La actitud diaria de los niños en el aula refleja el estilo de crianza en casa
Los detalles que delatan cómo tratas a tus hijos en casa: los profesores lo notan «en cinco minutos»
Varios docentes explican por qué las diferencias en el estilo de de crianza del hogar tienen repercusiones en los niños y afectan a su autoestima, su autonomía e incluso a su rendimiento académico
Los profesores lo ven antes que nadie, y no sólo en las notas, sino sobre todo en los pequeños gestos del día a día. Rutinas sutiles como el modo en que un alumno llega a clase, cómo se enfrenta a una tarea, el modo de hablar de sí mismo o si repite las prácticas habituales dicen mucho más de lo que parece.
Y en medio de las discusiones teóricas sobre los efectos de los «padres helicóptero» o de los estilos permisivos, esa clase de hábitos cotidianos se han convertido en uno de los mejores indicadores del tipo de educación que los niños reciben en su casa, con el consiguiente impacto que tendrá para su vida futura... y presente.
Así lo señala la reciente Encuesta sobre el Bienestar Emocional de la Escuela, que la plataforma educativa GoStudent ha llevado a cabo entre más de 300 profesores particulares en Europa. Y que recoge cómo el impacto del acompañamiento familiar determina aspectos esenciales en la formación de los niños, y por qué esto se refleja, sobre todo, en las rutinas cotidianas.
«Las diferencias en el tipo de crianza no siempre se ven en grandes conductas, sino sobre todo en pequeños detalles cotidianos, de esos que se aprecian en minutos: un alumno que llega sabiendo lo que tiene que hacer, una alumna que entiende las rutinas que se le piden en una asignatura, el que no trae su material o su cuaderno organizado, o quien afronta las tareas con mayor seguridad», explica Nani Conde, maestra de Primaria y psicopedagoga.
Los extremos del acompañamiento
Según la docente, estos indicios son los que permiten identificar con rapidez qué tipo de acompañamiento existe en el hogar.
En algunos casos, la presencia o la ausencia de los padres (así como la exigencia que tienen hacia sus hijos) se traduce en alumnos con mayor autonomía y estructura; en otros, en dificultades para a duras penas sostener el esfuerzo de una actividad o tomar decisiones por sí mismos.
De hecho, los datos reflejan dos tendencias opuestas: mientras que el 60% de los profesores detecta miedo al error en los niños con padres excesivamente implicados, el 54% observa desmotivación y falta de hábitos en aquellos otros que sufren un menor seguimiento familiar. Y, sin embargo, incluso en estos extremos el indicador más valioso sigue estando en los aspectos cotidianos.
«Desde mi experiencia –confirma esta maestra, que colabora también con la plataforma TusClasesParticulares y conoce por ello una gran variedad de perfiles socioculturales–, sí que se perciben diferencias, pero no tanto por si las familias están más o menos pendientes, sino por el tipo de acompañamiento y presencia que ofrecen a sus hijos».
El efecto de una vigilancia excesiva
Porque, de hecho, los docentes insisten en que el impacto de la crianza no depende sólo del grado de implicación, sino de la coherencia entre lo que se transmite en casa y la forma en que es necesario convivir fuera de ella.
«Al final, lo que más se nota en el aula es cuando familia y escuela van en la misma línea. Cuando existe coherencia entre ambos contextos, los niños están más tranquilos, más seguros y su desarrollo es mucho más sólido y equilibrado», apunta Conde.
También la psicóloga y educadora infantil Noelia Bascuas confirma este patrón y pone el foco en el estilo de acompañamiento de los padres: «En consulta vemos un patrón bastante claro: no es tanto la cantidad de supervisión, sino el estilo».
Y aclara los matices: «Los niños con padres muy pendientes suelen tener buen rendimiento, pero también más ansiedad, miedo al error y dependencia de la validación adulta». En cambio, «los que crecen con más distancia tienden a desarrollar mayor autonomía y tolerancia a la frustración, aunque pueden presentar desorganización, o menor constancia si falta un apoyo mínimo».
La importancia de los errores
Este equilibrio se vuelve especialmente relevante en un contexto en el que el rendimiento académico sigue teniendo un peso importante en cómo los niños se perciben a sí mismos. De hecho, según la Encuesta sobre Bienestar Emocional en la Escuela de GoStudent, más de la mitad de los niños (52%) liga su confianza y autopercepción académica a las notas, lo que redunda en una mayor presión cuando no existe un respaldo adecuado en casa.
Porque aprender a equivocarse y aceptar la propia limitación también forma parte del proceso de maduración personal, y la familia, también en esta área, juega un papel determinante.
La resiliencia académica se construye cuando el niño aprende que el error no es un fracaso, sino parte del proceso de aprendizaje. No surge de la presión, sino de expectativas claras y apoyo emocional constante»Psicóloga y educadora infantil
En palabras de la psicóloga, «la resiliencia académica se construye cuando el niño aprende que el error no es un fracaso, sino parte del proceso de aprendizaje. No surge de la presión, sino de la combinación de expectativas claras y apoyo emocional constante».
De hecho, la profesora Nani Conde señala, precisamente, que una de las dificultades más frecuentes que se topan los maestros y educadores es la baja tolerancia a la frustración y los problemas que tienen niños y adolescentes para mantener la atención.
Por ese motivo, ambas expertas coinciden en que el estilo de crianza y educación en el hogar que impacta de forma más positiva en los niños es el que combina presencia, cariño incondicional, esfuerzo, estructura y autonomía.
«El acompañamiento que realmente ayuda es el que encuentra el equilibrio: estar presentes, pero sin sustituir. Es decir, guiar, ofrecer apoyo emocional, poner límites y reforzar el esfuerzo, permitiendo al mismo tiempo que el niño se equivoque y aprenda», explica Nani Conde.
Y concluye la maestra: «El objetivo no es hacer las cosas por ellos, sino enseñarles a hacerlas solos». Un recordatorio que aplica mucho más allá de las materias académicas y el horario escolar.