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Alvaro de Figueroa en silla de ruedas durante el entierro de la Condesa de Romanones Aline Griffith en MadridGTRES

El título de condesa de Romanones ya ha sido solicitado tras la muerte de Álvaro Figueroa

Fruto de su matrimonio con Lucila Domecq nacieron sus cinco descendientes: Cristina, Álvaro, Carla, Alonso y Lucila

La aristocracia española vive un relevo histórico: por primera vez, el título de condesa de Romanones recaerá en una mujer. Y no en una figura mediática o socialité al uso, sino en una catedrática universitaria con una sólida carrera académica, investigadora internacional y madre viuda: Cristina Figueroa Domecq, profesora del Departamento de Economía de la Empresa en la Universidad Rey Juan Carlos y nieta de la legendaria espía estadounidense Aline Griffith.

Doctora en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid y becaria Marie Curie en la Universidad de Surrey (Reino Unido), Figueroa ha desarrollado una trayectoria profesional marcada por la investigación, la docencia y el impulso del turismo sostenible. Ha sido profesora en la Universidad Europea, coordina actualmente un programa interuniversitario de doctorado, y en 2024 fue seleccionada entre las 150 personalidades más influyentes del sector turístico español, según el ranking de Sergestur.

El pasado 16 de julio, el Boletín Oficial del Estado publicó su solicitud formal para heredar el condado de Romanones, tras el fallecimiento de su padre, Álvaro de Figueroa, cuarto titular del título, en marzo a los 76 años. Aquejado durante años por las secuelas de un ictus, su figura representó la última línea masculina en una sucesión hasta ahora exclusivamente patriarcal. Con su muerte, se abre paso una nueva etapa y una heredera directa.

Creado en 1893 por la regente María Cristina, el condado fue concedido a Álvaro de Figueroa y Torres, figura clave de la política liberal de la Restauración: presidente del Consejo de Ministros, alcalde de Madrid y más tarde grande de España. Desde entonces, el título ha estado íntimamente ligado a la historia política, institucional y aristocrática del país.

Lulu Figueroa, en una exposición de Gianni Versace en MadridGTRES

Sin embargo, si hay un nombre que popularizó el condado y lo convirtió en sinónimo de glamour e intriga fue el de Aline Griffith, condesa consorte y abuela materna de Cristina. Neoyorquina de nacimiento y modelo en sus inicios, fue reclutada por la OSS —el servicio de inteligencia estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial— y destinada a Madrid como agente encubierta. Allí no solo cumplió con su misión secreta, sino que se integró sin esfuerzo en la alta sociedad europea. Amiga de reinas, anfitriona de artistas y autora de varios libros de memorias, narró su doble vida con estilo literario y sentido del espectáculo. Su legado sigue vivo a través de la Fundación Condesa de Romanones, en la que Cristina colabora activamente, dedicada a preservar su figura y promover actividades culturales.

Aline GriffithUSR

El apellido Figueroa siempre ha estado ligado al poder, la nobleza y cierta visibilidad mediática. Cristina es hermana de la artista y aristócrata Lulú Figueroa, y sobrina de Sandra Domecq, madre de Eugenia Osborne y primera esposa de Bertín Osborne, quien —curiosamente— también ostenta un título nobiliario: conde de Donadío de Casasola, heredado tras la muerte de su padre, Enrique Ortiz López-Valdemoro. A pesar de este entorno familiar con proyección pública, Cristina ha cultivado un perfil deliberadamente discreto y centrado en su trayectoria académica. Resulta casi imposible encontrar una imagen suya más allá del entorno universitario; su presencia digital más reconocible es su perfil en LinkedIn. Su vida se ha desarrollado entre aulas, congresos y publicaciones científicas, lejos del escaparate aristocrático que ha acompañado a otros miembros de su familia.

Tampoco ha estado ajena a las dificultades personales. En 2019, quedó viuda repentinamente a los 42 años tras el fallecimiento de su marido, José Díaz-Guardamino Müller, en un accidente de moto en pleno centro de Madrid. Controlador aéreo en la torre de Barajas, José era una persona muy querida entre sus compañeros. Apasionado del rock español y del deporte, tenía incluso una banda —Botas Sucias, en honor a Barón Rojo—, y solía tocar la guitarra junto a su cuñado, Adrián Saavedra. Juntos tuvieron dos hijos, Crista y Guido, a quienes Cristina ha criado en solitario, compaginando maternidad, carrera universitaria y vida privada.

Hoy, ser condesa en España no implica privilegios legales ni influencia institucional. El título no otorga renta ni poder, pero sí representa el peso —y el precio— de un linaje. Porque, además del simbolismo, la sucesión incluye gastos notariales, trámites administrativos, publicaciones en el BOE y tasas oficiales, que pueden superar fácilmente los 1.000 euros. Heredar un pedazo de historia también tiene su factura.