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Educar a los hijos no es una forma de adoctrinamiento, explica José María ContrerasGetty Images / iStockphoto

Consultorio Familiar

«¿Educar a los hijos en nuestros valores no es una forma de coaccionar su libertad?»

El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre la importancia de educar

El otro día una amiga me sorprendió con una pregunta insólita. Estábamos hablando de educación de los hijos y me dijo que muchas veces se pregunta si educar a nuestros hijos según nuestros valores morales no era una forma de «adoctrinarlos» o de coaccionar su libertad, y que qué pasaría si no lo hiciéramos. Yo le respondí como pude, pero me gustaría conocer su opinión. Muchas gracias.

Gracias por su consulta, porque en mayor o menor medida, hay personas que sostienen lo mismo o tienen una duda similar a la de su amiga.

Hace tiempo, cuando yo empezaba el asesoramiento familiar, coaching se dice ahora, una familia me dijo que educar a los hijos era atacar su libertad, la de los hijos.

Había que dejarlos libres, porque la naturaleza humana es muy sabia, me decían. Intenté hablar con ellos, pero no entraban en razón.

Con el tiempo he ido siguiendo su vida, ya que nos veíamos con una cierta frecuencia. Actualmente sus hijos son personas con muchas carencias, además de generadores de sufrimiento para ellos y para sus padres. Se les nota que no han sido educados, que se les ha dado todo lo que se ha podido, pero no se les ha puesto límites y la consecuencia es que no saben manejar su libertad, no están entrenados en controlar sus emociones, no saben decirse que no. Son personas muy inmaduras.

Además, acusan a sus padres de no haberles exigido en su momento.

Esto es una consecuencia de creerse que el ser humano no depende de nadie. No es contingente, es necesario. Claro, si no hay verdad, si todo vale, nadie necesita ser educado, y tampoco habría ley, ni normas.

Por aquí va nuestra sociedad, por creerse que somos autosuficientes. Dioses. Que nos valemos por nosotros mismos. Estamos en un error. Y como ocurre con frecuencia, las consecuencias las están pagando nuestros hijos en su vida y nosotros en nuestro sufrimiento por ellos.

El ser humano es un ser contingente, es decir, que si no hubiera nacido nadie lo hubiera echado en falta.

Además, al ser contingente, necesita alguien que lo haya creado. El solo no se crea. Los padres han sido la causa segunda de su existencia. La causa primera es Dios.

Estamos aquí para algo, para cumplir una misión. S no fuera así, la vida sería aborrecible. Cosa que ocurre en algunos casos o en algunos momentos de la vida de las personas.

Ya sé que esto muchas personas no lo van a creer, pero como decía el poeta, la verdad es lo que es y sigue siendo verdad aunque se piense al revés.

La verdad es independiente, no cambia por lo que piensen las personas, y aunque todos nieguen un hecho este sigue siendo real.

Cada persona tiene que ser educada. Y educar su cuerpo y la parte espiritual que cada persona tiene, para que sea capaz de descubrir su misión en la vida. Lo único que la hará llevadera.

Nosotros no creamos la verdad, tenemos que descubrirla, pero la verdad está ahí.

Por tanto, cada persona tiene que ser educada. Y educar su cuerpo y la parte espiritual que cada persona tiene, para que sea capaz de descubrir su misión en la vida. Lo único que la hará llevadera.

Manutención, conocimientos, salud, preocupación por el futuro son cosas que, en general, no se descuidan.

Lo íntimo, lo que no pertenece al cuerpo estrictamente, se descuida mucho más.

Enseñar a amar, educar los sentimientos, la sociabilidad, el dominio de uno mismo y su entrenamiento... son situaciones que los padres descuidan muchas veces, no las consideramos importantes y por ahí viene mucha de la infelicidad que actualmente se vive en nuestra sociedad.

Si es contingente, quiere decir que a un ser humano alguien lo ha creado.

Por eso, pensar que en esas cosas es mejor que él decida cuando sea mayor es un error. Es dejar a nuestros hijos sin herramientas para superar de verdad los obstáculos de la vida. Le estamos ocultando lo más importante para llevar una vida razonablemente feliz, le estamos evitando las respuestas más importantes de la vida:

¿Yo para que vivo? ¿Qué tengo que hacer en es te mundo? ¿Qué pasa después de morirnos? ¿Qué es el amor? ¿Cómo mantenerlo? ¿En el amor hay momentos de sufrimiento?¿Cuál es el sentido del sufrimiento?

Estas son preguntas que se han hecho todas las generaciones para intentar darle un sentido a su vida.

Y hoy no se hacen porque muchas veces los padres tampoco se la han hecho, generalmente por miedo a la exigencia personal.

No quieren preguntárselas porque les genera, en muchos casos, un desasosiego interior, una incapacidad para madurar, para ser la persona que les hubiera gustado ser. ¿Tan felices son que quieren que sus hijos sigan su forma de vivir?

Lo único seguro que tenemos es que vamos a morir, y nos dedicamos a evitar ese pensamiento porque pensamos que condicionaría nuestra vida para peor. ¿Seguro?

Tener miedo a la verdad es de una inmadurez mayúscula, pero tener miedo a la verdad personal es el mayor error que se puede cometer y nos conduce al vacío existencial.

Ibsen decía que a la gente que vive de esa manera se le debía poner en su sepultura: «Aquí yace nadie».

A lo mejor llevaba razón.

* José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com