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Lucio Anneo Séneca, en un retrato antiguo en torno al 1880

Lucio Anneo Séneca, en un retrato antiguo en torno al 1880Getty Images / iStockphoto

La Familia en una Frase

Séneca, filósofo estoico: «No aprendemos para la escuela, sino para la vida»

Aunque esta cita suele hoy emplearse como una especie de lema educativo moderno, su autor, el filósofo hispano Lucio Anneo Séneca la escribió justo para lo contrario: criticaba una enseñanza que preparaba para la escuela y no para la vida real.

«No aprendemos para la escuela, sino para la vida» es una de las frases educativas más repetidas del gran filósofo estoico Lucio Anneo Séneca. El problema es que Séneca... no la escribió así.

En la carta 106 de sus Epístolas morales a Lucilio, redactadas en los últimos años de su vida, el filósofo nacido en lo que hoy es Córdoba lamentaba el exceso de sutilezas y discusiones abstractas de ciertas escuelas filosóficas.

Y con la elocuente contundencia que acostumbraba a emplear, su formulación exacta fue: Non vitae, sed scholae discimus. Es decir: «No aprendemos para la vida, sino para la escuela».

Y aquello era una crítica, ojo, no un lema.

Con el tiempo, el orden de la frase se invirtió para tratar de respetar su sentido, y porque Séneca se ha convertido ya en un clásico, en su acepción chestertoniana: un autor antiguo que es mucho más citado que leído.

Por eso, la cita se convirtió en el principio pedagógico que hoy conocemos: Non scholae, sed vitae discimus, «No aprendemos para la escuela, sino para la vida». Una alteración que traiciona las palabras de Séneca, pero curiosamente conserva bastante bien su intención.

Cuando estudiar se convierte en un fin

Lucio Anneo Séneca nació en la ciudad romana de Corduba hacia el año 4 antes de Cristo, en una familia acomodada y culta. Su padre, Séneca el Viejo, fue un reconocido maestro de retórica, lo que permitió al filósofo crecer en un ambiente donde la formación intelectual tenía un peso enorme.

También tuvo su propia familia. Estuvo casado con Paulina y las fuentes mencionan al menos un hijo, muerto siendo pequeño. Y aunque hoy es recordado como uno de los grandes filósofos de toda la historia, especialmente vinculado al estoicismo, su trayectoria vital estuvo marcada por la política, el destierro, la cercanía al poder de Nerón y, finalmente, la orden imperial que le obligó a suicidarse en el año 65 de nuestra era.

Las Epístolas morales son precisamente el fruto de un hombre que ya no quería ahondar en los conocimientos, sino, ante todo, aprender a vivir con hondura y virtud.

Educar para algo más

Lo llamativo es que la crítica de Séneca resulta especialmente actual y de ahí la fortuna que ha encontrado la cita que nos ocupa. Porque el sistema educativo de nuestros días permite a un niño (y eso, en el mejor de los casos a la luz de los datos del informe PISA) aprender fechas, fórmulas, idiomas o procedimientos y, sin embargo, no saber frustrarse ni pedir perdón, no saber distinguir el bien del mal, tener dificultades para comunicar sus ideas con solvencia, escrutar al poder con pensamiento crítico, u ordenar sus afectos desde la templanza, la entrega y la búsqueda de la verdad y la belleza.

Y, obviamente, Séneca, que tuvo tan notables maestros como discípulos, sabía que la escuela importa, aunque no deba convertirse en el horizonte último de la educación. Hoy podríamos decir que las notas, los títulos y los exámenes son medios, pero la pregunta decisiva es qué clase de persona está surgiendo de ellos.

Una denuncia aún vigente

Séneca ya denunció a quienes aprendían demasiado para la escuela y demasiado poco para la vida... y a aquellos que propiciaban ese sistema que deja a las personas al albur de los poderosos.

Veinte siglos después, su crítica sigue teniendo sentido: una buena educación no se limita a aquello que el alumno sabe para aprobar (ni mucho menos lo que pone un currículo académico aunque el alumno pueda pasar de curso suspendiéndolo), sino que empieza a demostrar su valor cuando tiene que vivir.

Un espacio, por cierto, que cada vez más es territorio de la familia, porque los padres son, antes que cualquier otra instancia, quienes enseñan y transmiten con su ejemplo todo lo que no recoge un boletín de notas: responsabilidad, fortaleza, gratitud, prudencia, generosidad, dominio de uno mismo... Y no deja de ser llamativo que, en la época marcada por el desarrollo de la Inteligencia Artificial, los males del sistema educativo no sean tan distintos de lo que Séneca denunciaba... hace más de dos mil años.

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