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José Manuel Hernández

El error que cometen casi todos los padres de niños pequeños y que deteriora su salud y su matrimonio

José Manuel Hernández es padre de siete hijos, creador de contenido y fisioterapeuta de profesión. Por eso, sabe cuáles son algunos de los errores más comunes que cometen los padres cuando están cuidando de sus hijos pequeños y que les generan, con el tiempo, severos problemas de salud física y emocional

Un padre jugando con su hijoGetty Images / iStockphoto

Son las tres de la mañana y el niño llora. Te levantas sin abrir del todo los ojos, lo coges de la cuna con el cuerpo medio torcido y lo meces en el pasillo. A la mañana siguiente, tu espalda te pasa una bonita factura.

Cuando esta situación se repite un día tras otro, te sientes abatido y se deteriora incluso tu actitud con tu cónyuge y con tus hijos. No es casualidad, y tampoco es que te estés haciendo mayor.

Criar exige esfuerzo físico y casi nadie te lo cuenta. También, y cada vez más, a los padres varones. Cargar con el carrito o la silla del coche en un parking, subir a un niño de quince kilos en brazos mientras buscas las llaves con la compra colgando del otro hombro, agacharte veinte veces por hora a recoger lo que se cae al suelo... Ninguno de estos gestos es grave por sí solo. El problema es la repetición, y que casi siempre los haces con prisa, con sueño, con el cuerpo en tensión y sin tomar conciencia de lo que estás haciendo.

Por qué ocurre

Criar a un hijo en el entorno urbano contemporáneo exige un desgaste físico que rara vez se mide con justicia. Los manuales de obstetricia y las guías de crianza detallan con precisión las etapas del desarrollo infantil, los percentiles de crecimiento y el calendario de vacunación, pero apenas dicen una palabra de la factura que la crianza pasa al cuerpo de los padres.

Quizá el error de fondo sea tratar ese cuerpo como si fuera de acero e inagotable. O quizá, simplemente, como fuimos nosotros solitos los que nos metimos en esto de la paternidad, no nos queda otra que marcarnos un «Juan Palomo». Cuando duermes poco y vas a contrarreloj, los músculos de la espalda trabajan más y se recuperan peor. Si además cargas pesos que se mueven, giran y se agarran a ti, el cuerpo no puede prepararse.

Resultado: contracturas, rigidez y ese dolor lumbar que te arruina el día siguiente en la oficina y te deja sin ganas de jugar en el parque. Y eso pasa más factura emocional y afectiva de lo que parece.

Lo que no hace falta que hagas

Te habrán dicho mil veces que dobles las rodillas y mantengas la espalda recta. Está bien como idea, pero con un bebé llorando en brazos o un niño que se te lanza encima, es imposible hacerlo siempre.

Y no pasa nada: la espalda no es de cristal. Está hecha para moverse, flexionarse y cargar peso. Lo que le pasa a muchos padres no es que se agachen mal, sino que su cuerpo no está lo bastante preparado para tanta repetición.

Por eso la solución no es vivir con miedo a cada gesto, sino reforzar la espalda y reducir la carga innecesaria.

Qué puedes hacer desde esta semana

1. No huyas de tu responsabilidad. Lo primero es seguir cuidando de tus hijos y de tu mujer, pero haciéndolo bien, para no verte ante la necesidad, o la tentación, de dejar de hacerlo y cargarle a ella esa tarea.

2. Acércate antes de levantarlo. Pega al niño a tu cuerpo antes de subirlo. Cuanto más lejos de ti lo cojas, peor trabaja tu espalda.

3. Gira con los pies, no con el tronco. Si tienes que cambiar de dirección con el niño en brazos, mueve los pies. Es el gesto que más se olvida y el que peor nos sienta.

4. Cambia de lado. Si siempre lo llevas en la misma cadera, alterna. Tu espalda lo va a agradecer.

5. Haz menos viajes, pero más ligeros. Padres del mundo, atentos: cargar con todo de una vez parece eficiente, pero es una trampa. Mejor dos viajes que una espalda pidiendo jubilación anticipada.

6 Muévete un poco cada día. Diez minutos de ejercicio de fuerza, sentadillas, puentes de glúteo o remos con una banda elástica, hacen más por tu espalda que cualquier consejo postural. Si empiezas, verás como el cuerpo te va pidiendo más a medida que mejores.

El dolor también es cosa de dos

El dolor también es cosa de dos. Porque cuando uno de los dos tiene la espalda mal, afecta al hogar. El otro acaba levantándose de noche, cargando más y asumiendo más tareas, y eso genera cansancio y tensión. Hablad de ello sin culpas. Repartid los turnos de noche, quién carga la silla del coche, quién sube la compra.

Cuidar la espalda de los dos no es un lujo asiático, es lo que te permitirá cuidar mejor de tus hijos y de tu matrimonio.

Y también hay que saber cuándo pedir ayuda. Un dolor ocasional tras una mala noche es normal. Pero si te dura más de unas semanas, si te baja hacia la pierna o si te impide hacer lo cotidiano, consulta con un profesional. Es mejor actuar pronto que esperar a que sea un problema.

Tu cuerpo es la herramienta con la que cuidas a tu familia, así que recuerda: cuidarlo también es cuidar de ellos.

* José Manuel Hernández es padre de siete hijos, creador de contenido en Instagram y fisioterapeuta.