Lago volcánico Albano y vista aérea del pueblo de Castel Gandolfo.
Cosas que no sabías de Castel Gandolfo, el lugar de vacaciones del Papa
Por primera vez, las dependencias vaticanas permanecen abiertas a locales y turistas mientras el Pontífice reside temporalmente en el histórico Castel Gandolfo
Dicen que Roma está a 10.000 pasos del mar. Y a la misma distancia, unos 29 kilómetros al sureste de la capital italiana, se encuentra Castel Gandolfo, el particular paraíso papal. Esta pequeña localidad de apenas 8.000 habitantes, colgada sobre las aguas azules del lago Albano, ha estado ligada a la historia del papado desde hace más de cuatro siglos.
Esta pequeña localidad colgada sobre las aguas azules del lago Albano ha estado ligada a la historia del papado desde hace más de cuatro siglos
Este verano vuelve a estar en boca de todos desde que León XIV comunicó su decisión de reinstaurar la tradición, interrumpida por su predecesor Francisco, de pasar parte de sus vacaciones estivales en este rincón de los Castelli Romani. En julio ya permaneció allí durante dos semanas, alojado discretamente en una dependencia dentro de Villa Barberini, y lo volverá a hacer en agosto.
Plaza de la Libertad
Piazza della Libertá, frente al Palacio Apostólico de Castel Gandolfo.
Según ha anunciado El Vaticano, su regreso coincidirá con la festividad de la Asunción de María. El pontífice celebrará misa el 15 de agosto por la mañana y ese mismo día rezará el Ángelus a las 12:00 en la Plaza de la Libertad. También está previsto que repita el Ángelus el domingo 17. Su presencia, además de muy esperada en la localidad, coincide con Año Jubilar, lo que augura una notable afluencia de peregrinos y visitantes en esos actos, y muy especialmente en la Plaza de la Libertad, que en verano viene a ser una suerte de explanada del Vaticano.
La presencia del Papa en Castel Gandolfo se vive este año con especial entusiasmo porque supone recuperar una tradición
La presencia del Papa se vive este año con especial entusiasmo, no solo por tratarse del Año Jubilar, sino porque supone recuperar una tradición de más de cuatro siglos, interrumpida durante el pontificado de Francisco. Aunque su predecesor visitó Castel Gandolfo en tres ocasiones, nunca llegó a pasar allí sus vacaciones. En cambio, dejó un legado distinto: fue él quien abrió por primera vez al público los jardines de Villa Barberini y transformó el Palacio Apostólico en una de las sedes del Museo Vaticano, permitiendo que el recinto papal pudiera ser recorrido por visitantes de todo el mundo.
Peregrinos y turistas
Preciosa vista del lago Albano y la ciudad de Castel Gandolfo, residencia de verano del Papa.
La novedad histórica de este verano es que, por primera vez, el Papa está presente… y también los turistas. Las visitas al complejo siguen activas, incluso durante la estancia pontificia, lo que añade un matiz inédito a la experiencia. Y junto a los peregrinos y curiosos, también llegan muchos romanos, que desde hace generaciones ven en Castel Gandolfo un lugar de frescor, sombra y escapada cercana. Porque, aunque su nombre remita inevitablemente al papado, Castel Gandolfo también es una playa interior, un picnic con vistas, un domingo de sandalias y libro al sol.
Familias enteras huyen del «ferragosto» de Roma y buscan aquí lo que siempre ofrece: verde, agua y sombra
No, no hace falta vestir sotana blanca para ir a Castel Gandolfo. Aunque su nombre lo eclipsa todo (y durante siglos ha estado ligado a la liturgia, al protocolo y a los veraneos papales), esta pequeña localidad próxima a la capital también es, desde hace décadas, un destino recurrente para muchos romanos. Especialmente en verano, cuando el calor aprieta y Roma se vacía, familias enteras huyen del «ferragosto» y buscan aquí lo que siempre ofrece: verde, agua y sombra.
