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Sandro Castro, nieto de Fidel Castro, junto a unos amigosRedes sociales

Sandro Castro, el nieto de Fidel, en un cochazo a ritmo de reguetón: «Es el retrato más claro de la hipocresía revolucionaria»

A sus 33 años, se presenta en Instagram como Vampirach y protagoniza excéntricos vídeos, desatando la ira de los cubanos que sufren la miseria

Una lata verde de cerveza Cristal como una prolongación más de su mano. Un baile de TikTok frente a un deportivo a ritmo de Bad Bunny. El último iphone en su bolsillo y unas deportivas de marca americana. Mientras Cuba se hunde la misera, en una profunda crisis, con escasez de alimentos y medicinas, además de apagones y falta de combustible, Sandro Castro se entrega a los placeres de la vida. El nieto de Fidel Castro, de 33 años, airea su excéntrica vida en redes sociales, ajeno a la situación del resto de sus compatriotas.

En Instagram, donde cuenta con más de 120.000 seguidores, se presenta como el vampiro Vampirach. También aparece maquillado de gatito, luciendo camisetas de la Selección de Portugal o con el mensaje «Fuerza, América Latina», escrita con rotulador en su abdomen, con una bandera de México y otra de Puerto Rico.

Para su cumpleaños, el pasado mes de julio, organizó una fiesta en la que se vistió con una casulla negra de plástico y una cruz negra. Se ató al tronco de un árbol, mientras sus amigos le rociaban con gasolina para quemarlo. Protagoniza sketchs con mujeres explosivas y tatuadas, sin que nadie entienda muy bien qué quiere transmitir.

Sandro es el hijo del matrimonio entre Rebecca Arteaga y Alexis Castro Soto del Valle, ingeniero en telecomunicaciones, y uno de los cinco hijos de Fidel con su mujer Dalia Soto del Valle.

Sandro Castrosandro_castrox

«Sandro Castro es el retrato más claro de la hipocresía revolucionaria: un joven sin méritos visibles que exhibe sin pudor una vida de lujos, fiestas privadas y autos de alta gama, mientras el pueblo cubano sufre apagones, escasez de alimentos y censura. Este vástago de la élite se posiciona como influencer postrevolucionario, protegido por un aparato que criminaliza la disidencia, pero que apenas se inmuta ante su estilo de vida», declara Eugenia Gutiérrez, activista cubano española en conversación con El Debate.

Tras largas décadas de hermetismo sobre la vida de la familia Castro, la sobreexposición de Sandro en redes representa una puerta de acceso a cómo han vivido en la intimidad, lejos de los focos. Sandro creció en Punto Cero, en un complejo de propiedades ubicado en la zona de Playa, en La Habana.

En 2021, en plena pandemia, Sandro saltó a la luz en un video filtrado que lo muestra manejando un lujoso Mercedes-Benz. «Nosotros somos sencillos, pero de vez en cuando hay que sacar estos juguetitos que tenemos en casa», dice en el video viralizado rápidamente, que indignó a la población.

El bar EFE, propiedad de Sandro Castro, en La HabanaAFP

A finales de 2024 volvió a sacudir las redes al conocerse la celebración de su cumpleaños en el bar EFE, un negocio de su propiedad ubicado en una de las avenidas más concurridas de La Habana, cuando el país entero se recuperaba de un apagón masivo ocurrido un día antes de la fiesta.

«Su comportamiento no tendría ninguna relevancia si no llevara el apellido Castro. Pero, siendo quien es, expone con crudeza el fracaso moral y político de una revolución que durante décadas ocultó los privilegios de la familia gobernante mientras predicaba la austeridad. Hoy, esos mismos privilegios los muestra, sin pudor, tanto en Cuba como en Estados Unidos, el país que supuestamente era el gran enemigo de la patria. Esta contradicción no solo es una burla para el pueblo cubano, sino también una prueba de que el poder nunca fue del pueblo, sino de una dinastía que ha utilizado el lenguaje de la justicia social para enriquecerse y mantenerse en el poder», añade Eugenia Gutiérrez.