El presidente ejecutivo de Hijos de Rivera, Ignacio Rivera, en un campo de lúpulo
Quién es quién en la familia detrás del éxito de Estrella Galicia
Ignacio Rivera es el bisnieto del fundador y actual presidente ejecutivo de una cerveza regional que se convirtió en una marca global
Hay familias que heredan relojes o casas. Los Rivera heredaron una fábrica… y una forma de trabajar. Más de un siglo después, esa manera de entender la autenticidad los ha llevado a un salto inesperado: Hijos de Rivera acaba de adquirir Vánagandr, la destilería gallega cuya ginebra fue elegida Mejor del Mundo en 2024. No se quedan solo la marca, sino su alma: el maestro destilador y el método artesanal. No compran volumen, compran excelencia.
Para entender este paso hay que viajar al origen. La historia comienza en 1906 con José María Rivera Corral, el fundador, que tras regresar de México abrió en La Coruña una pequeña fábrica de cerveza y hielo. Él puso la semilla: crear antes que copiar. Después tomó el relevo su hijo, Ramón Rivera Illade, encargado de una misión menos vistosa pero crucial: mantener la empresa viva durante los años de la Guerra Civil y la posguerra, cuando resistir ya era crecer.
Más tarde llegó la tercera generación, representada por José María Rivera Trincado, quien modernizó la compañía: profesionalización, ampliación técnica y la base para dar el salto más allá de Galicia. Y finalmente la cuarta generación -la actual-, encabezada por Ignacio Rivera, bisnieto del fundador y actual presidente ejecutivo, que convirtió una cerveza regional en una marca global sin venderla a ningún gigante extranjero. Tras la muerte de su hermano mayor en un accidente de moto, asumió la presidencia como un deber familiar, no como un premio. De ahí su famosa frase: «No quiero la más vendida, sino la más querida».
La nueva propuesta de Hijos de Rivera que llega para revolucionar el aperitivo
La estrategia funcionó. Sin fusiones, sin renunciar al origen, la marca pasó de «la cerveza de casa» a ser la segunda más consumida en España. Hoy está presente en 76 países, opera con 9 filiales internacionales y produjo 520 millones de litros en 2023. Y ya empieza a aparecer la quinta generación, preparada para llevar el legado aún más lejos.
Lo que distingue a este grupo no es solo cómo fabrica, sino cómo se cuela en la vida real. No se hizo viral con anuncios, sino infiltrándose en la cultura. En La Casa de Papel no apareció como simple «bottle placement»: fue parte de la trama. En una escena icónica, los atracadores huyen escondidos dentro de un furgón cervecero, como si la marca fuera su pasaporte secreto. Ese guiño fue tan potente que después lanzaron una edición oficial de la serie, con la máscara de Dalí y estética del atraco. Se distribuyeron 85 millones de botellas en 60 países.
Las hermanas Kendall y Kylie Jenner brindando con Estrella Galicia
Algo parecido ocurrió en el deporte, aunque con otro matiz: la lealtad. Antes de su primer Mundial, Marc Márquez ya llevaba Estrella Galicia 0,0 en el mono. Y cuando llegaron las lesiones, la compañía no desapareció.
Y no solo en el circuito. La marca ha aparecido espontáneamente en manos de Chiara Ferragni en Granada, en vídeos de Kylie y Kendall Jenner en Mallorca, y en directos virales de Ceciarmy. Ese prestigio simbólico se traduce también en impacto real: Hijos de Rivera ya aporta alrededor del 1% del PIB gallego, además de miles de empleos directos e indirectos. Pero no es solo economía: también han convertido la marca en una experiencia cultural. En La Coruña tienen su propio museo dentro de la fábrica. No es una visita de escaparate: es inmersiva. Se puede entrar al corazón de la producción, aprender a tirar una caña «a la perfección» y terminar con una cata guiada. El pase completo cuesta unos 27 euros, incluye degustación y puede hacerse con maridaje de quesos gallegos, además del tour por las instalaciones. No solo ves la marca: la pruebas, la escuchas y la entiendes desde dentro.