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Verano y FamiliaPaloma Fernández de Mesa

¿Por qué yo sí he ido este verano a un hotel «Only Adults» si tengo cinco hijos?

«Llevo diecinueve años en una casa llena de ruido, carreras, peleas y risas. No cambiaría esta vida por otra. Y, aun así, durante tres días quiero hablar con mi marido sin interrupciones, leer junto a la piscina y desayunar sin prisas», reconoce Paloma Fernández de Mesa, madre de familia numerosa y creadora de contenido.

"No he elegido una vida sin niños. He elegido tres días con Pablo" escribe Paloma Fernández de Mesa

«No he elegido una vida sin niños. He elegido tres días con Pablo» escribe la autora, en la foto, junto a su maridoCedida

Hace años, mi marido, Pablo, y yo pasamos unos días en un hotel solo para adultos en plena sierra de Córdoba. Lo dirigían Lourdes y Max, un matrimonio encantador que también tenía cinco hijos, como nosotros. Recuerdo una piscina maravillosa, las aguas del balneario y, sobre todo, la tranquilidad con la que pudimos disfrutarlas.

Ya entonces nos contaron que había gente que se quejaba de que no se admitieran niños. Y pensé lo mismo que pienso hoy: ¿Cómo no iban a saber ellos, con cinco hijos, cuánto se agradecen unos días de paz?

Estos días Pablo y yo hemos vuelto a elegir uno. Este verano, además, los hoteles «Only Adults» han vuelto a estar en el centro de la polémica. Hay quien ve en ellos la prueba de que vivimos en una sociedad a la que cada vez le molestan más los niños. Yo no lo veo así.

Al contarlo en Instagram, una seguidora me escribió: «¿Es solo adultos? Pues como madre de familia y como persona, me parece fatal».

No me molestó que no compartiera mi elección. Lo que me sorprendió fue que, por elegir un hotel de este tipo, pareciera que estoy diciendo que los niños no son bienvenidos.

Tengo cinco hijos y llevo diecinueve años en una casa llena de ruido, carreras, conversaciones interrumpidas, peleas y risas. No cambiaría esta vida por otra.

Y, aun así, durante estos tres días quiero hablar con mi marido sin interrupciones, leer junto a la piscina y desayunar sin prisas. Decirlo no me convierte en alguien que rechaza a los niños. El llanto de un niño es normal; desear unos días de silencio también.

Me preocupa una sociedad en la que las familias tengan que pedir perdón por ocupar espacio; una sociedad que no soporte a los niños en un avión, un restaurante, una plaza o incluso en la playa.

Me preocupa una sociedad en la que las familias tengan que pedir perdón por ocupar espacio; una sociedad que no soporte a los niños en un avión, un restaurante, una plaza o incluso en la playa.

Yo misma he visto esas miradas y esos suspiros cuando mis hijos alzaban la voz, como si hacerse notar fuera una falta de educación. Ese sí me parece un problema mucho más grave que la existencia de un hotel sin niños.

Los niños forman parte de la vida y no podemos pretender que solo sean bienvenidos cuando no se notan. Pero confundir esa intolerancia con la reserva de un hotel es mezclar cosas distintas: tres noches de descanso no definen un modelo de convivencia.

No todo tiene que estar pensado para todos. Nadie interpreta un vagón de silencio como una declaración contra las conversaciones, ni un hotel con miniclub y toboganes como un ataque a quienes viajan sin hijos. Son opciones para momentos distintos y las aceptamos con normalidad. ¿Por qué un hotel orientado a adultos tiene que convertirse entonces en una declaración contra la infancia? Respetar una opción no exige elegirla.

Sé que hay niños bastante más educados que algunos adultos. Un hotel solo para adultos no garantiza la buena educación ni el silencio absoluto: un adulto maleducado puede arruinar una comida mucho más que un niño. Pero ningún hotel puede hacer un casting a sus huéspedes. Los niños corren, juegan, chapotean y a veces lloran. Es normal. También lo es buscar, en un momento concreto, un ambiente distinto.

No estoy aquí para alejarme de mis hijos, sino para encontrarme con Pablo. En una casa de siete personas, entre el trabajo, las prisas, los amigos, los planes y todo lo que hay que organizar, no siempre es fácil encontrar un rato para estar solos. Podemos hablar todos los días y, aun así, echar de menos tiempo de verdad juntos. La familia empezó por nosotros dos y reservarnos unos días para seguir cuidando lo nuestro también es una forma de cuidarla.

En el fondo, esta polémica habla menos de hoteles que de nuestra dificultad para aceptar que no todo está pensado para nosotros: convertimos preferencias personales en juicios morales, como si no elegir algo ya no bastara y hiciera falta además declararlo equivocado.

Yo quiero una sociedad en la que los niños sean bienvenidos y una pareja no tenga que disculparse por buscar tres días de silencio.

No he elegido una vida sin niños. He elegido tres días con Pablo, mi marido.

Paloma Fernández de Mesa es madre de familia numerosa y creadora de contenido en Instagram.

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