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Una pareja de jóvenes adultos en patineteGetty Images / iStock

Consultorio Familiar

«Mi hija tiene casi 30 años, está saliendo con un chico, pero sigue con mentalidad adolescente: ¿qué hago?»

El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre la madurez en el noviazgo

Mi hija mayor tiene casi 30 años y está saliendo con un chico. Los veo ilusionados pero me parece que lo único que hay entre ellos son mariposas en el estómago, sentimientos y atracción sexual. Si le hago preguntas muy elementales sobre sus planes o sobre el chico, me parece que en realidad no lo conoce, o lo conoce muy poco. Y, desde muy jovencita, no es el primer chico con el que le pasa. ¿Es normal? ¿Me podía decir algo acerca de la madurez en el noviazgo?

Dicen los psicólogos que una de las manifestaciones más claras de una conducta adolescente tiene mucho que ver con la toma de decisiones. Porque los adolescentes lo hacen de una manera emocional.

Teniendo en cuenta que la adolescencia está apareciendo a edades mucho más tempranas y finalizando más tardíamente, muchas de las decisiones que toma el ser humano en materias que tienen mucho que ver con la felicidad humana, como con quién se va a compartir la vida o la sexualidad, se pueden hacer de una manera muy poco pensada.

Muchas veces, observando su conducta, nos damos cuenta de las variaciones que sufre el carácter de una persona inmadura a causa de los vaivenes de sus sentimientos.

Como consecuencia de estos cambios, sería bueno explicarles, por parte de padres y educadores, las consecuencias que pueden tener sus decisiones en relación al noviazgo y a la sexualidad.

En términos generales, hoy los psicólogos avisan de que se están teniendo relaciones sexuales y estableciéndose lazos afectivos a unas edades en las que el cuerpo puede que esté preparado, pero la persona no.

Y las consecuencias son manifiestas: ilusiones rotas, arrepentimientos, deseos de que no hubiera pasado lo que ha pasado...

Las redes sociales, las series de televisión, el cine y, en general, ciertos medios de comunicación, ayudan mucho a estos desencantos. En la ficción pasa de todo (noviazgos, relaciones, sexo...) de una manera feliz y nada problemática.

Pero luego en la vida las cosas son de otra manera. Y nuestros actos tienen sus consecuencias.

Muchas personas de la edad de su hija empiezan a tener un pasado que no les gustaría que hubiera existido. Y esto se manifiesta con fuerza cuando se avanza hacia compromisos más serios.

Muchas personas de la edad de su hija empiezan a tener un pasado que no les gustaría que hubiera existido. Y esto se manifiesta con fuerza cuando se avanza hacia compromisos más serios.

Por otra parte, otra de las características de la adolescencia (o de una mentalidad adolescente) es la incapacidad para comprometerse.

Tomar decisiones de forma únicamente emocional tiene como consecuencia que la capacidad de compromiso sea muy baja en el terreno de las relaciones de pareja. Por tanto, en muchos casos lo que mantiene unida a una pareja es un enganche emocional que se confunde con cariño o con amor.

Pasado el tiempo, el vínculo emocional desaparece y, entonces, aparece la realidad. No había habido compromiso, sólo emociones que, por otra parte, han impedido tomar decisiones con libertad.

Con mucha frecuencia encontramos una relación en la que se ha dado todo a cambio de nada, porque nada es lo que se recibe cuando no hay un compromiso de por vida.

En definitiva, cuando las relaciones están faltas de compromiso, la capacidad de amar en el futuro va desapareciendo, porque se ha quitado el sacrificio del entorno del amor.

Estas son las conclusiones que saqué en claro después de una conversación con una mujer separada, con dos hijas estudiantes en sus primeros años de universidad. La conversación empezó porque me preguntó qué decir a una hija que te dice que la ha dejado su novio y que se ha dado cuenta que con él no había tenido una relación de noviazgo, sino una relación sexual. «Cuando su ilusión por la diversión conmigo decreció –le dijo la hija–, todo se vino abajo».

Para evitar que a su hija le pase lo mismo, le recomiendo que le hable de mentalidad adolescente, sexo y compromiso.

Porque la madurez –y su hija ya tiene edad de ser madura– lleva consigo una cierta estabilidad emocional.

José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com