Fundado en 1910

Una madre con su hija adolescenteGetty Images / iStock

Las tres cosas que toda chica adolescente necesita de su madre, según la consejera familiar Cindy Barber

Cyndi Barber es escritora y consejera familiar con más de 20 años de experiencia en la atención a padres e hijos. Tanto con sus conferencias, como con sus artículos, libros y atención directa, trabaja de forma particular con madres e hijas con el objetivo de que puedan sanar las heridas de la niñez y los traumas del pasado, y así «alcancen la plenitud interior y el éxito en la vida», tal y como ella misma afirma.

Además, como madre de tres hijos, cada vez que da un consejo en sus consultorías o artículos de divulgación, Barber no habla desde la teoría sino desde la práctica pegada al terreno.

Desde esa perspectiva es desde donde ha explicado, en un reciente artículo publicado en el portal estadounidense IMom, especializado en maternidad, cuáles son «las tres cosas que las chicas adolescentes quieren y necesitan de sus madres», incluso aunque no lo reconozcan abiertamente.

Porque si la adolescencia puede ser un momento especialmente convulso en cualquier hogar, las relaciones entre madres e hijas adquieren en ocasiones una intensidad que, si no se gestiona bien, puede generar profundas heridas.

«Criar a una adolescente –explica Barber– suele implicar una dinámica de tira y afloja». Algo normal pues «las investigaciones demuestran que, si bien los adolescentes anhelan independencia, su cerebro aún está desarrollando la capacidad de gestionar las emociones y comprender la perspectiva general».

Esta fase de desarrollo implica que los hijos, y especialmente las chicas, «siguen necesitando una conexión constante y la guía de sus padres, incluso cuando se resisten».

Y, en concreto, Barber menciona tres aspectos que las chicas adolescentes necesitan de sus madres «incluso aunque no puedan expresarlas con claridad».

1. «Necesito saber que soy lo suficientemente buena»

«En el colegio, me siento presionada por las comparaciones. Siempre hay alguna que recibe más atención de los chicos, saca mejores notas, tiene más amigos o destaca en los deportes. A menudo me siento insignificante y no deseada. Necesito que me digas qué me hace valiosa. Necesito que me digas, con frecuencia, quién soy y qué puedo aportar al mundo», apunta Barber, a partir de cuanto ha escuchado en años de consultoría familiar.

Y va más allá, al poner en boca de una adolescente sus más profundos anhelos de incondicionalidad: «Necesito que me digas que me quieres mucho. Aunque finja que quiero que te alejes, en realidad necesito que me busques y me hagas saber que quieres tenerme cerca. Necesito saber que crees que tengo lo necesario para triunfar en la vida. No me pidas que lo demuestre primero. Dame espacio para cometer errores y aprender de ellos. Es mejor para mí cometer un error pequeño bajo tu cuidado que uno grande cuando nos separemos».

2. «Quiero que me entiendas»

La gran reivindicación de los adolescentes, que tiene un especial acento en el caso de las relaciones madre-hija es, según Barber, la necesidad de que «me escuches atentamente cuando intento contarte cómo me siento. Soy un cúmulo de pensamientos, sentimientos y hormonas revueltas. Un día pienso de una manera y al siguiente de otra. Resiste la tentación de corregirme o desestimar mis sentimientos. Ya lo entenderé».

Y como los adolescentes –tanto chicos como chicas– suelen meter la pata, la experta pone en boca de una joven púber que, «si me equivoco, a veces es mejor esperar un par de días antes de retomar el tema. Así podrás ofrecerme otro punto de vista. Aunque para entonces, puede que ya haya cambiado de opinión».

Eso sí, no todo vale. Cuando las nuevas ideas de la hija «se alejan radicalmente de los valores fundamentales de nuestra familia, entonces exprésate con sinceridad, sin hacerme sentir inferior: no dejes que vea que temes mi forma de pensar. Eso me hará creer que soy incapaz de pensar por mí misma».

Pero pide no renunciar a las creencias y valores para «adaptarlos» o «dulcificarlos» sólo porque la moda parezca cambiar: «Confía en que los valores que me has inculcado toda la vida prevalecerán al final», alerta.

3. «Ponme límites, aunque me resista»

Aunque una adolescente deteste las reglas porque quiere «ser independiente y tomar mis propias decisiones sobre mi vida», en realidad también «me aterra ser responsable de mí misma». Por ese motivo, Barber resume lo que muchas veces ha escuchado en sus asesorías familiares: «Necesito saber que hay límites. Necesito saber que cuando me resisto, hago un berrinche, actúo a escondidas o te ignoro, hay consecuencias. Esto me demuestra que, incluso con mi libertad, solo puedo llegar hasta cierto punto».

Eso sí, también recuerda a las madres la importancia de ir poco a poco aceptan romper el cordón umbilical afectivo: «Si demuestro ser digna de confianza, dame un poco más de libertad, pero no demasiada. Como adolescente, quizás no pueda expresar mi gratitud por tu firmeza en la disciplina, pero me siento segura gracias a ella».

El poder de los pequeños momentos

Para poder responder a estos deseos de las adolescentes, Barber recomienda a las madres «concentrarte en los pequeños momentos cotidianos de vuestra relación: Hazle saber a tu hija adolescente que valoras su sentido del humor, su dulzura o cualquier otra cualidad que admires. Cuando se abra, escucha con atención para comprender y empatizar, no para sermonearla. Y cuando ponga a prueba tus límites, mantén la calma. Tu firmeza la ayuda a sentirse segura».

Estos pequeños gestos« suman justo lo que el cerebro (y el corazón) en desarrollo de tu hija adolescente más necesita», remarca. Y concluye con un consejo no siempre sencillo: «Sigue mostrándole amor, estableciendo límites y recordándole constantemente que ella importa».