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Una familia en la cocina de su casaPexels

Familias disfuncionales: qué son y cómo puedes evitar convertirte en una

Aunque en apariencia sean normales, no son pocas las familias en las que los papeles se alteran y provocan desequilibrios emocionales y afectivos. Son las llamadas familias disfuncionales. Te explicamos cómo evitar convertirte en una

Según la Asociación Americana de Psicología, en su Dictionary of Psychology, una familia disfuncional es «una familia en la cual las relaciones o la comunicación están deterioradas» y cuyos miembros «son incapaces de alcanzar cercanía y autoexpresión» a causa de que los papeles familiares «se ven alterados».

Es decir, aquellas familias, en apariencia normales, que viven con estructuras alteradas y papeles intercambiados, y que terminan por generar vínculos alterados que dañan a sus miembros más de lo que ellos mismos pueden percibir en un primer momento. De ellas habla el último número de La Antorcha, la revista gratuita que edita la ACdP.

Familias de apariencia normal

A primera vista, un hogar disfuncional puede pasar por una familia normal, alejada de situaciones como la marginación o las adicciones, y en la que todos cumplen con sus responsabilidades diarias. Sin embargo, en su seno los papeles están invertidos y las heridas emocionales pueden tardar años en cicatrizar.

Así, en este tipo de dinámicas familiares, los hijos asumen responsabilidades propias de los adultos, los padres delegan puerilmente sus obligaciones en los hijos, o los cónyuges sustituyen las funciones del otro. De modo que, aunque estos comportamientos a menudo son inconscientes, terminan por afectar a la salud emocional de los niños y de los adultos.

Tres señales de un hogar disfuncional

Los expertos han encontrado cuatro modelos disfuncionales predominantes, y todos tienen un impacto negativo tanto en los niños como en los adultos.

Y no es algo nuevo: ya en 1997, el psicoterapeuta David Schnarch, experto en terapia de pareja, señalaba en su libro Passionate Marriage que «cuando los padres o cónyuges no cumplen con sus papeles, los niños absorben los desequilibrios emocionales y los proyectan en sus propias relaciones, reproduciendo patrones disfuncionales».

Por eso, resulta esencial identificar los patrones alterados dentro de la familia, para abordarlos de manera efectiva. Y Schnarch apunta algunas señales propias de esos hogares desequilibrados:

Los hijos se sienten responsables del bienestar emocional o económico de los padres. Los cónyuges se sienten constantemente abrumados por asumir papeles que no les corresponden.

Las relaciones entre los miembros de la familia están marcadas por la culpa, la ansiedad o el resentimiento.

Los niños muestran señales de estrés emocional, como problemas de comportamiento, falta de concentración, explosiones de ira o depresión.

Tres pasos para corregirlos

Cuando se identifica un patrón disfuncional, los expertos recomiendan dar tres pasos:

Buscar ayuda profesional: La terapia familiar es una herramienta fundamental para identificar y restaurar los papeles dentro de la familia y sanar las heridas emocionales.Establecer límites saludables: Es necesario que cada miembro de la familia recupere su espacio, y conozca sus responsabilidades dentro del hogar.Comunicación abierta: Es vital que todos los miembros de la familia puedan expresar sus necesidades y emociones sin miedo al juicio, la culpa o la crítica.

Por eso, resulta esencial conocer cuáles son los cuatro tipos más comunes de familia disfuncional para corregir el rumbo cuando sea necesario:

