Andrés Iniesta, con su mujer
Andrés Iniesta recuerda el sufrimiento de su familia en sus primeros días en Barcelona
Detrás del mito del gol de Sudáfrica se esconde un niño que lloró en silencio en su primera noche en La Masía
A Andrés Iniesta lo hemos visto llorar de alegría con la camiseta de España, levantar la Copa del Mundo en Johannesburgo y hacer historia con el Barça. Pero pocas veces el futbolista se ha mostrado tan vulnerable como cuando recuerda sus primeros pasos en el fútbol y los secretos de su vida sentimental. Tras años de silencio, el hombre que conquistó al planeta con un gol en el minuto 116 abre el corazón en el programa Mis raíces y revela cómo fueron aquellas noches en La Masía y cómo terminó conquistando, casi a la desesperada, a la mujer de su vida, Anna Ortiz.
Para muchos jóvenes, entrar en La Masía —la residencia del FC Barcelona donde se forman las futuras estrellas del club— es un privilegio. Allí han dormido talentos como Messi, Xavi, Puyol o Cesc Fàbregas. Pero para un niño de Fuentealbilla, tímido y pegado a su familia, fue poco menos que un tormento.
Tenía apenas 12 años cuando su padre, José Antonio, lo convenció de dejar Albacete para mudarse a Barcelona. La primera noche fue «terrorífica». Andrés, solo en su habitación, lloraba sin consuelo mientras sus padres y su abuelo intentaban dormir en un hotel cercano. El padre, incapaz de resistir el dolor, estuvo a punto de ir a por él para llevárselo de vuelta: «Me ahogaba, daba vueltas en la cama, no podía soportarlo», recuerda. Fue su madre quien, entre lágrimas, frenó aquel impulso con una frase demoledora: «Eres el más egoísta que he conocido. Después de convencerle todo el verano, ¿ahora lo vas a devolver?». Durante semanas, las llamadas telefónicas eran imposibles. «Era escuchar la voz de mi madre y no poder articular palabra», confiesa Iniesta. Así comenzó la carrera de un niño que, con el tiempo, se convertiría en leyenda.
Anna Ortiz, el gran amor
Si el fútbol le enseñó a sufrir, el amor lo convirtió en un romántico perseverante. En 2007, una noche de San Juan, conoció a Anna Ortiz en una discoteca de Barcelona. Ella trabajaba en la barra, sin ningún interés por el fútbol, y además tenía pareja. Pero Iniesta no dudó: fue un flechazo instantáneo. Lo suyo no fue fácil. Mensajes, encuentros casuales, regalos… y paciencia. Mucha paciencia. Hasta que un día, cansado de la indefinición, Iniesta envió un correo que ahora él mismo describe como «el mail de ultimátum»: «Si no había interés, no íbamos a estar perdiendo el tiempo toda la vida». Un gesto desesperado… pero efectivo.
La chispa definitiva surgió tras un viaje de Andrés a Japón. Regresó con un avión en miniatura y una carta escrita de su puño y letra. Condujo hasta Mataró, donde Anna estaba, y se encontraron en una gasolinera tras horas de tráfico. Ella abrió la carta, leyó aquellas palabras y, sin dudar, confesó a su hermana: «Me he enamorado».
Han pasado 17 años desde aquel encuentro, y hoy Iniesta y Anna forman una de las familias más numerosas del panorama futbolístico: tienen cinco hijos. Lo más curioso es que, antes de conocer al futbolista, ella repetía a sus amigas que sería la última del grupo en ser madre. El destino quiso lo contrario: fue la primera en quedarse embarazada, a los 24 años, y ahora no descarta ampliar la familia.