Un niño levanta los brazos en señal de victoria desde lo alto de una montaña
Las ocho habilidades que desarrollan los niños que han crecido en entornos desfavorables
Las competencias que nacen de la adversidad se ven fortalecidas en la infancia y funcionan como catalizadores cuando la persona se convierte en adulta
Crecer en un entorno precario no es solo un desafío, también puede convertirse en una escuela de vida. Lejos de ser únicamente una desventaja, estas circunstancias pueden potenciar en los niños una serie de aptitudes profundas que muchas veces pasan desapercibidas, pero que resultan esenciales para su desarrollo y su éxito en el largo plazo.
Como sostienen Julia Yates, del área de Promoción de la Salud en Western University, y Katie J. Shillington, profesora adjunta en el Departamento de Psicología de la Universidad Wilfrid Laurier, los jóvenes que se crían en ambientes desfavorecidos pueden potenciar las siguientes fortalezas:
Capacidad y espíritu de resiliencia. Surge cuando la adversidad moderada va acompañada de cierto sustento emocional y material. El niño debe de tener al menos un apoyo (persona, o ente protector) que lo respalde, así como acceso a espacios seguros en los que poder realizarse.Relativización de los problemas, como, a su vez, aborda un estudio reciente de la asociación caritativa canadiense 'CNIB', en el que se ha demostrado que estas personas son capaces de hacer lo que es psicología se denomina como 'reencuadre cognitivo' que es, básicamente, darle un enfoque positivo a algo que no lo es tanto, para abordar una situación compleja de la mejor manera posible. Empatía. Se promueve indirectamente mediante una mentalidad conjunta de equipo; la solidaridad entre miembros con situaciones similares es común en comunidades con falta de recursos. Pensamiento crítico. Fomentado al reinterpretar el fracaso como oportunidad de aprendizaje y crecimiento personal.
Ambas autoras comentaron el pasado año para The Conversation que, no todas las formas de adversidad son intrínsecamente perjudiciales para los niños: «experiencias medianamente adversas, manejadas en un contexto protector pueden, incluso, fomentar resiliencia, autorregulación y mentalidad de crecimiento».
Otras destrezas inherentes
Además, informes como el de la OMS de 2021, o el estudio Adverse Childhood Experiences and their Life Long Impact, publicado en 2023 en la revista holandesa de divulgación científica Science Direct, señalan también como capacidades relativas a estas personas:
Una mayor autonomía y capacidad para autocuidarse desde edades muy tempranas, asumiendo responsabilidades que en otros contextos recaen sobre los adultos. Tolerancia al estrés e incertidumbre en momentos bajo presión, ya que la rutina y la previsibilidad no han estado garantizadas, normalmente, donde han crecido, por lo que son más creativos y dados a la improvisación.
El manejo y control emocional (autorregulación de sentimientos). Son capaces de manejar, contener y gestionar sus sentimientos, adaptándolos a las circunstancias.
Habilidades sociales como cooperación, liderazgo y asertividad son inherentes a estas personas, que cuentan con un mayor poder de influencia y convencimiento, manejando sus comunicaciones de forma clara, concisa y directa, especialmente, en entornos donde deben defender sus necesidades básicas.