Tipo 1: Parentificación de los hijos

Uno de los modelos de familia disfuncional más frecuente es aquel en el cual se da la «parentificación». Es decir, el fenómeno por el que los hijos (o alguno de ellos) deben actuar como figuras paternas, debido a que los padres no pueden, no saben o no quieren asumir sus responsabilidades domésticas.
El psicólogo experto en desarrollo infantil John K. Pollard, en The Psychological Impact of Parentification, explica que «cuando los niños asumen responsabilidades que corresponden a los adultos, pueden desarrollar trastornos de ansiedad y depresión, además de una incapacidad para confiar en los demás en la edad adulta».
Esta subversión de los papeles afecta a la autoestima de los niños, que no pueden cumplir con las expectativas familiares impuestas, o carecen de la madurez humana y psicológica necesarias para gestionar una carga semejante.
Según Pollard, este fenómeno puede darse también cuando los hijos tienen que convertirse en la voz de autoridad moral ante un desnorte ético de los padres; o son quienes reclaman sensatez en casos de crisis o tensión, y sienten la presión por ejercer ese papel para el bienestar familiar.

Tipo 2: Padres que delegan

Otra forma de disfunción se produce cuando los padres delegan sus responsabilidades en los hijos, ya sea en la educación emocional, la toma de decisiones o incluso en el cuidado físico del resto de los hijos.
En el informe Parents and caregivers are essential to children’s healthy development, publicado por la Asociación Americana de Psicología, se constata que cuando los padres confían en exceso en sus hijos para resolver sus problemas emocionales o prácticos, o los de sus hermanos, los niños tienden a sentirse sobrecargados y a desarrollar un alto nivel de estrés crónico.
Y no hablamos de enseñar a poner una lavadora, sino de transmitir al niño que el bienestar de la familia, o de sus hermanos, depende de él, de refugiarse en el hijo confiando en que solucione carencias del adulto, o transmitirle, desde la culpa, que sus vaivenes anímicos naturales (una rabieta infantil o una explosión adolescente) pueden condicionar todo el hogar.
De hecho, el doctor Michael P. Nichols, psicólogo clínico, experto en relaciones familiares y autor, entre otras obras, de La esencia de la terapia familiar, explica que «la delegación de responsabilidades emocionales de los padres hacia los hijos crea una dinámica de dependencia, que afecta la salud mental del niño y su capacidad para desarrollar relaciones saludables en el futuro».

Tipo 3: Hijos que suplen al cónyuge

En algunas familias, uno de los cónyuges puede estar emocionalmente ausente, ya sea por problemas personales, adicciones, por una desconexión afectiva o incluso por una separación. Y los hijos, en un intento inconsciente de restaurar el equilibrio, pueden asumir el papel de consolar al otro cónyuge, y satisfacer sus necesidades emocionales –pasando por encima de sí mismos– en lugar de hacerlo el progenitor que falta.
Un estudio de Cheryl L. Buehler, profesora de Psicología en la Universidad de Nebraska-Lincoln, publicado en 2008, señala que este tipo de dinámicas familiares «pueden concluir en la creación de vínculos poco saludables y dependientes, donde los hijos desarrollan una visión distorsionada de lo que es una relación de pareja adulta».
Así, esta relación de dependencia afecta también al otro cónyuge, que subvierte la misión real de la paternidad: preparar a sus hijos para ser independientes y abandonar el hogar familiar cuando llegue el momento.

Tipo 4: Subversión económica

Cuando los padres no pueden o no quieren cumplir con sus responsabilidades económicas, los hijos, en ocasiones, se ven obligados a asumir el peso de estas cargas. Una situación especialmente común en hogares donde los padres se encuentran en situaciones de desempleo prolongado, o en situaciones de crisis económica provocada por su mala gestión.
En estos casos, según un informe del Journal of Marriage and Family, los hijos que se encargan de sostener financieramente a sus padres tienen más probabilidades de desarrollar una sensación de frustración, resentimiento y estrés, ya que sienten que sus propias necesidades quedan relegadas a un segundo plano.
Además, un análisis realizado por el célebre doctor John Gottman, psicólogo experto en relaciones de pareja y autor de Los siete principios para que el matrimonio funcione, subraya que las dinámicas familiares en las que los hijos se convierten en proveedores financieros también impactan en los cónyuges, a través de una sobrecarga emocional que puede comprometer la estabilidad del matrimonio.