A partir de los tres a los seis años los niños pueden ya ayudar con labores un poco más complejas
Orden en el hogar
Cinco pasos para enseñar a los niños a ayudar con las tareas del hogar
Es a partir de los dos años cuando comienza a desarrollarse el juego simbólico, aquel en el que los niños imitan acciones de los adultos de la vida real
Desde que son pequeños, los niños pueden ir asumiendo responsabilidades en el hogar. Quizá no se le encargue a los tres años que prepare el desayuno, pero sí que sea su tarea asignada poner la ropa sucia en el cesto o recoger los juguetes al final del día.
Sobre todo en los primeros años tendrán que ser labores, las que tenga que realizar solo, adaptadas a su edad y nivel de madurez. Es a partir de los dos años cuando comienza a desarrollarse el juego simbólico, aquel en el que los niños imitan acciones de los adultos de la vida real. En este momento, ya algún que otro pequeño coge torpemente una escoba e intenta barrer (con más o menos éxito).
Los niños aprenden de lo que ven en casa, pero en lo que atañe a las tareas del hogar, hay ciertos aspectos que los padres han de tener en cuenta si no quieren terminar siendo ellos quien se ocupen de todo.
1. Hacer la tarea juntos. Para que un niño aprenda una determinada acción (y que la haga bien) hay que enseñarlo a fondo cómo se hace, no basta con la imitación. Al niño hay que dedicarle tiempo, porque su ritmo de aprendizaje es más lento, pero si se le enseña paso a paso, al final adquirirá las competencias para cada tarea que se le encomiende.
2. Reforzar positivamente. Un «¡qué bien lo has hecho!» es la llave para engrosar su confianza y autoestima. Los niños buscan constantemente
3. La paciencia es clave. A la primera quizá no consiga colocar los platos en el lavavajillas en orden, pero la práctica hace la perfección. Es preferible primero trabajar en una tarea y luego pasar a otra, e ir introduciendo progresivamente su colaboración en casa.
4. La vida es juego. Para los niños no es como para Calderón de la Barca. Cuando una tarea, que en principio es una obligación, se convierte en una diversión, se muestran más motivados y predispuestos a realizarla.
5. Respetar su ritmo y maduración. Cada niño es distinto y aprende a una velocidad. Igual que la paciencia es fundamental, también lo es encomendarle tareas que sean acordes a su nivel de desarrollo.