a ofrecer España como mediador? ¿Ante Estados Unidos? ¿Va a mandar a Rodríguez Zapatero a realizar la tarea? ¿Van a empezar por felicitar tarde y mal a María Corina Machado por su premio Nobel de la Paz?

No son pocas las voces discordantes que surgen en el centro y la derecha en España con la acción de extracción del matrimonio Maduro que ha realizado Estados Unidos al denunciarla como violación del derecho internacional. Yo asumo como mías las ideas expresadas por El Debate en su editorial sobre la materia «Trump hace Justicia»: «Por encima de cualquier soberanía nacional están los Derechos Humanos que Nicolás Maduro ha violado de muchas maneras: torturando a sus rivales políticos, ignorando la voz de los venezolanos legítimamente manifestada en unas elecciones en las que los observadores internacionales, casi sin excepción, denunciaron el resultado avalado por el Gobierno venezolano y, por último, por ahora, pero muy destacadamente, convirtiendo a su país en el mayor cartel de la droga del mundo. Y ese negocio es también una violación de esos derechos porque se trata de enriquecer a los gestores del cartel venezolano a costa de las vidas de ciudadanos de medio mundo.»

No tengo más que añadir.

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