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Imagen extraída de una reciente campaña de educación sexual del Ministerio de Igualdad

Tras décadas de «educación sexual», un tercio de los adolescentes de 15 a 18 años tiene relaciones coitales

El Ministerio de Sanidad constata que, tras décadas de campañas de «educación sexual» financiadas con dinero público, se incrementa la promiscuidad entre los menores y cae el uso de métodos anticonceptivos.

El Ministerio de Sanidad ha presentado los resultados del módulo de conducta sexual adolescente del Estudio HBSC-2022 en España (Health Behaviour in School-aged Children), que analiza los comportamientos sexuales de jóvenes escolarizados de entre 15 y 18 años. Y el resultado, tras décadas de campañas de «educación sexual» financiadas con millones de euros tanto por el Gobierno central como por las Comunidades Autónomas es inequívoco: crece la promiscuidad entre los adolescentes, se adelanta la edad de iniciación en las relaciones sexuales coitales y decae el uso de métodos anticonceptivos, especialmente aquellos que más evitan –aunque no impidan por completo– el contagio de infecciones y enfermedades de transmisión sexual (ITS y ETS).

Este análisis, enmarcado en el proyecto internacional promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), permite conocer la evolución de indicadores clave desde 2002, aunque no expone ningún tipo de relación entre la crisis de salud mental que aqueja a los adolescentes y el incremento de las relaciones sexuales, a una edad en la que los menores aún están en un incompleto desarrollo madurativo a nivel físico, mental, anímico, afectivo y espiritual.

El informe (con datos de 2022), que ha sido presentado este martes por el Gobierno, revela que el 34,8% de los adolescentes entre 15 y 18 años habían mantenido relaciones sexuales coitales, con una leve diferencia superior en el caso de las chicas (35,2%) frente a los chicos (34,3%.

No obstante, la edad influye de forma clara: el 20,7% de los jóvenes de 15-16 años había mantenido relaciones sexuales completas, frente al 48,5% (casi la mitad de la población) en el grupo de 17-18 años.

Disminución del uso de anticonceptivos

Según constata Sanidad, el preservativo sigue siendo el método anticonceptivo más frecuente, pues es el que emplearon el 65,5% de los adolescentes de entre 15 y 18 años encuestados en su última relación sexual coital.

Sin embargo, y a pesar de décadas de campañas publicitarias y escolares, esta cifra ha disminuido de forma sostenida desde 2002, situándose en 2022 en el 65,5%, o lo que es lo mismo, una reducción de 18 puntos porcentuales en dos décadas.

Según el ministerio de Mónica García, «esta tendencia ha venido acompañada de un ensanchamiento de la brecha de género». Así, mientras en 2002 el uso era prácticamente paritario (82,5% en chicas y 83,3% en chicos), en 2022 la diferencia se ha acentuado: sólo el 60,8% de las chicas lo utilizó, frente al 70,6% de los chicos.

Sin abordar los riesgos para las chicas

«La bajada es especialmente preocupante entre las jóvenes de 15 a 16 años», apuntan desde Sanidad. Los datos son elocuentes: en 2022, el empleo de este método barrera –el que más impide, aunque no anula por completo, el riesgo de embarazos no deseados, ETS e ITS–, cayó del 78,5% en 2018 al 62,9% en 2022.

Por otro lado, el uso de la píldora anticonceptiva (sola o en combinación con otro método) se mantiene estable en el 15,9% desde 2014. Tampoco refiere el estudio el impacto hormonal que genera su consumo, ni cruza los datos con otro tipo de análisis científicos internacionales que evidencian los numerosos riesgos para la salud futura de las mujeres que la consumen.

«Este escenario implica que uno de cada cuatro adolescentes recurre a métodos inseguros para prevenir embarazos y uno de cada tres para prevenir infecciones de transmisión sexual», ha indicado el Ministerio al dar a conocer el informe.

Y aunque las chicas presentan una mayor utilización de la píldora anticonceptiva (19,6%) y de anticoncepción de emergencia (32,3%) entre las sexualmente activas, su nivel de protección frente a infecciones es menor y su exposición a embarazos no planificados, mayor.

«El menor uso del preservativo de las chicas, sumado a la frecuencia elevada de prácticas poco eficaces como la 'marcha atrás' (16,9%) pone de manifiesto una mayor situación de vulnerabilidad en la salud sexual de las adolescentes», evidencian.

El 1% de las chicas ha abortado al menos una vez

Una de cada tres chicas (32,3%) ha recurrido alguna vez a la píldora del día después, un 7,2% en dos ocasiones y un 3,0% en tres o más, «lo que refuerza la necesidad de mejorar la educación y el acceso a métodos anticonceptivos regulares», apunta el estudio, que, sin embargo, no expone la memoria del gasto mantenido hasta ahora por parte de las administraciones en los últimos 20 años, ni analiza la eficacia de su estrategia.

La posibilidad de que la píldora del día después tenga efectos abortivos tampoco entra dentro del estudio del Ministerio de Sanidad. Sin embargo, sí que se revela un dato alarmante: el 2,9% de las chicas de 15 a 18 años sexualmente activas «ha estado embarazada alguna vez». Es decir, que el 1% del total de adolescentes de ese tramo de edad han abortado, al menos, en una ocasión.

Para el ministerio de Sanidad, sin embargo, la reflexión se limita a condiciones socioeconómicas, al estimar que el uso del preservativo «es más frecuente entre adolescentes de mayor capacidad adquisitiva (35,3%) que entre las de nivel bajo (30,8%), lo que apunta a diferencias socioeconómicas en el acceso y el conocimiento».

Mirada sólo sobre la economía

«Los resultados del estudio ponen de manifiesto cómo las condiciones económicas influyen directamente en la salud sexual. En las familias con menor capacidad adquisitiva se registran tasas más altas de inicio precoz, menor uso del preservativo y una mayor frecuencia de métodos inseguros –como la 'marcha atrás'– y de embarazos», confirma.

En contraste, «los y las adolescentes (sic) de familias con alta capacidad adquisitiva presentan mejores indicadores de prevención, incluyendo un uso más frecuente de anticonceptivos seguros y de emergencia».

En este caso, el Ministerio tampoco traza la posible relación entre el retraso en la iniciación sexual y otro tipo de condicionantes, como por ejemplo la educación recibida en casa o las afinidades ideológicas de los menores y de sus padres, o el tipo de centro en el que están escolarizados.

Insistencia sin autocrítica ni revisión

Lejos de hacer autocrítica por este tipo de datos, después de años de gasto público, el Gobierno sólo saca en claro que «los datos evidencian la necesidad de fortalecer las políticas de educación sexual integral desde un enfoque preventivo y comunitario, así como de atender a los determinantes sociales de la salud que condicionan la conducta sexual de los y las adolescentes». Es decir, hacer lo mismo que hasta ahora, pero con más dinero público, esperando conseguir resultados diferentes.

En concreto, insisten en que la solución pasa por «la promoción del uso consistente de métodos seguros, la reducción de las desigualdades sociales en salud sexual y la prevención de las infecciones de transmisión sexual y de embarazos no deseados requieren una respuesta multisectorial, en la que se impliquen centros educativos, servicios sanitarios y familias». No se plantea, en ningún caso, cambiar el enfoque de este tipo de campañas, variar las estrategias incorporando la dimensión afectiva a la educación sexual genial o erotizante, ni sugerir a los adolescentes, inmaduros por su propia condición fisiológica, alternativas como la castidad posible o, al menos, retrasar el inicio en las relaciones sexuales.