Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro en el Penal Lurigancho
El motivo por el que Mario Vargas Llosa decidió morir en Perú
Su hijo mayor, Álvaro Vargas Llosa, compartió detalles íntimos sobre los últimos meses de su vida, en el diario La Nación
Su familia esperaba el desenlace desde hace meses. Mario Vargas Llosa falleció el 13 de abril, a los 89 años, tras una larga enfermedad. El autor peruano dejó un legado literario que permanecerá para siempre en la memoria colectiva, pero también dejó un vacío profundo entre sus seres queridos.
En una reciente entrevista con el diario La Nación de Argentina, su hijo mayor, Álvaro Vargas Llosa, compartió detalles íntimos sobre los últimos meses de su vida. Reveló que su regreso a Lima fue una decisión profundamente humana y necesaria. «Ya estaba muy fatigado y necesitaba la cercanía de la familia, así como la comodidad de su hogar», comentó Álvaro. Esta vuelta a su país natal respondía a la necesidad de reencontrase con sus raíces y visitar los escenarios que dieron forma a muchas de sus obras.
Los hijos del escritor decidieron respetar sus deseos y llevar a cabo una despedida íntima, lejos de los focos mediáticos, para honrar su legado de una forma personal. No hubo ceremonias públicas ni ostentosas; su último adiós fue reservado para la familia, tal como él lo había pedido.
El 14 de abril, un día después de su partida, los restos del escritor fueron trasladados al Centro Funerario y Crematorio del Ejército de Chorrillos, en Lima, para proceder con la incineración de su cuerpo, tal y como había dispuesto. Sin embargo, lo que parecía ser un acto rutinario dio paso a un misterio que conmocionó a todos: los hijos de Vargas Llosa, Álvaro, Gonzalo y Morgana, salieron del crematorio con las cenizas de su padre divididas en dos urnas distintas. Esta decisión despertó la curiosidad pública y, después de siete días de silencio, fue el propio Álvaro Vargas Llosa quien, en una emotiva carta publicada en El País, reveló el motivo detrás de esta particularidad.
En su emotivo escrito titulado Elogio fúnebre de mi padre, Álvaro Vargas Llosa revela que, según la última voluntad de su padre, parte de las cenizas permanecerán en Lima, su tierra natal, mientras que la otra mitad será llevada a Europa. Aunque el lugar exacto no ha sido revelado, el escritor había pedido que sus cenizas descansaran en un sitio especial en el Viejo Continente.
La Princesa de Asturias con Patricia Llosa y los hijos de Mario Vargas Llosa, Gonzalo y Morgana, en el Ecano
El relato también se extiende en detalles íntimos sobre los días previos a la partida de su padre, sobre todo los momentos que compartió con sus hermanos, Gonzalo y Morgana, quienes estuvieron a su lado durante toda la enfermedad del escritor. «Morgana, que batalló como una leona en estos meses; Gonzalo, que viajó tantas veces desde Siria, donde cumple con su labor en ACNUR, hasta Lima», escribió con orgullo. En la carta, también resaltó el amor incondicional de su madre, Patricia Llosa, a quien definió como «esa santa en vida», mostrando gratitud por el apoyo y la dedicación que ella brindó al escritor durante todos estos años.
Al final de su homenaje, Álvaro recuerda las palabras de Renoir a Matisse, cuando este lo vio pintando a pesar del dolor del reuma: «El dolor pasa, la belleza permanece». Con esta cita, el hijo de Vargas Llosa cierra su despedida, recordando que la belleza de la obra de su padre, como escritor y ser humano, permanecerá en la memoria colectiva mucho después de su partida. «Adiós, Varguitas querido», concluye con una mezcla de amor y melancolía.