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Una familia con las gafas necesarias para ver el eclipse solar

Una familia con las gafas necesarias para ver el eclipse solarGetty Images / iStock

Cinco consejos poco frecuentes para ver (o no ver) el eclipse solar con tus hijos pequeños

El eclipse del 12 de agosto será una ocasión excepcional para mirar el cielo en familia, con responsabilidad, prudencia... y una pizca de ingenio

Cualquier adolescente diría que el eclipse solar estará «en su prime» el 12 de agosto, pero hasta entonces es abrumador el «hype» que está generando. O lo que es lo mismo, que aunque aún quedan días para que podamos contemplarlo, la enorme expectación que ha creado este fenómeno natural hace que esté en boca de todos.

Y la verdad es que no es para menos: es el primer eclipse solar completo en un siglo, y numerosos puntos de nuestro país podrán verlo con una nitidez del 100%.

Además, al coincidir con las vacaciones y en pleno atardecer, puede convertirse en un momento de esos que quedan grabados en la memoria de una familia durante años.

Pero precisamente porque el eclipse ha demostrado tener mucho de espectáculo, conviene recordar lo esencial: no todos los niños –ni los adultos– tienen por qué verlo, y la emoción no debe imponerse al sentido común.

Por eso, además de las recomendaciones básicas de seguridad (gafas especiales homologadas, sin gafas de sol corrientes, cristales ahumados o radiografías, ni mirar a través del móvil o telescopios sin protección) te damos cinco consejos para que disfrutes de ese momento en familia, sin que nada eclipse al eclipse.

1. La regla de oro del eclipse

Los niños deben entenderlo antes de salir de casa: las gafas no son un complemento divertido, sino la condición para mirar. Si se las quitan, se acaba la observación. Esa es la regla de oro para ver el eclipse al natural. Y la responsabilidad de velar por esa norma es de los padres.

De hecho, aunque en el momento central sí podemos retirarnos las gafas durante más o menos un minuto, tal vez sea mejor no hacerlo en absoluto para minimizar los riesgos.

No es alarmismo: mirar al sol sin protección adecuada puede producir daños graves en la retina, incluso aunque esté avanzado y parezca que «ya no deslumbra tanto».

2. Quizás es mejor que no verlo

¿Cuánto tiempo puede pasar un niño de menos de 3 años con unas gafas de observación bien puestas? Exacto: poco, muy poco tiempo. Y los de menos de 2 años es más que probable que no aguanten ni un par de minutos. Así que los adultos tienen que asumir que no todos los niños podrán ver el eclipse, y exponerlos a ello sería una irresponsabilidad, de trágicas consecuencias.

Y ojo, porque aun cuando los hijos sean algo mayores, la responsabilidad de los padres no desaparece. Cada niño es diferente, y un mal movimiento, unas gafas mal colocadas o una pillería para mirar sin ellas pueden ser fatales. En este caso, tal vez sea el adulto el que no pueda ver el eclipse por estar vigilándoles a ellos. Aunque observar su asombro puede ser un espectáculo igualmente hermoso.

3. No perdamos los nervios

Es poco probable que, con los años, tus hijos recuerden lo que les dijiste cuando vieron el eclipse, pero sí recordarán cómo les hiciste sentir. Algo que no sólo aplica al eclipse...

Es poco probable que, con los años, tus hijos recuerden lo que les dijiste cuando vieron el eclipse, pero sí recordarán cómo les hiciste sentir.

Aunque sea un momento que ha generado tanta expectación, es importante mantener la calma, la ilusión y el tono positivo. Incluso ante imprevistos. Y si alguno no puede mirar al sol, o las condiciones atmosféricas no permiten verlo bien, también se puede vivir la experiencia observando cómo cambia la luz, cómo se enfría el ambiente, cómo reaccionan los pájaros o cómo se proyectan las sombras.

Lo más importante para ellos será cómo lo viven en familia, mucho más que aquello que vean.

4. No hace falta «el mejor mirador»

El eclipse será al atardecer, así que conviene buscar un sitio con horizonte despejado, sin edificios, árboles o montes que tapen el sol. Pero con niños hay que añadir otros criterios: sombra, agua, poco tráfico, posibilidad de moverse y salida fácil si se cansan.

Una familia no necesita el mirador más famoso, ni el que más se comenta en las redes sociales. Necesita, sobre todo, un lugar seguro, tranquilo y práctico.

5. Convertirlo en ocasión de asombro

El eclipse puede ser una oportunidad preciosa para enseñar que el mundo, como decía Mary Poppins, no se acaba allí donde acaban nuestras narices. Y también que no está hecho para consumir pantallas: hay una creación que nos trasciende, y una secreta belleza en esperar, contemplar, comprender y maravillarse ante el mundo que habitamos.

Además de fascinarse por la observación del fenómeno, el eclipse puede dar pie a hablar sobre el cosmos, el sistema solar, o las estrellas. Y mejor si usamos elementos visuales: por ejemplo, recrear lo que va a ocurrir, durante una sobremesa, utilizando piezas de fruta a modo de planetas, el sol y la luna, para hacerles entender el fenómeno.

Por último, un recordatorio: aunque un fenómeno como este no se había producido en un siglo, no sólo va a ocurrir este año: también habrá eclipses solares en 2027 y 2028. Así que es importante controlar el «Fomo» de no querer perdérselo. Porque ningún «hype» merece que se ponga en riesgo la salud de los ojos de un hijo.

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