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Bárbara Mirjan, en una imagen de archivo

Bárbara Mirjan, en una imagen de archivoGTRES

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El pequeño pueblo vasco que ha marcado el legado familiar de Bárbara Mirjan

En esta localidad alavesa de apenas 459 habitantes, la familia materna de la futura esposa de Cayetano Martínez de Irujo levantó un próspero negocio vinculado a la industria maderera

El próximo 4 de octubre de 2025, Cayetano Martínez de Irujo, hijo de la inolvidable duquesa de Alba y actual duque de Arjona, contraerá matrimonio con Bárbara Mirjan Alíenme, su pareja desde hace más de una década. La ceremonia religiosa se celebrará en la iglesia del Cristo de los Gitanos, en Sevilla, y la posterior celebración tendrá lugar en la finca Las Arroyuelas, propiedad del duque en la localidad de Carmona.

Tal y como ha publicado la revista ¡Hola!, la novia lucirá un vestido de novia diseñado por la firma Navascués, una casa de alta costura nupcial de referencia, bajo la dirección creativa de Cristina Martínez-Pardo Cobián. Una elección que encaja con el estilo que ha marcado toda su trayectoria: discreción, sobriedad y elegancia sin estridencias.

Poco se sabe de Bárbara en lo mediático, pero su trayectoria profesional es clara. Hija de madre vasca y padre libanés, estudió Gestión de Empresas y se especializó posteriormente en organización de eventos. Mantiene un perfil profesional reservado y una vida privada que ha resistido el interés de la prensa, incluso durante su largo noviazgo con Cayetano.

Su entorno familiar también ha estado blindado… hasta ahora. Recientemente ha salido a la luz el peso empresarial de su familia materna, profundamente ligada al mundo de la madera en el País Vasco.

El imperio silencioso de los Aliende

En Berantevilla, un pequeño municipio alavés de apenas 459 habitantes, se encuentra el corazón económico de los Aliende, la familia materna de Bárbara. Allí nació y creció IMA, S.A., la empresa que fundó su tío, José Luis Aliende, y que hoy dirige su primo del mismo nombre. Dedicada a la fabricación de tarima flotante de madera, se ha convertido en referente nacional e internacional del sector.

Según publicó Vanitatis, en 2023 la empresa registró una facturación cercana a los tres millones de euros, consolidando su posición dentro de un mercado muy competitivo. Es más, produce más de un millón de metros cuadrados al año, exporta a diversos países y muestra sus colecciones en espacios de prestigio como INGURUBIDE, el showroom vasco de interiorismo ubicado en Bilbao.

El fundador ha sido reconocido por la Federación Española de Pavimentos de Madera, donde ejerce además como vocal de su junta directiva. Una historia empresarial sólida, ajena a los focos, pero con cifras que hablan por sí solas.

Berantevilla

Berantevilla posee menos de 500 habitantes

Un pueblo de la España vaciada

Berantevilla, más allá de ser una referencia industrial inesperada, es también uno de los pueblos con mayor riqueza patrimonial de Álava. Declarado Conjunto Monumental, mantiene su trazado medieval, con casas blasonadas, una iglesia barroca con retablo churrigueresco del siglo XVIII, y un parque natural junto al río Ayuda que refuerza su conexión con el entorno. El municipio celebra cada 9 de septiembre sus fiestas patronales en honor a Nuestra Señora de la Asunción, con un tradicional pasacalle que recorre casa por casa hasta formar un castillo humano culminado por una copla.

A nivel económico, además de la industria maderera, la agricultura y la ganadería siguen jugando un papel importante. Cultivos de cereal y forrajes, junto con la cría de ganado, completan una economía diversificada y sostenible.

Berantevilla

Berantevilla, un pueblo de la España vaciada

Pese a sus fortalezas, también forma parte de la España rural que lucha contra la despoblación. Su oferta educativa se limita a una haurreskola (escuela infantil 0–3 años), y para estudios de primaria o secundaria es necesario desplazarse a Miranda de Ebro, a unos 6 km. Sin embargo, su proximidad a Vitoria-Gasteiz (30 km, 35 minutos en coche o 22 en autobús) le permite mantener una cierta conexión urbana sin perder su esencia rural. En lo inmobiliario, vivir resulta accesible: las viviendas oscilan entre 60.000 y 320.000 euros, muy por debajo del precio medio de Álava.

Bárbara Mirjan llega al altar sin títulos, pero con una herencia que vale tanto o más: una educación sólida, un legado empresarial blindado y un apellido que ha crecido con trabajo.

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