Villa de Fiesole, en la Toscana de Italia

Villa de Fiesole, en la Toscana de ItaliaHagai Agmon-Snir

Fiesole, la colina de la Toscana donde los Médici huían del calor y Leonardo da Vinci soñó con volar

La localidad junto a Florencia vuelve al mapa viajero con la reapertura de Villa San Michele, uno de los hoteles míticos de la Toscana, tras dieciocho meses de cierre y reforma

Cuando el calor apretaba en Florencia, los Médici subían a Fiesole. No tenían que alejarse demasiado de la ciudad, pero sí lo suficiente para cambiar de aire, ganar altura y pasar el verano entre colinas de olivos, cipreses, muros de piedra, jardines en terrazas y villas abiertas hacia el valle del Arno. La familia más influyente del Renacimiento convirtió este antiguo enclave, situado a pocos kilómetros del Duomo, en una de sus zonas de retiro favoritas, con una forma muy florentina de entender el descanso: lejos del ruido y del calor, pero no demasiado lejos del poder.

La familia más influyente del Renacimiento convirtió este antiguo enclave, situado a pocos kilómetros de Florencia, en una de sus zonas de retiro favoritas

Fiesole, sin embargo, no empezó con los Médici. Mucho antes de que las grandes familias florentinas descubrieran las ventajas de pasar los meses de más calor en estas colinas, ya habían estado allí los etruscos y después los romanos. Su área arqueológica conserva todavía el teatro, restos de termas, templo y museo, una pequeña concentración de historia antigua a muy poca distancia de una de las ciudades más visitadas de Europa.

El no vuelo de Da Vinci

El anfiteatro romano de Fiesole

El anfiteatro romano de FiesoleGetty Images/Liz Leyden

A la larga historia de Fiesole, una población de unos 15.000 habitantes, se añade una de las leyendas más sugerentes del Renacimiento. En Monte Ceceri, un parque de bosques, canteras y senderos situado sobre la colina, la tradición sitúa el lugar desde el que Leonardo da Vinci habría querido probar uno de sus artefactos voladores. El piloto no habría sido el propio Leonardo, sino Tommaso Masini, conocido como Zoroastro da Peretola, un personaje de su entorno con fama de mago, alquimista y hombre un tanto inclasificable. Según el relato, se lanzó con una máquina inspirada en el vuelo de los pájaros diseñada por Da Vinci y el intento terminó en caída. No hay certeza documental suficiente para contarlo como hecho probado, pero la escena sigue formando parte del magnetismo de Fiesole.

Una reapertura sibarita

Villa San Michele, el hotel de la cadena Belmond instalado en un antiguo convento

Villa San Michele, el hotel de la cadena Belmond instalado en un antiguo conventoMATTIA AQUILA

Ahora, ese pequeño municipio toscano vuelve al mapa viajero de los más sibaritas por la reapertura de Villa San Michele, el hotel de la lujosa cadena Belmond instalado en un antiguo convento franciscano. Tras dieciocho meses de cierre y una profunda renovación, la propiedad ha vuelto a abrir con sus 39 habitaciones y suites transformadas, nuevos jardines, una piscina rediseñada, una propuesta gastronómica más ambiciosa y un lujoso spa. El dato justifica la actualidad, pero el interés del lugar va bastante más allá de la reforma e incluso de una sonada fiesta de apertura con invitados como Gwyneth Paltrow o Alexa Chung. Villa San Michele tiene, por sí misma, una biografía que resume muy bien la atracción que Fiesole ha ejercido sobre religiosos, militares, banqueros, viajeros internacionales y grandes fortunas.

Gwyneth Paltrow asistió a la reapertura de Villa San Michele

Gwyneth Paltrow asistió a la reapertura de Villa San MicheleVirgile Guinard

Durante siglos, Villa San Michele no fue una villa ni un hotel, sino un convento franciscano dedicado a San Miguel Arcángel. Su origen está ligado a los Davanzati, una de las grandes familias de la Florencia medieval y renacentista, que entregó estos terrenos a los frailes e hizo posible la construcción del conjunto. Allí hubo iglesia, claustro, celdas, huertos y esa posición privilegiada sobre Florencia que explica buena parte de su historia posterior.

