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niño lama osel

Ha conseguido recuperar la relación con su familia y ha formado la suya propiaMás vale tarde

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Así ha cambiado la vida de Osel Hita, el ‘niño lama español’ que lo dejó todo por irse a Ibiza

HBO ha preparado un documental inspirado en la vida del conocido granadino

Han pasado muchos años desde la última vez que se supo algo de Osel Hita, el denominado ‘niño lama español’ que, cuando era un bebé, fue señalado como la reencarnación del lama Yeshe, un importante lama tibetano, y años más tarde, trasladado a la fuerza a India. Sin embargo, por más que el tiempo pase, una buena parte de la sociedad le sigue recordando por la impresionante historia que vivió cuando apenas tenía uso de razón. Una realidad que sorprendió a propios y extraños, que llegó a copar las portadas de la prensa nacional y que ahora ha querido ser recogida por HBO Max en Osel, una docuserie que verá la luz este jueves 3 de noviembre y en la que el propio ‘niño lama’ relata, en primera persona, su historia.

A sus 37 años, Osel se ha puesto a las órdenes de Lucas Figueroa para ahondar en aquellos momentos de su vida que tanta huella y dolor le causaron. A tan solo un día del estreno oficial, se ha podido conocer que, a lo largo de la producción audiovisual, Hita hablará del momento en el que llegó a sentirse «vendido» por su familia, de lo impactante que era para él ir a visitar a su madre a Ibiza, hasta donde empezó a viajar a partir de los 14 años, así como de la nueva vida que consiguió empezar en la frecuentada isla pitiusa tras cumplir la mayoría de edad.

Así lo reveló él mismo el pasado miércoles durante su visita al plató de Más vale tarde con motivo de la presentación de este nuevo proyecto. Durante su conversación con Cristina Pardo e Iñaki López, Osel llegó a contar el primer recuerdo que tiene de su infancia: «Me acuerdo perfectamente del viaje en coche para ver al Dalai Lama. Los primeros dos años estuve sin mis padres, y al tercer año, con 9 años, llegaron mi padre y uno de mis hermanos y se quedaron a vivir allí también», confesó.

Además, se animó a relatar cómo era su día a día en La India, donde vivió, sin quererlo, toda su infancia y gran parte de su juventud: «Un día normal era levantarme a las cinco y media de la mañana, hacer una hora y media de memorización, después desayunar y a partir de las ocho clases, debates, memorizaciones…», añadió.

Fue en el año 1986 cuando una pareja de hippies de Bubión, un pueblo de La Alpujarra granadina, decidieron entregar a uno de sus cuatro hijos a los monjes tibetanos después de que, con solo 14 meses, este fuese considerado como la reencarnación del lama Yeshe, el maestro tibetano que expandió el budismo por Occidente en los años 60. Estos se llevaron a Osel, que por aquel entonces tenía 6 años, a la India, donde le entronizaron y le trataron como a un Dios, mientras él se dedicaba a estudiar en el monasterio de Sera: «Tenía prohibido ver películas, escuchar música o hacer deporte. Solo podía estudiar, y lo hacía hasta 16 horas al día», ha llegado a confesar en alguna que otra ocasión.

Sin embargo, tal y como reveló durante el programa del pasado miércoles, al cumplir la mayoría de edad, decidió romper con todo, escapar del refugio y, tras renunciar al nombre de Lama Tenzin Osel Rimpeché, iniciar una nueva vida en Ibiza, donde vivió una adolescencia de lo más experimental en la que cada día era una verdadera sorpresa para él. Allí, no se limitó a continuar con la meditación y todo lo que esta conlleva, esta vez más cerca de su familia, sino que prefirió centrarse en recuperar todo el tiempo perdido, exprimiendo cada momento al máximo y dejándose guiar por la curiosidad. Tanto, que incluso se animó a probar el alcohol y las drogas, y a conocer la noche ibicenca: «No echaba nada de menos porque no lo conocía, pero sentía mucha curiosidad, y cuanto más conocía, más curiosidad tenía», afirmó.

Tras ello, se instaló en Madrid y en países como Canadá y Suiza. Ha estudiado cine, ha trabajado de traductor de maestros tibetanos y, en cuanto a su vida personal, recuperó la relación con su familia y formó la suya propia con la llegada de su hijo, Tenzin Norbu, de cinco años.

Ahora, dedica sus días a dar charlas por el mundo sobre el budismo, a los compromisos derivados de su puesto como directivo de la Fundación para la Preservación de la Tradición Mahayana, una red internacional de centros budistas de estudio y meditación, y a seguir impulsando su propia comunidad, Global Tree Initative, cuyo cometido es plantar árboles por el planeta defendiendo la creación de un mundo idílico basado en la paz, en el amor, en la armonía y, sobre todo, en el respeto.

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