Amancio Ortega y su hija Marta
El espectacular enclave donde Amancio Ortega descansa fondeando el Valoria
El empresario más reservado de España ha encontrado su refugio estival en la Ría de Aldán
Mientras los titulares internacionales informan sobre la compra de dos edificios de oficinas en Alemania por parte de Sandra Ortega, hija del fundador de Inditex, por 150 millones de euros, Amancio Ortega parece más interesado en fondear lejos del ruido, en la discreta calma de Galicia. Y no en cualquier lugar. El empresario más reservado de España ha encontrado su refugio estival en la Ría de Aldán, un rincón que rara vez figura en portadas, pero que reúne todos los ingredientes que definen su estilo de vida: privacidad, autenticidad y mar en estado puro.
Ubicada en la península del Morrazo (Pontevedra), la Ría de Aldán es una de las más pequeñas de las Rías Baixas —ese conjunto de entradas marinas que esculpen la costa suroeste gallega con un equilibrio perfecto entre lo salvaje y lo sereno—. Desde Muros hasta el Miño, estas rías combinan playas de arena blanca, pinares, aldeas marineras y aguas ricas en marisco que han nutrido la identidad de la región durante siglos. La de Aldán, en particular, se distingue por su silueta estrecha y recogida, que la resguarda de los vientos atlánticos y del turismo masivo. Sus aguas cristalinas bordean arenales como Menduíña, Areabrava o San Cibrán, mientras los bosques costeros parecen fundirse con el mar.
El Valoria
Es en este enclave donde, cada verano, se avista el «Valoria B», el yate de 47 metros que el padre de Marta Ortega —actual presidenta de Inditex— traslada desde el puerto deportivo de Sangenjo hasta la playa de Arneles en cuanto la meteorología lo permite.
El nombre del barco no es casual: «Valoria» es un homenaje a su madre, Josefa Gaona Hernández, nacida en Valoria la Buena (Valladolid). El modelo actual, adquirido en 2018 por unos 30 millones de euros, fue fabricado por el prestigioso astillero holandés Feadship y cuenta con tres cubiertas, cinco camarotes dobles y capacidad para diez personas. Pero el lujo que Ortega persigue no se mide en metros de eslora, sino en sosiego. Desde el yate, suele encargar la comida al restaurante Doade, en O Hío, donde el marisco se sirve sin artificios.
La playa de Castiñeiras
Aldán ofrece algo más que fondeo seguro sobre fondo arenoso: ofrece identidad. Las bateas de mejillones salpican la ría como islas artesanales, recordando que aquí el mar es cultura y oficio. La Ruta de los Molinos del río Orxás atraviesa bosques frescos y termina junto a la alameda del pueblo, mientras el Monte do Facho ofrece vistas sobrecogedoras al atardecer. Las playas se suceden como perlas escondidas: Couso, de acceso difícil y sombra temprana; Castiñeiras, con sus aguas turquesa y un chiringuito discreto; o Pinténs, ideal para quienes acampan en plena naturaleza.
Para alguien como Ortega —nacido en Busdongo en 1936 pero criado y hecho a sí mismo en La Coruña— el vínculo con Galicia no es sentimental, es existencial. Comenzó como recadero en una camisería, abrió su primera tienda Zara en una calle coruñesa en 1975, y desde entonces su vida empresarial no ha hecho más que crecer. Pero, pese al éxito internacional, nunca ha cortado el hilo que lo une a su tierra.
A través de su fundación ha financiado hospitales, residencias y programas sociales por toda Galicia, con la misma discreción con la que navega cada verano. No elige Ibiza, Formentera ni Marbella. No necesita cámaras ni escaparates.