De Napoleón al Chase National Bank

Fachada del Villa San Michele, A Belmond Hotel

Fachada del Villa San Michele, A Belmond HotelJonangelo Molinari

La llegada de Napoleón a Italia quebró aquella vida monástica y abrió una etapa muy distinta: el propio emperador utilizó la propiedad como cuartel general en la zona, sumando su nombre a la lista de figuras de poder que, de una forma u otra, pasaron por esta casa. Después, aquellas medidas contra numerosos conventos y propiedades religiosas hicieron que el antiguo monasterio dejara atrás su función original y empezara una existencia marcada por propietarios privados, usos domésticos y nuevas ambiciones.

Napoleón utilizó la propiedad como cuartel general en la zona, sumando su nombre a la lista de figuras de poder que, de una forma u otra, pasaron por esta casa

A principios del siglo XX llegó uno de los personajes decisivos en la transformación de la propiedad. Henry White Cannon, financiero estadounidense y presidente del Chase National Bank de Nueva York, compró la villa en 1900 y la convirtió en una gran residencia privada internacional. A él se atribuye buena parte de la configuración moderna de los jardines, los invernaderos y esa lectura paisajística de la propiedad tan ligada al gusto de los viajeros anglosajones enamorados de Italia, del Renacimiento y del viejo Grand Tour.

Fortunas y romances

Interior del Villa San Michele que recuerda su pasado como convento franciscano

Interior del Villa San Michele que recuerda su pasado como convento franciscanoAdrian Gaut

Después de la Segunda Guerra Mundial, Villa San Michele pasó por manos de Lucien y Mary Teissier, un matrimonio cosmopolita que empezó a abrir la casa a huéspedes ante el coste de mantener la propiedad. Mary, nacida Maria Petrovna Perevostchikova en Odesa, añade una capa novelesca a la historia del lugar por su larga relación con J. Paul Getty, el magnate del petróleo considerado durante años uno de los hombres más ricos del mundo, otro habitual del lugar. La villa entraba así en esa geografía internacional de fortunas, aristocracias desplazadas y grandes casas europeas que marcó buena parte del siglo XX.

Villa San Michele conserva la escala contenida de un antiguo convento, con habitaciones que en algunos casos siguen siendo exactamente las antiguas celdas de los monjes

La transformación hotelera definitiva llegó en 1982, cuando James B. Sherwood, el empresario norteamericano que ya había comprado el Cipriani de Venecia y había iniciado la recuperación del Venice Simplon-Orient-Express, incorporó Villa San Michele a su grupo como su segundo hotel de un grupo que ahora lleva el nombre de Belmond y fue adquirido por Bernard Arnault, el hombre más rico de Europa.

Fachada renacentista

La reforma no ha cambiado la fisonomía esencial del edificio, aunque quizá tampoco convenía tocar demasiado lo que ya funcionaba por sí solo. Villa San Michele conserva la escala contenida de un antiguo convento, con pasillos, desniveles, estancias irregulares y habitaciones que en algunos casos siguen siendo exactamente las antiguas celdas de los monjes. Su imagen más célebre sigue siendo la fachada renacentista, atribuida en algunas ocasiones a Miguel Ángel, y esa logia del siglo XVI abierta hacia Florencia donde ahora se instala Antesi, el nuevo restaurante dirigido por Alessandro Cozzolino. Tiene solo ocho mesas y conviene ir antes del anochecer para disfrutar sus soberbias vistas de las colinas, la ciudad y, a lo lejos, la cúpula del Duomo.

Suite del Villa San Michele, A Belmond Hotel

Suite del Villa San Michele, A Belmond HotelAdrian Gaut

Villa San Michele es el gran nombre de este extraordinario paraje, pero no el único modo de alojarse en Fiesole. Tampoco el más accesible. En temporada alta, dormir en el Belmond cuesta por encima de los 2.000 euros la noche, lo que deja el plan reservado a los bolsillos más pudientes. La buena noticia es que la localidad ofrece alternativas más razonables para quienes busquen el mismo cambio de aire sin instalarse necesariamente en uno de los hoteles más difíciles de reservar de Italia. Hay pequeñas villas, hoteles familiares y establecimientos con jardín o piscina, como la Pensione Bencistà o FH55 Hotel Villa Fiesole, que permiten dormir fuera del centro histórico sin renunciar a Florencia. La línea 7 de autobús conecta Fiesole con la ciudad en unos 15 o 20 minutos, una distancia suficientemente corta para visitar museos y suficientemente larga para agradecer, al volver, que la concurrida Piazza della Signoria quede un poco más abajo.

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