Fundado en 1910
José Antonio Méndez
Familia y EscuelaDavid Jáñez González*

Las técnicas que sí ayudan a tus hijos a estudiar más y mejor, sin convertir las tardes en una batalla diaria

Las tardes de peleas familiares y horas interminables ante apuntes subrayados de principio a fin son tan ineficaces como frustrantes. David Jáñez, coordinador de los Grados de Educación de la Universidad San Pablo CEU, explica cómo funciona el cerebro y qué técnicas sí son realmente eficaces para aprender

"Más horas no siempre es mejor", explica el experto en educación David Jáñez

«Más horas no siempre es mejor», explica el experto en educación David JáñezGetty Images / iStockphoto

¿Cuántas tardes de tensión, suspiros y libros abiertos sobre el escritorio se viven en casa durante la época escolar? Para la mayoría de las familias, acompañar a los hijos en los estudios puede llegar a sentirse como una batalla diaria.

Muchas veces vemos a nuestros hijos pasar horas sentados, subrayando folios enteros con rotuladores de colores brillantes o memorizando apuntes la noche antes de una prueba. Y, sin embargo, los resultados no siempre reflejan ese sacrificio.

Basándonos en los descubrimientos recogidos en la literatura científica, el problema rara vez es la falta de capacidad de los chicos. La verdadera causa es que nadie nos ha enseñado cómo aprende el cerebro humano.

Por eso, a continuación, traducimos algunos de los hallazgos más relevantes en el ámbito de la neurociencia en pautas prácticas, accesibles y profesionales para que cualquier familia pueda transformar las jornadas de estudio en casa.

El talento no es fijo, se entrena

Empecemos desmontando mitos.

Uno de los mayores errores familiares es clasificar a los hijos en «buenos» o «malos» para ciertas materias. Carol Dweck, investigadora pionera en psicología, descubrió que quienes creen que la inteligencia es fija y genética tienden a frustrarse y rendirse ante la menor dificultad, considerando el tropiezo como una prueba de incapacidad.

En cambio, cuando fomentamos en casa una «mentalidad de crecimiento» –la convicción de que la habilidad cerebral se desarrolla mediante el esfuerzo y la práctica–, los estudiantes afrontan los desafíos con entusiasmo y resiliencia.

Asimismo, conviene derribar falsas creencias y mitos:

• El error no es un fracaso: Los estudios sobre «fallo productivo» demuestran que equivocarse e intentar resolver un problema antes de recibir la solución fortalece mucho más el aprendizaje que darles la respuesta masticada.

• Más horas no siempre es mejor: Empollar a última hora satura la memoria de trabajo. El cerebro asimila mejor con sesiones distribuidas a lo largo de varios días (repetición espaciada).

Dos modos del cerebro: enfocado y difuso

El cerebro trabaja con dos estados alternos, que a su vez son complementarios:

• El modo enfocado: Se activa cuando el estudiante presta atención directa y minuciosa a una tarea concreta, utilizando caminos neuronales conocidos.

• El modo difuso: Se activa al relajarse, pasear o desconectar la mirada consciente. Permite al cerebro generar perspectivas amplias, enlazar ideas novedosas y resolver atascos mentales.

Por eso, demos un consejo para casa: Si tu hijo lleva 40 minutos bloqueado frente a un problema de matemáticas, obligarlo a quedarse en la silla suele ser inútil. Anímale a dar un paseo breve, estirarse o hacer una pausa de ejercicio al aire libre; con frecuencia, la solución aparecerá en ese respiro.

Y una vez tenemos unas nociones básicas de cómo funciona nuestro cerebro, y el de nuestros hijos, veamos cuáles son las técnicas que sí funcionan para aprender a estudiar.

Las técnicas que sí funcionan

Ver un texto subrayado por completo o leerlo cinco veces seguidas produce una trampa mental: la falsa sensación de que la materia ya está aprendida.

Sin embargo, para estudiar de forma efectiva, la neurociencia recomienda los métodos activos, entre los que destacan tres:

A. La práctica de recordar (Active Recall):

En lugar de releer el tema, el psicólogo Jeffrey Karpicke demostró que la manera más eficaz de consolidar la memoria consiste en:
  • Leer una sección.
  • Apartar la vista.
  • Tratar de recordar mentalmente o por escrito lo principal. Esta acción crea «ganchos neuronales» duraderos.

B. La técnica Feynman:

Nombrada en honor al célebre físico Richard Feynman, propone un ejercicio fascinante para poner a prueba la comprensión real:
  1. Elegir el concepto.​
  2. Explicarlo en voz alta con palabras sencillas, como si se lo contaran a alguien sin conocimientos previos.
  3. Detectar dónde surgen dudas o vacíos en la explicación y volver al libro a repasar solo ese punto ciego.
  4. Crear una analogía o metáfora cotidiana.
Un dato curioso de la pirámide del aprendizaje: Se retiene sólo alrededor de un 10% de lo que se lee pasivamente, pero hasta un 90% de lo que se enseña a otros. ¡Así que pídele a tu hijo que sea él quien te dé la clase a ti!

C. El método de Loci (palacio de la memoria):

Evolutivamente, nuestro cerebro recuerda con mayor facilidad imágenes y lugares que datos abstractos.
El método de Loci o «palacio de la memoria» consiste en:
  • Establecer los puntos claves (como datos o nombres de epígrafes)
  • Asociar esos conceptos clave a puntos específicos de un trayecto que resulte familiar, como las habitaciones de casa.
  • Ir recorriéndolas mentalmente, para desarrollar los apartados.
Este método permite recordar listados extensos con notable precisión, ejercitando a la vez la creatividad.

La biología invisible: sueño, hidratación y movimiento.

Por último, hay que recordar que el rendimiento escolar no depende únicamente de los cuadernos; los hábitos de vida son determinantes:

• El sueño como limpiador biológico: Mientras dormimos, las células cerebrales se reducen ligeramente para permitir que el líquido cefalorraquídeo elimine toxinas acumuladas durante la vigilia. Además, en el sueño profundo el hipocampo consolida los recuerdos del día en la memoria a largo plazo. Dormir poco equivale a «conducir con azúcar en el depósito de gasolina».

• Hidratación constante: El cerebro es sensible a la falta de agua; una leve deshidratación puede mermar de forma visible la velocidad de reacción y la función cognitiva.

• Ejercicio aeróbico: La actividad física incrementa el volumen de regiones críticas como el hipocampo y la corteza prefrontal, preparando al organismo para pensar mejor.

Educar con paciencia: el arte de aprender a aprender

Convertirse en un estudiante eficiente es un proceso gradual.

Por eso, los padres también deben recordar que habrá días en que los conceptos parezcan desmoronarse o costar más de lo habitual. Esto es un signo natural de que la mente está reestructurando sus cimientos cognitivos.

Ayudar a nuestros hijos no significa resolverles los deberes ni exigirles jornadas interminables. Significa brindarles un entorno de paciencia y calma, validar sus errores como escalones de aprendizaje y dotarlos de herramientas científicas para que descubran que ellos también tienen la capacidad innata de pensar, razonar y aprender con éxito.

* David Jáñez González es profesor y coordinador en los Grados de Educación de la Universidad San Pablo CEU, y Coordinador Académico de Diseña tu Futuro.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas