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Tres chicas jóvenes caminando por la montaña

Tres chicas jóvenes caminando por la montañaGetty Images/iStockphoto

Consultorio Familiar

¿Cómo puedo enseñar a mis hijas a que se hagan respetar, sin enfrentarlas a los hombres?

El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre la educación en el respeto.

Como mujer y madre, veo que hoy en la sociedad se respeta poco a las mujeres y se lo digo a mis hijas: «Tenéis que haceros respetar». Pero, según quieran entenderlo, parece que, o estoy hablando en castellano antiguo, o quiero enfrentarlas a los hombres. Una de ellas incluso me dijo que era ««rancia» por hablar así. ¿Me podría indicar alguna cosa de más peso para decirles sobre cómo hacerse respetar en la sociedad de hoy?

Aunque a ellas les parezcan ahora cosas «rancias», a mí me parece fenomenal que les diga usted esas cosas a sus hijas. Es verdad que, en determinados ambientes de nuestra sociedad, se respeta menos a la mujer. Y ocurre también que en muchas ocasiones, incluso las mujeres se están respetando menos a sí mismas. Pero no pasa sólo con ellas: también los hombres se respetan menos a sí mismos.

Por ejemplo, en las últimas décadas se ha puesto de moda el que la mujer hable como los hombres... pero como los hombres que hablan mal. Por ejemplo, muchas chicas dicen las cosas de una manera descarnada o sueltan todo tipo de tacos, porque eligen malos modelos masculinos para tratar de igualarse a ellos.

Lo de hablar mal, de hecho, es algo a lo que se están acostumbrando los niños desde la escuela, o sea, desde que son pequeños. Y muchos medios difunden esas actitudes y además las aplauden: «Es lo moderno». No hay más que ver cómo y de qué hablan en series y películas, y en los programas del corazón. El mal gusto y la chabacanería, por desgracia, están de moda.

A la hora de hablar de «falta de respeto» nos referimos a «tratarnos mal» o «tratarnos sin respeto». Y algo que veo cada día a la salida de un colegio que tengo junto a mi casa es que, cuando las niñas quieren comportarse exactamente igual que los niños, y estos son maleducados, pues los chicos las tratarán como se tratan entre ellos: mal.

Otra opción es que se diga que la mujer debe hacerse respetar enfrentándose a los chicos, convirtiéndolos en un enemigo del que distanciarse. Como si fuésemos opuestos y no complementarios.

En resumen, la falta de respeto a la naturaleza femenina de la mujer podemos decir que es una de las características de nuestro tiempo.

Y la gran perdedora es la mujer. Desde que hemos dejado socialmente de tratar a la mujer como lo que es y por lo que es, con respeto a su dignidad y a su feminidad, al tratar de igualarla por completo o, por el contrario, enfrentarla a los chicos, ya vemos lo que está ocurriendo. Es muy preocupante que cada vez más entre los jóvenes a la mujer se la maltrate... porque se la está tratando mal.

Pero no todo es negativo. Hay mujeres que sí son respetadas, y hombres que sí las respetan. Y si uno mira sus comportamientos, se da cuenta de que no son los mismos que las de las chicas que no son respetadas, ni los de los chicos que no saben respetar.

Así que hay un mensaje que debe trasladar a sus hijas. Y quien tenga hijos chicos, también a ellos: En todos los ámbitos de la vida, siempre habrá personas que estén dispuestas a tratarnos mal. Así que quien marca la diferencia, en el fondo, eres tú mismo: en la vida, quien se hace respetar, es uno mismo. Porque todos, con nuestra forma de actuar, de hablar, de vestir o de comportarnos les estamos diciendo a los demás hasta dónde pueden llegar con nosotros.

En nuestra forma de hablar, vestir, opinar sobre los más diversos temas, y comportarnos y tratar a los demás, estamos poniendo el listón del comportamiento que los demás van a tener con nosotros.

Por tanto, en nuestra forma de hablar, de vestir, de opinar sobre los más diversos temas, y de comportarnos y tratar a los demás, estamos poniendo el listón del comportamiento que los demás van a tener con nosotros.

Y, por coherencia, debemos tratar bien a los demás, incluso cuando no se respeten a sí mismos. Para tratar a los demás como queremos que nos traten.

Además, cuando nos faltan al respeto –cosa que tanto duele–, seamos hombres o mujeres y de cualquier edad, en la mayoría de los casos convendría preguntarnos si uno, de alguna forma, está favoreciendo esa actitud. Por ejemplo: si me insultan, ¿será el ataque de un maleducado, o puede que yo también suela insultar a los demás? Porque aunque eso no excusa jamás al maltratador, nos ayuda a cambiar de actitud y así evitar posibles agresiones en el futuro. Parece de sentido común, pero hoy puede resultar incómodo recordarlo.

Chicas y chicos, hombres y mujeres, y a cualquier edad, debemos hacernos respetar. En la familia, con los amigos, en el colegio o en el instituto, en la universidad, en el trabajo, con los vecinos, por la calle o en un bar. Y la mejor forma de empezar a hacerlo es respetarnos a nosotros mismos, con una forma de hablar, tratar a los demás, vestir y comportarnos que deje claro los límites al resto.

Ah, y la palabra «respeto», aunque sus hijas digan que suena rancia, siga poniéndola de moda. Porque es imprescindible para la convivencia humana.

* José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com

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