Rutas por el lago
El lago Albano, de origen volcánico, puede recorrerse a pie o en bicicleta en una ruta circular de unos seis kilómetros, flanqueada por árboles y juncos, donde pasean parejas, niños con sus bicis o patinetes y lectores solitarios con toalla y novela bajo el brazo. Se puede nadar, alquilar una canoa, tenderse al sol o sentarse en una terraza frente al agua con un café granizado después de un buen almuerzo.
Buena mesa
Restaurante Pagnanelli.
La pequeña localidad tiene fama de buena mesa. Desde restaurantes con vocación gastronómica hasta trattorias populares junto al lago, hay opciones para todos los gustos y para casi todos los bolsillos. El más célebre es Pagnanelli, fundado en 1882 y gestionado por la misma familia desde hace generaciones. Su terraza con vistas al lago, su bodega monumental y sus platos de temporada lo convierten en una referencia ineludible. En un registro más informal, Da Agnese conserva el espíritu de las trattorias de domingo: largas mesas, vino de la casa, y porchetta (el tradicional cerdo asado típico de los Castelli Romani) servida con pan caliente y bullicio familiar, especialmente los domingos.
Fresas para El Vaticano
Puesto de fresas en el cercano pueblo de Nemi.
También Nemi, el pequeño pueblo vecino, se cuela en el paladar de Castel Gandolfo. Famoso por sus fresas silvestres, muchos postres de la zona incluyen las célebres fragoline di bosco. Durante años, una pastelería local enviaba tartas de fresas al Vaticano como gesto de cortesía. En su escaparate de este forno aún puede verse una carta de agradecimiento firmada por la Secretaría de Estado del Vaticano, donde se recuerda el detalle con sobriedad vaticana y calidez vecinal.
Durante años, una pastelería local enviaba tartas de fresas al Vaticano como gesto de cortesía
No es un caso aislado: en muchos bares y tiendas de recuerdos hay colgadas fotos de Papas anteriores, dedicatorias, relatos manuscritos... Los comerciantes y vecinos recitan de memoria los nombres de los pontífices que conocieron, y no son pocos los que recuerdan también las visitas de presidentes, jefes de Estado o embajadores que venían a ver al Papa durante los veranos.
Los comerciantes y vecinos recitan de memoria los nombres de los pontífices que conocieron
En algunas librerías del centro, especializadas en historia eclesiástica, se explica con detalle cómo Castel Gandolfo pasó a formar parte del patrimonio de la Santa Sede. Fue en 1596 cuando la villa fue adquirida por El Vaticano, aunque no fue hasta el siglo XVII cuando comenzó a utilizarse como residencia oficial. Urbano VIII fue el primer Papa en veranear aquí y encargó a Gian Lorenzo Bernini la ampliación del Palacio Apostólico.
La huella de cada Papa
Ambiente en las terrazas y «trattorias» de Castel Gandolfo.
Con el tiempo, se fueron sumando otras villas, jardines y edificios, hasta formar un conjunto de más de 55 hectáreas, que hoy en día (como muchos ignoran) supera en extensión al propio Estado Vaticano. A lo largo de los años, cada pontífice ha dejado su huella en Castel Gandolfo. Juan Pablo II mandó construir una piscina; Benedicto XVI escribió allí un cuento infantil sobre peces dorados. El Papa Francisco, aunque nunca pasó sus vacaciones en la villa, plantó un huerto en los jardines de Barberini que, según parece, todavía surte a la cocina vaticana.
Urbano VIII fue el primer Papa en veranear aquí y encargó a Gian Lorenzo Bernini la ampliación del Palacio Apostólico
Este verano se llegó a especular con la construcción de una pista de pádel o incluso de nuevas instalaciones hípicas, lo que obligó al Vaticano a desmentirlo públicamente. Lo que sí se ha confirmado es la renovación de la pista de tenis, y no faltan quienes sugieren que podría ser una buena ocasión para que el Papa León XIV, gran aficionado a este deporte, estrene por fin la raqueta que le regaló Jannik Sinner, flamante campeón italiano de Wimbledon, durante su audiencia papal en el último Open de Roma.