Publica `La mala sangre´, en el que novela su historia y la de su familia, la casa de Bornos
Entrevista
Íñigo Ramírez de Haro: «Sin aristocracia los días de monarquía están contados»
Qué haces cuando un hermano se convierte en un villano y se queda con todo
Íñigo Ramírez de Haro es marqués de Cazaza en África, un título otorgado por Isabel la Católica a su familia hace más de quinientos años. También es filólogo, diplomático e ingeniero aeronáutico. Vive en París y trabaja en la Unesco. Ni los mil kilómetros alejado de su cuñada Esperanza Aguirre y de su hermano mayor, Fernando, le han librado de litigar por el Goya, que estos vendieron a Villar Mir cuando pertenecía a todos los hermanos. Cuadro que aparece ilustrando la portada de su último libro publicado, La mala sangre, en el que novela la historia suya y de su familia, la casa de Bornos, desde el siglo XV hasta hoy, una mirada a través del ojo de la cerradura del mundo de la alta aristocracia de la que él proviene. Y que, dado su espíritu crítico, le ha convertido en un personaje molesto porque apunta con inteligencia a donde más duele.
–El gobierno piensa cargarse 33 títulos nobiliarios creados por Franco. ¿Eso es memoria democrática o de pez?
–Es una pregunta con mucho más fondo del que parece porque plantea una cuestión muy pertinente para la aristocracia: ¿Tenía Franco el derecho y la legitimidad de otorgar títulos nobiliarios cuando el rey de España estaba en el exilio? Los jefes de estado que no son reyes no dan títulos nobiliarios.
–¿Deberían extenderse más o así está bien?
–Si Franco no tenía la legitimidad para otorgar los títulos, lo lógico es que se supriman los que él dio. Ninguno más. Y algunos, como por ejemplo, el otorgado a Ramón y Cajal, debería ser suprimido por esta razón, y devuelto a continuación por el Rey actual.
–A veces los títulos los heredan personas que no hacen honor al motivo por el que se concedió. ¿Habría que revisarlo?
–Una vez que los títulos no conllevan privilegios, su justificación se basa en la ejemplaridad y la honorabilidad. Cuando el poseedor del título no es ni ejemplar ni honorable, sí creo que es legítimo retirárselo. Yo he denunciado a mi hermano Fernando, el actual conde de Bornos, por ladrón y más delitos. Si la justicia me da la razón, creo que se le debería quitar el título. Le planteo una hipótesis: Si el marqués de Perijá que mató hace unos días a su esposa y a una amiga siguiese vivo, ¿se le debería mantener el título?
–¿Para qué necesita la Unesco a un aristócrata ingeniero aeronáutico?
–Los aristócratas somos herederos de muchos de los protagonistas de la historia de España. En la Unesco, como en todos los puestos en que he servido a España, la condición de aristócrata me ha sido muy útil para una mayor penetración, interés y presencia. Y si estamos de acuerdo en que solo la ciencia nos puede salvar, nada como un ingeniero en la Unesco, la única organización internacional universal, que reúne a 193 Estados Miembros para dialogar sobre la ciencia, además de la cultura y la educación. Lo más novedoso actualmente es la revolución tecnológica numérica y digital alrededor de los algoritmos. Yo desde primero de carrera ya estudiaba los algoritmos.
–¿Si tanto le repatea su familia por qué insiste con ellos y no los olvida?
–Mire, yo siempre he valorado los conceptos del honor y la dignidad por encima de muchos otros. Lucho por mi honor primero y luego por obtener Justicia. Si mi hermano Fernando cumple con lo que se comprometió como caballero de palabra y por documento escrito de repartir la venta del cuadro de Goya con sus hermanos a la muerte de nuestra madre y no interceptar la división de los proindivisos, se acabaría el problema hoy mismo. La cuestión que se plantea aquí es qué haces cuando un hermano se vuelve un villano y se queda descaradamente con todo.
`La mala sangre´, nuevo libro del marqués de Cazaza
–Esperanza Aguirre, por matrimonio con su hermano, es condesa de un título ancestral de su familia. ¿Son buenos condes de Bornos?
– Si se refiere a enaltecer el título, creo que la trayectoria de Esperanza Aguirre como política está sembrada de cargos públicos, pero yo la acuso de haber utilizado su poder para hacer cosas indignas que me afectan muy directamente. Si mi hermano no hubiese estado casado con ella, nunca podría haber logrado todo lo que denunció. No creo que se les pueda considerar buenos condes de Bornos.
–Usted es licenciado en ingeniería aeronáutica y, sin embargo, en el bachillerato los jesuitas le calificaron de «subnormal», ¿su familia cómo reaccionó?
– Está ampliamente contado en el libro, mi familia siempre estuvo de acuerdo con los jesuitas.
–Tamara Falcó y Ana Torroja son las últimas marquesas llegadas al club nobiliario. ¿Isabel la Católica, la mayor influencer de su época, las ratificaría?
–Para que vea que la aristocracia tiene mucho de endogamia, cuando no directamente de un club o una secta, mi tatarabuelo Fernando Ramírez de Haro Bellvís de Moncada, nieto del retratado en el cuadro de Goya, casó en 1879 con la I marquesa de Griñón, tatarabuela de Tamara. Y a don Eduardo Torroja, abuelo de Ana, le debo muchas malas noches estudiando sus libros sobre el hormigón para aprobar «Resistencia de materiales» en tercero de Ingeniería Aeronáutica.
Indudablemente, Isabel la católica fue la Reina que mejor utilizó la propaganda para el autobombo y justificar el golpe de estado que hizo contra su heredera legítima, Juana. Como luego, y lo digo en la página 166 de mi libro, Guillermo de Orange en Holanda, Isabel I en Inglaterra o Goebbels en Alemania, la futura Reina Católica supo manejar como nadie en la historia de España, las artes de la intoxicación y las noticias falsas.
–Los títulos parecen no importar, pero ser amigo de un duque mola. ¿No le parece una contradicción?
–Una contradicción fascinante, la misma que si un asesino o un presunto estafador roba no sale en los periódicos, o como mucho en un pequeño artículo en la página 20, pero si es el hermano del duque de Feria o el marqués de Perijá entonces pasa a la portada durante días. En el mundo actual de exaltación de los valores burgueses de la igualdad y la meritocracia, resulta que lo más desigual, un título nobiliario basado simplemente en la sangre, en el hecho de nacer, sin tener que hacer nada más, tal vez porque sea de las pocas cosas que no se pueden comprar, atrae más que nunca.
–¿La introducción de sangre plebeya en las monarquías afectará a la nobiliaria?
–La sangre plebeya es muy recomendable para dar nueva savia a los viejos linajes. Hoy, casi todos los monarcas se casan por amor y ya no por intereses, lo que es ciertamente una novedad. En cambio, en la nobleza siempre ha existido el «redorar los blasones», como mecanismo de regeneración de las Casas en decadencia.
–Hace mucho que los reyes no otorgan títulos, los últimos fueron al entrenador de la Selección Española de fútbol y a unos empresarios. ¿Ya no hay méritos?
–Hoy como ayer y siempre hay mucho mérito que se debería recompensar con un título nobiliario. Si no se otorgan nuevos títulos, la aristocracia se convertirá en una reliquia que perderá toda su presencia social, ya que no se nutrirá de los «excelentes» de la sociedad, sino solo de los descendientes de los que hicieron las grandes hazañas del pasado. De paso arrastrará en su caída a la monarquía. El Rey es un noble más. Sin la aristocracia, los días de la monarquía están contados. Recordemos el juramento por el que los nobles nombraban a los reyes de Aragón: «Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor…».