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Albert Einstein a los 6 años de edad

Muy curiosos y más sensibles: así son los niños con altas capacidades

Estos niños suelen mostrar un deseo constante de aprender y explorar. Formulan preguntas profundas y buscan respuestas más allá de lo que suele ser habitual para su edad

Albert Einstein era un alumno pésimo. Tardó más de lo normal en empezar a hablar y parecía que su desarrollo intelectual era lento comparado con la media de su edad. No destacaba en la escuela, ni por sus notas ni por su comportamiento. De hecho, abandonó la secundaria antes de terminarla. A pesar de todo ello, son su coeficiente intelectual de 160, desarrolló la teoría de la relatividad y ganó el premio Nobel de Física en 1921.

La lengua o los idiomas no se le daban ni la mitad de bien que la física o las matemáticas. Era muy creativo, a la par que rebelde, lo que le llevó a granjearse la enemistad de algunos de sus profesores del colegio alemán en el que estudió hasta 1894. Algunas de las características que el famoso físico alemán presentaba en su niñez son las que han utilizado los expertos y los estudios para identificar a otros menores con altas capacidades.

Estos niños suelen mostrar un deseo constante de aprender y explorar. Formulan preguntas profundas y buscan respuestas más allá de lo que suele ser habitual para su edad. Así las cosas, poseen una capacidad de comprender ideas complejas y abstractas, señal de que su razonamiento lógico es mayor al de la media.

Desde edad tempranas, los menores con altas capacidades muestran unas habilidades del leguaje avanzadas y un amplio vocabulario. Este desarrollo cognitivo suele ir de la mano también de una alta sensibilidad emocional, lo que provoca que reaccionen de manera desmesurada a situaciones diarias.

No son despistados. Se llama pensamiento arborescente, es decir, sus cerebros generan muchas ideas de forma simultánea, lo que les dificulta focalizarse en una sola tarea. Por otro lado, se compensa con un nivel de energía alto y una tendencia a involucrarse en varias actividades al mismo tiempo.

Son perfeccionistas y detallistas, como lo era Einstein. Esto les puede llevar a establecer expectativas elevadas para sí mismos, que mal gestionado, puede derivar en autocrítica y pérdida de confianza en uno mismo. Por otro lado, ante los errores o la falta de actividad, pueden mostrar una baja tolerancia a la frustración. Los menores con altas capacidades pueden experimentar dificultades para relacionarse con otros niños de su edad. Esto es debido a las diferencias de sus intereses. Al igual que le sucedió al físico de pequeño, la falta de estímulos adecuados los desmotiva, genera un peor rendimiento académico y se corre el riesgo de fracaso escolar.