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Vargas Llosa, junto a la calle Flora, donde se encuentra la que ha sido su casa en MadridMontaje: David Díaz

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La tasca de Madrid donde Vargas Llosa escribió su primer libro y ahora es un templo de la cocina tradicional

El escritor pasó su época de estudiante universitario en la capital, dando rienda suelta a su imaginación en pleno barrio de Retiro

Mario Vargas Llosa, uno de los grandes referentes de la literatura hispanoamericana del siglo XX, falleció el pasado domingo 13 de abril en su vivienda de Lima, a los 89 años. El escritor peruano, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2010, deja tras de sí una prolífica carrera marcada por novelas fundamentales como La ciudad y los perros, Conversación en La Catedral o La fiesta del Chivo. Sin embargo, pocos saben que el germen de esa brillante trayectoria se plantó en una modesta tasca madrileña, hoy desaparecida: El Jute.

Vargas Llosa llegó a Madrid en 1958 con apenas 22 años, becado para realizar estudios de posgrado en la Universidad Complutense. Durante ese tiempo vivió en una pensión situada en la calle Doctor Castelo, número 12, muy cerca del Parque del Retiro. La capital española lo recibió en una época en la que Madrid era aún una ciudad contenida por la dictadura, pero también llena de vida cultural subterránea y bohemia. Fue en ese entorno donde el joven escritor comenzó a forjar su carrera.

A escasos metros de su alojamiento, en el número 13 de la Avenida Menéndez Pelayo, se encontraba La Tasca El Jute, un pequeño y castizo bar madrileño que Vargas Llosa frecuentaba con asiduidad. Tal era su vínculo con el lugar que llegó a escribir allí los primeros borradores de su ópera prima, La ciudad y los perros, publicada finalmente en 1963 y considerada una de las novelas fundacionales del llamado boom latinoamericano.

«Escribí mi primera novela en una tasca que ya desapareció, El Jute, en la esquina de Menéndez Pelayo y Doctor Castelo», escribió el propio Vargas Llosa en una crónica autobiográfica. «Tenía clases en la universidad por la mañana y por la tarde me dedicaba a leer y escribir. Siempre pasaba unas horas allí, en esa tasca típicamente madrileña, muy simpática, donde había un camarero bizco que me ponía muy nervioso porque se acercaba a leer por sobre mi hombro lo que estaba escribiendo».

El restaurante Arzábal Retiro que combina el concepto de tasca de barrio con gastronomía moderna

Este camarero, que con el tiempo se convirtió en una figura casi mítica entre los habituales del bar, aparece incluso en tres fotografías conservadas en la correspondencia que el escritor mantuvo con su colega colombiano Dasso Saldívar en 1979. En ellas puede verse al hombre tras la barra, así como la mesa que solía ocupar Vargas Llosa con sus cuadernos.

El bar El Jute, conocido por sus guisos caseros y su ambiente acogedor, cerró sus puertas hace ya décadas. En su lugar se encuentra hoy el restaurante Arzábal Retiro, uno de los locales más conocidos del Grupo Arzábal, fundado por Iván Morales y Álvaro Castellanos. El espíritu de tasca de barrio ha dado paso a un concepto más moderno de gastronomía, pero la esquina conserva parte de su esencia, aunque la historia que allí se escribió ya pertenece a otra época.

La taberna El Jute, antes de que se convirtiera en el restaurante que es hoy

La etapa madrileña de Vargas Llosa fue breve, pero decisiva. Madrid no solo le proporcionó una formación académica en la Universidad Complutense, sino que también le permitió respirar el ambiente intelectual y literario de la capital. Desde allí comenzó a proyectar su carrera internacional: tras dejar España en 1960, se instaló en París, donde terminó de escribir La ciudad y los perros, inspirada en su experiencia como alumno en el Colegio Militar Leoncio Prado en Lima.