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Dos adolescentes con el teléfono móvil

Dos adolescentes distraídos con el móvil en sus manosPxhere

«No lo he escuchado», «no la he visto»... ¿Por qué los adolescentes no cogen el teléfono nunca?

Este tipo de respuestas se han convertido en una costumbre de justificación por parte de los más jóvenes, a pesar de llevar el móvil encima siempre

Todo el mundo ha presenciado alguna vez en su vida el hecho de estar delante de un amigo, hijo o hermano al que le han llamado y no lo ha cogido, a pesar de tener el móvil en sus propias manos.

Esta práctica de no atender a llamadas se ha convertido en algo usual entre la sociedad actual, donde las maneras de comunicarse también han cambiado drásticamente entre los más jóvenes, quienes sí contestan de inmediato a WhatsApps o mensajes de Instagram.

Llama sin duda la atención que este «estilo» no se ha puesto únicamente de moda entre personas de generaciones recientes, como la Z (2001 hasta la fecha), sino que se da también en los millenials (1982-2000).

Según asegura la psicóloga especialista en adolescencia, Carmen Durán para El País, «no es que no quieran hablar, es que han aprendido a comunicarse de otra manera y nosotros, los adultos aún no sabemos interpretar muy bien aún sus códigos, que no son un error, sino una consecuencia del entorno que les ha tocado vivir».

Cada generación tiene sus códigos a la hora de expresarse y no son ni mejores ni peores, sino diferentesCarmen DuránPsicoanalista y psicóloga experta en adolescentes

Una evaluación sobre esta forma de comunicarse desde la visión de las generaciones predecesoras afirma la experta que «sería cometer un presentismo, es decir, valorarlos desde nuestra manera de comprender el mundo, que también es diferente a la que usaron nuestros abuelos, que se comunicaban a través de cartas».

Cómo actuar al respecto

Tal y como asegura la página web Adolescencia Positiva –una plataforma dirigida a las familias para la óptima conciliación con los jóvenes– las principales causas se deben a factores como la ansiedad al teléfono, la preferencia por los canales de comunicación escrita, la sensación de intromisión, o la desconfianza implícita.

Reproches emocionales, enfados, sanciones unilaterales o mecanismos coercitivos son situaciones preferiblemente a evitar, según esta fuente.

En forma de guía de autoayuda, la educadora Diana Al Azem, invita a adoptar las siguientes actitudes: comunicar emociones, escuchar activamente, establecer normas en familia y mostrar coherencia entre lo que se dice y se hace.

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